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Terrassa asume la gestión del agua

El servicio ha estado gestionado 77 años por Mina, participada por Agbar

Sede, hasta ahora, de Mina de Terrassa.
Sede, hasta ahora, de Mina de Terrassa.

Cuando los vecinos de Terrassa abran el grifo hoy lunes, seguramente no notarán ningún cambio. Pero en el fondo, lo hay: la gestión del agua es responsabilidad del Ayuntamiento. La empresa pública Taigua asume el control del servicio, después de 77 años en manos de Mina de Terrassa, participada en un 37% por el grupo Agbar, . El Ayuntamiento, el mayor de Cataluña que asume la gestión pública del suministro del agua, asegura que quiere hacer un traspaso ordenado y tranquilo, de manera que no se note en el recibo.

El Gobierno municipal del PSC hace varios años que buscaba quedarse con el servicio aprovechando que el 9 de diciembre de 2016 finalizaba la concesión, que gestionaba Mina desde hacía 75 años. Pero la complejidad del cambio y los recursos interpuestos por la empresa lo han demorado dos años. De hecho, todavía siguen vivos en los juzgados media decena de contenciosos contra el Ayuntamiento pendientes de ser resueltos. “El camino no ha sido fácil, ni tampoco nos lo han puesto fácil”, admite Marc Armengol, teniente de alcalde de Territorio y Sostenibilidad.

Pero el cambio de gestión —aprobado con el apoyo de comunes, ERC y la CUP— no supone el fin de relaciones entre el Ayuntamiento y Mina, muy tocada estos últimos años a raíz de este proceso. La empresa pública le contratará diferentes servicios, como los análisis de laboratorio, el mantenimiento informático o la lectura de contadores, entre otros, durante un periodo que irá entre los dos y los cinco años, dependiendo del contrato. Igualmente, Taigua pagará un alquiler a Mina para poder instalarse en sus oficinas. La sociedad municipal, que gestionará un presupuesto de unos 16 millones de euros, subrogará a 117 trabajadores de Mina que hasta ahora se encargaban del servicio. “No lo puedes cambiar todo de un día para otro, se necesita un tiempo para hacer el traspaso”, justifica Armengol.

El Ayuntamiento insiste en que la municipalización del agua no supondrá un aumento del recibo y lo justifica en que hasta ahora Mina lograba unos beneficios de entre uno y dos millones anuales. “Esto no significa que en el futuro las tarifas puedan subir o bajar, aunque esto último no tiene sentido, porque tenemos unos precios por debajo de la media catalana, así que tiene más sentido destinar los beneficios a la mejora del servicio”, apunta Armengol.

Uno de los retos, añade, podría ser la mejora del sabor del agua. “Podríamos cambiar el tratamiento, hacerlo más de ósmosis, para que tenga mejor sabor a cambio de un pequeño incremento del recibo”, plantea el teniente de alcalde, consciente de que el tamaño de Terrassa puede convertirla en un modelo a seguir en la gestión pública de un suministro básico como es el del agua.

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