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El hermano Pedro convertido en lobo

El exreligioso estuvo durante años acosando a niños del Colegio Maravillas y sacando fotos de los cuerpos de los menores

Un niño en una iglesia.
Un niño en una iglesia. Getty Images

“Culpa, ira, odio y confusión”. Con estas cuatro palabras describe una madre lo que siente por el hombre que abusó de su hijo mientras asistía a un campamento de verano en Madrid. Pedro Ramos Lominchar, de 42 años, era, desde 1997, miembro de la congregación Hermanos de las Escuelas Cristianas de La Salle cuando la policía descubrió que no era la primera vez que utilizaba niños para satisfacer sus deseos sexuales y que además fotografiaba a los chicos que habían pasado por sus manos.

El 5 de noviembre, el que fuera docente y coordinador pedagógico de Educación Primaria del Colegio Maravillas de Madrid cuando fue detenido en 2016, acusado de varios delitos sexuales, la mayoría de ellos a menores de edad, se sentará en el banquillo de los acusados de la Audiencia Provincial. Tendrá que responder ante las acusaciones del representante fiscal y de los familiares de las víctimas o declararse culpable y llegar a un acuerdo penal y económico.

“Lamentablemente son muchos los procesos que no llegan a la vista oral. Tal vez pensando que si no se cuenta es que no ha ocurrido”, indica Carmela del Moral Blanco, analista jurídica de la ONG Save the Children.

“No hay nada que repare el dolor que sientes cuando descubres que han destrozado a tu hijo”, añade la madre de una de sus víctimas. El representante público pide un total de 155 años de prisión por 14 delitos de abusos sexuales a menores y otros cuatro a mayores, diez de elaboración de pornografía infantil y ocho de descubrimiento de secretos. Toda esta colección de delitos los cometió entre el verano de 2013 y el de 2016 en dependencias del centro escolar de Madrid y en el transcurso de actividades organizadas por el colegio Maravillas en varios puntos de España e India. Poco antes de su ingreso en prisión, el acusado había comunicado a las familias de los escolares que se trasladaba a Chicago durante un año para propagar los valores de La Salle en Estados Unidos.

Una larga lista de delitos

La lista de los delitos cometidos en tres años resulta escalofriante. En julio de 2013, en Collado Villaba manipuló el pene de un niño mientras dormía y le fotografió. En un albergue del Monte del Gozo de Santiago de Compostela sacó varias fotos de un chico mayor acostado. Un año más tarde y durante su estancia en una finca de su congregación en Valdemorillo, aprovechó que compartía habitación con un mayor de edad y le estuvo manoseando el pene durante 15 minutos y más tarde empleó el móvil para dejar constancia fotográfica. En 2015, en un viaje Liria (Valencia) sus objetivos fueron dos niños de 10 y 11 años a los que agredió empleando los mismos métodos que a los anteriores. En Güejar (Granada) se centró en tres muchachos de 12 y 13 años. En el verano de ese año fue de voluntario a Bathlandudu (India) y se dedicó a sacar imágenes de un adulto mientras se duchaba y cambiaba de ropa. En el campamento de Collado Mediano, centró su objetivo en un niño de 10 años al que en Monachil (Granada) un año más tarde volvió a acosar.

La actividad delictiva de Lominchar se detectó en julio de 2016. La enfermera y monitores del campamento de verano, en Collado Mediano (Madrid), descubrieron al religioso en una tienda de campaña donde pernoctaban varios menores manipulando los genitales de uno de ellos.

“Siento que he descuidado a mi hijo y por tanto el sentimiento de culpabilidad es muy difícil de quitártelo”, apostilla la madre de uno de los niños. “Es terrorífico para una madre no haber podido proteger a su hijo. Es un dolor inmenso que un depredador sexual sea capaz de robarle la infancia”, explica desolada. “Solo quiero que a esta persona se le juzgue y le sea impuesta una sentencia porque es la única manera de que se les vea como delincuentes, que lo son. No se les puede proteger”.

El 70% de los casos de abusos sexuales a menores no llegan a juicio, según explica Carmela del Moral Blanco, “por un lado por la falta de pruebas, porque es difícil demostrar el hecho cuando son menores los agredidos, y por otro porque se llegan a acuerdos económicos extrajudiciales para evitar la repercusión social de estos temas. Además, los procesos suelen ser muy largos”. Y explica: “Revisamos 200 sentencias y la conclusión es que los abusos que sufren los niños se extienden una media de cuatro años, lo que evidencia que hay fallos en el sistema de prevención, detección y protección de las víctimas”.

Lominchar estuvo en el Colegio Maravillas durante casi una década, tiempo en el que fue bien conocido por la comunidad escolar. Algunos profesores habían manifestado a los responsables del centro su preocupación por su comportamiento con los niños en los patios “siempre había uno sentado en sus rodillas”, manifiesta una exprofesora del centro. “Tratábamos de estar lo más lejos de él porque habíamos oído cosas de que tocaba a los niños”, indica un exalumno.

En 2011, un profesor acusó a Lominchar de "canalla" por su comportamiento con los escolares. Fue expulsado de manera fulminante del colegio y su despido fue tachado de "improcedente" en los tribunales. El fraile Lominchar era conocido entre los escolares como “hermano Givenchy” porque presentaba signos externos alejados del voto de pobreza. “Siempre iba con ropa y complementos de firmas que no se correspondían con un religioso”, indican.

Actuaba con total impunidad para “satisfacer sus deseos sexuales y elaborar pornografía infantil con teléfonos móviles y aparatos de sonido e imagen”, según el fiscal. A los niños les daba melatonina para potenciar el sueño y poder desarrollar su actividad sin que ellos se dieran cuenta. Un mes después de agredir al pequeño, del que también obtuvo varias imágenes, se fue como voluntario a Keesara (India), una misión de su congregación, donde grabó durante varios días a dos muchachos desnudos mientras se duchaban y vestían. Y en el cuarto de baño de sus dependencias en el colegio Maravillas tenía instalada una cámara oculta con la que realizó grabaciones del pene de un menor.

El número de víctimas entre 2013 y 2016 fueron catorce menores y cuatro adultos. Se desconoce el número total de escolares que desde 2006 hasta 2013 pasaron por sus manos. En su poder se descubrieron cientos de fotografías de cuerpos de niños con sus iniciales.

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