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Los trabajadores del metro temen los efectos del amianto

Dudan que no haya desprendimiento de fibras y exigen más medidas de protección a TMB

Tren de la Línea 3 del Metro de Barcelona, una de las líneas en las cuales se detectó amianto.
Tren de la Línea 3 del Metro de Barcelona, una de las líneas en las cuales se detectó amianto.

El pasado 16 de octubre, Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) dio a conocer la presencia de amianto en la pintura de los bajos de uno de sus convoyes. El mineral, según la OMS, es responsable de la muerte de más de 100.000 personas cada año. Tras casi dos meses de revisión en el resto de trenes, sabemos que 94 de los 210 coches revisados por TMB tienen asbesto. Este se detectó, principalmente, en la pintura bituminosa anti ruido que reviste las cajas metálicas del tren y en el bajo bastidor, la parte de abajo del vagón de metro. Los coches afectados pertenecen a las series 2000, 3000 y 4000, los cuales empezaron a funcionar en las décadas de los 80 y 90. La empresa asegura que no desprende fibras, pero hay dudas entre los trabajadores.

"Un tren cuando está circulando está rozando con la pintura y, si roza, hay desgaste, y si hay desgaste, hay desprendimiento de fibras” afirma Jordi Gómez, secretario general de UGT Metro Barcelona. “El rozamiento está ahí, nosotros los trabajadores lo vemos en las piezas por debajo del tren. Estamos cansados de observar elementos que se desgastan; mangueras de aire o cables eléctricos que hacen fricción con la pintura. Seguramente es poco, pero sabemos que una fibra es suficiente para que alguien se enferme”, insiste este representante sindical. La ilegalización del uso de amianto se dio en el año 2000, y la de su comercialización en el 2001, debido a su efecto cancerígeno.

Es por esta razón que los empleados del metro de Barcelona insisten en que se tomen algunas medidas respecto al asbesto presente en el subterráneo que aún no se han aplicado. Un ejemplo de ello es la solicitud que hicieron "desde septiembre" respecto al lavado de la ropa que usan en el trabajo: "se pidió que fuera una empresa la que se encargara para que no la lleváramos a casa a limpiar". Esto debido a que el segundo círculo de personas afectadas por el mineral es el círculo familiar, concretamente los encargados de lavar la ropa en casa.

Josep Tarrés, portavoz del observatorio para las enfermedades del amianto en el Vallés Occidental, lo confirma: "Si el trabajador va a su casa lleno de polvo hasta los zapatos, quienes le limpian el traje se contaminan". Ya aseguró anteriormente que "de los 194 mesoteliomas que teníamos en diciembre de 2015, el 43% no eran laborales". "Yo creo que la empresa no ha abordado realmente el problema con la gravedad que tiene", considera Gómez. Gómez trabaja en Material Móvil desde 2007 y es uno de los 185 empleados en activo del registro de empleados que han trabajado con amianto. Actualmente, espera los resultados del TAC que TMB se ofreció a hacer a los 543 trabajadores de los departamentos de Material Móvil, Señales y Comunicaciones, Tramvia Blau y Mantenimiento de Estaciones.

"Es un cancerígeno de primer nivel, de los más grandes que hay –explica Tarrés, que lleva más de una década estudiando las consecuencias de este mineral en las personas–". Luego de que se detecta el mesotelioma, el paciente tiene un tiempo de supervivencia medio de 11 meses. "Es muy agresivo –lamenta–, no responde a tratamientos, cirugía, radioterapia o quimio, solo funciona paliativamente". Además de esto, el amianto produce fibrosis pulmonar, que causa dificultades para respirar y genera una sensación de ahogo en quien lo padece.

Enric Cañas, consejero delegado de TMB, llama a la calma y asegura que todo el trabajo de la empresa se hace "siguiendo las máximas garantías". Cañas señala la gran inversión de la compañía en la lucha contra el amianto en el subterráneo: 555 millones de euros para renovar 42 trenes de las series 3000 y 4000, las más antiguas, y 2 millones más para la detección y eliminación del mineral. Sin embargo, admite que "hasta que no esté listo el inventario del amianto en la red de metro, no seremos capaces de poner una fecha" para la finalización del desamiantado.

Mientras, los empleados de TMB se mantienen en la incertidumbre, pues los efectos del amianto pueden tardar mucho en aparecer. El periodo de latencia entre la inhalación del asbesto y la aparición del cáncer es, en promedio, 40 años. "La bola de nieve se va haciendo más grande con el tiempo –advierte Gómez–, vamos a ver cómo termina todo esto".

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