Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El Born reniega de su pasado

El nuevo plan director del centro, nacido en 2013 como icono de la reivindicación nacionalista, se olvida del 1714 y se centra en la memoria histórica

La 'senyera' ondea en el mástil de 17,14 metros junto a la entrada del Born Centre de Cultura i Memòria.
La 'senyera' ondea en el mástil de 17,14 metros junto a la entrada del Born Centre de Cultura i Memòria.

El Born abrió sus puertas en 2013, un año antes de la celebración de los fastos del 1714, convertido en el icono de la reivindicación nacionalista después de invertir casi 90 millones de euros. Pasado el suflé que supuso la celebración de los trescientos años de la derrota catalana a manos de las tropas de Felipe V y el relevo en el consistorio de Xavier Trias por Ada Colau, el centro cultural perdió parte de sus señas de identidad con las que acababa de nacer. Han pasado cuatro años y el Born Centre de Cultura i Memòria (Born CCM) sigue buscando su encaje en el panorama museístico y cultural de la ciudad, además de sus señas de identidad como quedó ayer patente en la presentación del plan director que dieron a conocer su directora Montserrat Iniesta —que tomó posesión en septiembre pero que se presentó también ayer— y Ricard Vinyes, comisionado de Programas de Memoria del Ayuntamiento. En Re-habitar el Born, que así se llama el plan, queda claro que se reniega de sus primeros años de vida ya que no se ha programado ni un solo acto ni actividad relacionada con el 1714. “Esto no es un monumento, es un lugar, un espacio urbano de 8.000 metros cuadrados en el que se pueden encontrar trazas de más de siete siglos de muy diversas Barcelonas, como si fuera un inmenso palimpsesto. El monumento está fuera”, dijo Iniesta en referencia, no tanto al edificio de Fontseré como a la bandera de 17,14 metros de altura que ondea en la puerta del exmercado.

Vinyes insistió en que “la sacralización del Born se produjo en la sociedad, pero no en el centro. El Born no se detiene, es inclusivo y no se consagra a una cronología determinada y cerrada” y subrayó que en el centro “no comienza ni acaba nada, sino que fluye la historia durante siete siglos”.

Vinyes: “El Born es inclusivo y no se consagra a una cronología cerrada”

La exposición fija se renovará “porque cada vez la visita menos gente”

Para hacer más atractiva la visita, Iniesta explicó que se está estudiando la posibilidad de establecer “un recorrido autónomo al yacimiento, sin guía, pues hasta ahora de manera libre sólo se puede hacer una visita perimetral elevada y alejada de los restos arqueológicos”, algo que tendrá que contar con el visto bueno de los responsables de la conservación de los restos, así como del equipo de arqueólogos que siguen excavando cada año. También se estudia renovar la exposición permanente “que cada vez visita menos gente”, una muestra con miles de objetos localizados durante la excavación, que más allá de interpretaciones, ilustra de la vida en la Barcelona del siglo XVIII.

El programa de actividades que se presentó ayer consta, fundamentalmente, de tres exposiciones: la prorrogada de 2017 centrada en Montserrat Roig, la que se verá a partir de julio sobre los efectos del bombardeo de Barcelona en 1938 visto por los niños que la sufrieron y, ya en 2019, una sobre el cartelista republicano Josep Renau, incidiendo las tres en el aspecto de memoria contemporánea que tanto Vinyes como Iniesta destacaron. En 2018 no se han programado ninguna muestra de pequeño formato, de acceso libre y gratuito.

De 1,5 millones de visitantes a apenas 105.000 usuarios

No será fácil convertir el Born en el centro de la memoria de Barcelona, tal y como anunciaron ayer Iniesta y Vinyes. El Born CCM es un yacimiento urbano excepcional, cuenta con una estructura singular que lo cubre y tiene una ubicación privilegiada. Pero pese a que el año pasado lo visitaron 1,5 millones de personas, convirtiéndolo en uno de los centros más visitados de la ciudad, no tiene el respaldo de los barceloneses. En esta cifra millonaria se engloba a todo aquel que entra, incluso al que lo hace para tomar unas bravas en la cafetería. Así que del total de 2017, solo 105.000 participaron en una de las actividades programadas (incluyendo los 79.000 que visitaron el yacimiento y la exposición permanente). Además, según una encuesta del Icub, el 25% de los usuarios, está satisfecho con lo que vio o realizó.