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El escaso margen para ganar recursos complica las cuentas de la Generalitat

Economia no presentará su proyecto de Presupuestos hasta finales de diciembre, lo que forzará otra prórroga

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, junto al vicepresidente Pere Aragonès.
El presidente de la Generalitat, Quim Torra, junto al vicepresidente Pere Aragonès.

Pere Aragonés, el vicepresidente económico de la Generalitat, está topando con problemas para cuadrar un proyecto de Presupuestos con el que convencer a la oposición y no tener que gobernar todo el ejercicio de 2019 con unas cuentas prorrogadas, como sucede ahora. El limitado margen para obtener nuevos recursos que no estén ya comprometidos generan la sensación entre algunos de sus compañeros de gabinete y miembros de la oposición que los Presupuestos serán continuistas y que las concesiones en materia de gasto estarán muy limitadas, obstáculo para un posible acuerdo. Economía quiere cumplir los objetivos de gasto, déficit y deuda para poder salir a los mercados y ganar autonomía de endeudamiento a partir de 2020.

Aragonès gana tiempo a la espera que desde el Ejecutivo central llegue un gesto que le permita aumentar al conjunto de las comunidades autónomas el margen de déficit y, sobre todo, la regla del gasto. El punto más próximo es que el objetivo de déficit se relaje del actual 0,1% previsto ahora para 2019 a un 0,3%, lo que supondría una mejora de casi 500 millones de euros. Pero ese dinero no podría destinarse a gasto corriente si en paralelo no se mejora la regla del gasto, fijada para el 2,7% el próximo año y más complicada de mutar. Esa es ahora la mayor restricción de Aragonés y la que ha trasladado a compañeros de Ejecutivo y sus interlocutores en el Parlament. Hace dos semanas volvió a verse con el conjunto de los consejeros para remarcarles ese marco presupuestario. Con la oposición no ha habido reuniones desde septiembre.

Si no llegan nuevos recursos del Estado, la Generalitat tendría que subir o crear impuestos para ganar margen de gasto corriente

Si Hacienda no ofrece un nuevo margen, la mejora de los ingresos por la mejora de la marcha económica apenas se podrá trasladar a la partida del gasto y se destinaría a enjugar deuda. Tal y como está actualmente el campo de juego, la autonomía de Economía depende de que sea capaz de mejorar sus propios ingresos: nuevos impuestos o mayor presión fiscal a través de los ya existentes. O si llegan más recursos del Estado de los que disponer con libertad. No es el caso de los 150 millones que llegarán para los Mossos d'Esquadra o los 200 millones de la disposición adicional tercera del Estatut para infraestructuras.

La Generalitat dio el miércoles una señal de las estrecheces con las que trabaja cuando llevó a la Mesa de la Función Pública una propuesta de pago en ocho años de las dos pagas extras pendientes suspendidas en 2013 y 2014. El intento desesperado de prorratear ese pago soliviantó a los sindicatos, que se levantaron de la mesa y llamaron a la movilización.

Los nuevos recursos para 2019 conseguidos por efecto de la mejora de la economía y de la recaudación de impuestos están comprometidos básicamente por los gastos vinculados a las incorporaciones de nuevos maestros al cuerpo docente y al incremento del gasto de la renta garantizada de ciudadanía.

La previsión: 1.600 millones más de gasto

El secretario general de Economía, Albert Castellanos, dijo ayer a Efe que prevén disponer en 2019 de 2.700 millones de euros más en ingresos. Sin embargo, el objetivo de déficit y las limitaciones de la regla de gasto harán que solo puedan disponer de 1.600 millones más. Castellanos dijo que, aunque casi todo está ya comprometido, harán “ciertos gestos” en Formación Profesional, con los funcionarios, las tasas universitarias y la educación de 0 a 3 años.

De momento, el Departamento de Economía no prevé llevar los Presupuestos al Parlament hasta finales de diciembre --estaban previstos para este mes--, lo que obligará al menos a abrir el próximo ejercicio con unas cuentas prorrogadas, teniendo en cuenta que la Generalitat ya funciona actualmente con los Presupuestos de 2017.

El otro problema del Govern es la dependencia de votos de la oposición para sacar adelante sus cuentas y sobre todo después de que haya subrayado que no apoyará los Presupuestos del PSOE, después de las calificaciones de penas de los políticos juzgados en el proceso judicial del 1-O. Requiere al menos de los votos a favor de los diputados de Catalunya en Comú y la abstención de los del grupo socialista. Esa situación puede provocar que su aprobación quede sujeta a un rocambolesco juego de gestos y a un intercambio de favores presupuestarios en el que entrarían en juego, después de descartarse los Presupuestos Generales, las cuentas del Ayuntamiento de Barcelona (gobernado por los comunes) y los de la Generalitat (por el bloque independentista). 

Desconfianza en Junts per Catalunya tras enterarse con un plazo de solo un día que no tendrían más margen de gasto este 2018

Pero el Ejecutivo también tiene que sortear también la desconfianza interna en su Gobierno por parte de los consejeros de Junts per Catalunya, generada después de que en octubre Economía (en manos de ERC) ordenara el fin de gasto para este ejercicio para controlar el déficit. Fuentes consultadas explican que esos consejeros no supieron hasta un día antes que el grifo para apuntar nuevas partidas se cerraría y les ha obligado, en algunos casos, a recomponer sus agendas y suspender actos que tenían previstos porque no contarán con los recursos que esperaban tener.

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