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La contaminación hizo peligroso el deporte en zonas verdes durante 63 días

Ecologistas en Acción denuncia en el Parlamento Europeo la inacción de las administraciones ante el problema del ozono

Un joven monta en bicicleta en la Casa de Campo, en Madrid.
Un joven monta en bicicleta en la Casa de Campo, en Madrid.

La contaminación de la Comunidad de Madrid acarrea una paradoja importante para la salud de las personas: las zonas verdes, supuestamente con una calidad de aire limpia y libre de humos, sufren un pico de ozono troposférico en la época más calurosa del año, consecuencia directa del dióxido de nitrógeno que bulle en la ciudad. La Casa de Campo, El Pardo, Tres Olivos o el parque de Juan Carlos I son zonas amplias, verdes e idílicas para los amantes del medioambiente donde, curiosamente, ese nivel de ozono se ha disparado una media de 63 días. Y las instituciones no avisaron. El problema no es menor. “Según los estudios publicados, hay una mortalidad anual de 500 personas al año en toda España atribuibles al ozono”, dice Julio Díaz, jefe del Departamento de Epidemiología de la Escuela Nacional de Sanidad.

Entre abril y septiembre, cuando las temperaturas son más calurosas, en la Casa de Campo ver personas hacer ejercicio forma parte del paisaje: correr, montar en bici, pasear…Pero según los parámetros establecidos por ley, en estos meses ha habido 63 días en los que durante ocho horas seguidas se ha superado el primer nivel de alerta, llamado de protección de salud, es decir, cuando ha existido una concentración superior a 120 microgramos por metro cúbico. Este umbral, además de en la Casa de Campo, también se ha superado este verano en El Pardo (durante 63 días), en el parque Juan Carlos I (50) y en Tres Olivos (60). Después, existe el llamado umbral de aviso, que es cuando se supera los 180 microgramos por metro cúbico.

"Cuando se supera esta concentración durante una hora, la Administración competente, es decir, tanto el Ayuntamiento como la Comunidad están obligadas por ley a informar de que se están superando estos niveles”, explica Juan García Vicente, miembro de Ecologistas en Acción que este martes presentó en el Parlamento Europeo una queja formal sobre la inacción de las administraciones para atajar el problema y por no informar adecuadamente a sus ciudadanos. Este segundo umbral también se ha superado en El Pardo, en el parque Juan Carlos I y en Tres Olivos. El Ayuntamiento asegura que sí que informa cuando se da este segundo caso, e insiste en que el ciudadano puede informarse sobre el nivel de ozono a través de un enlace, un servicio poco conocido y extendido entre la ciudadanía. Y por último existe el umbral de alerta, que es cuando se superan los 240 microgramos de ozono por metro cúbico, en una hora también. En esos casos, muy difíciles de alcanzar, se debería hacer un llamamiento para frenar del todo actividades determinadas, como parar el tráfico. La organización ecologista lleva años pidiendo a las administraciones sin éxito que informen a los ciudadanos en cualquiera de los tres umbrales, por ejemplo, con la colocación de paneles, como los que se emplean para las incidencias del tráfico.

La dificultad para atajar el problema de una contaminación transfronteriza pone el foco en lo más importante: la salud de las personas que lo sufren. "Al hacer ejercicio en un parque en las horas de sol, la exposición al ozono es más alta que si estás en el centro de la ciudad. El ejercicio físico demanda más oxigeno, lo que conlleva un aumento de la frecuencia respiratoria y, por tanto, al respirar más se inhala más cantidad de ozono con su correspondiente efecto en la salud", explica Julio Díaz, jefe del Departamento de Epidemiología de la Escuela Nacional de Sanidad. “Es muy peligroso. Afecta tanto a nivel respiratorio como a nivel cardiovascular, ya que se cierran arterias y se aumenta la tensión arterial. También puede favorecer a la aparición de ictus e incluso puede provocar problemas reproductivos. Según los estudios publicados hasta el momento, hay una mortalidad anual de 500 personas al año en toda España atribuibles al ozono”, advierte Díaz. Y añade: “Si seguimos con estos niveles que tenemos, con el cambio climático, además, cada vez va a hacer más calor y más situaciones de estancamiento, por tanto, va a ir a peor. El ozono no va a bajar, es un contaminante que no tiene tendencia decreciente actualmente”.

Estudios recientes realizados en toda España por el equipo de Julio Díaz han encontrado la existencia de un valor umbral, que varía de una ciudad a otra, a partir del cual aumenta la mortalidad atribuible al ozono. La existencia de este umbral puede ser clave para la activación de los planes de prevención ante elevadas concentraciones de ozono. "Se actuaría igual que ocurre con las temperaturas en olas de calor. El activar una alerta basándose en impactos en salud propia de cada lugar, y no en la legislación, supondría un salto cualitativo importante en cuanto a las estrategias para minimizar los efectos de la contaminación en la salud"

En Los Ángeles, un símbolo de ciudad con excesivo tráfico, estudiaron en los años 50 que en muchas zonas las personas más expuestas a niveles de 100 microgramos por metro cúbico -el primer umbral de alerta que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS)- podían tener una capacidad respiratoria hasta un 20% menos, ya que al ser un oxidante muy fuerte produce necrosis en el aparato respiratorio, según varios estudios. También afecta a la gente que tiene asma, un dato relevante, ya que el 5% de la población lo sufre. Y para personas sin patologías produce cansancio inexplicable, desgana, picor de ojos y malestar, síntomas que en general se asocian al calor.

“Hay 339.000 muertes prematuras al año en la Europa de los 28 por contaminación. Es una cuestión de salud pública, nos recorta la vida nueve meses”, explica Xavier Querol, científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Querol profundiza en la raíz del problema: “En la atmósfera hay dos tipos de contaminantes, los primarios -provocados por las chimeneas, los tubos de escape, las calderas o el dióxido de nitrógeno-, que afectan alrededor de la zona donde se emiten. Y los secundarios, que son los que se forman en la atmósfera a partir de otros contaminantes”. El ozono es una sustancia cuya molécula está formada por tres átomos de oxígeno (O3) -cuando el oxígeno normal tiene dos (O2)-, lo que significa que contiene una sobredosis. Por tanto, si el oxígeno oxida, el ozono lo hace con mucha más intensidad. “Diferenciamos entre ozono bueno y malo. El bueno está en las altas capas de la atmósfera que sirve de filtro de los rayos ultravioletas, si no existiera ese filtro la vida en la tierra sería imposible. Nos achicharraríamos”, añade García Vicente. El ozono malo, continúa, está en el sobresuelo, en la troposfera, y es un oxidante muy fuerte que actúa sobre todo lo que encuentra. “Las personas, los animales, las cosechas y la vegetación en general, e incluso edificios o los monumentos”.

En la Comunidad de Madrid, los lugares más afectados son precisamente aquellos en los que se disfruta de la plena naturaleza, como El Atazar y Orusco de Tajuña, donde durante 61 días se ha sobrepasado el nivel de ozono troposférico, o en Guadalix, Colmenar Viejo, Aranjuez, en 65 días. “Es curioso, porque en esos sitios el NO2 tiene niveles bajísimos. La contaminación se genera en otros puntos y debido a los vientos, el sol y la situación orográfica se desarrolla ozono malo donde la atmósfera está más limpia y donde no hay inhibidores, no hay tráfico, entonces se genera a tope. Es muy complejo”.

En total, la capital tiene 24 estaciones de medición, cada una con diferentes parámetros. Y la Comunidad cuenta con 23. En las 24 estaciones de Madrid solo se mide el ozono en 14 de ellas. En la Comunidad, en las 23. “La peculiaridad que tiene el ozono es que no es un contaminante que salga del tubo de escape. El sol actúa sobre la superficie de la tierra y, en la época de verano, cuando los rayos son más perpendiculares sobre la superficie, es más peligroso. Es una reacción fotoquímica, de los rayos del sol sobre componentes primarios, principalmente el NO2”.

La OMS estima en 1.800 los fallecimientos prematuros anuales en España producidos por la exposición a niveles de ozono como los registrados en buena parte de España. Según Ecologistas en Acción, se ha incumplido el valor objetivo legal para la protección de la salud establecido para el ozono troposférico, repartidas entre las comunidades autónomas de Andalucía, Aragón, Baleares, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Comunidad Valenciana, Extremadura, Madrid, Murcia, Navarra y País Vasco, con 21,4 millones de habitantes afectados, casi la mitad de la población española.

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