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O'Neill: “No hay nadie a quien quiera fotografiar”

Los retratos del artista ilustran, en la Filmoteca, una generación de leyendas del cine y la música

Faye Dunaway, el día después de ganar el Oscar en 1977 por "Network"
Faye Dunaway, el día después de ganar el Oscar en 1977 por "Network"

Terry O'Neill empezó a fotografiar por casualidad. Su sueño era convertirse en batería de jazz. Para conseguirlo, pensó hacerse auxiliar de vuelo para agilizar sus viajes a Estados Unidos, pero recaló en el servicio fotográfico de la compañía aérea British Airways. Esa primera casualidad le llevó a capturar, por accidente, al secretario de Exteriores británico en el aeropuerto mientras dormía rodeado de un grupo de africanos engalanados con ropas tribales. Era su billete al mundo profesional de la fotografía. La imagen le valió su primer contrato en un periódico (Daily Sketch) y significó el inicio de una carrera como uno de los mayores retratistas de las principales figuras del cine y la música del momento.

Nacido en el este de Londres, O'Neill ha desarrollado su carrera como retratista. El reportero, de 79 años, repasó el pasado jueves desde la Filmoteca de Catalunya alguna de sus innumerables anécdotas en su dilatada carrera en la inauguración de Terry O'Neill. El rostre de les llegendes, una selección de 66 de entre 30.000 de sus retratos que se puede ver hasta el 13 de mayo. La muestra empezó su andadura en 2013 en la Fundación Telefónica de Madrid y aterrizó en marzo en la Filmoteca de la mano de su autor.

Con su pequeña cámara de 35 milímetros, O'Neill retrató el star system de los sesenta y setenta. Inmortalizó a leyendas como Steve Mcqueen, Clint Eastwood o Audrey Hepburn. "Imposible sacarle una mala foto", recuerda, de esta última, con sonrisa de travieso. El fotógrafo de Frank Sinatra durante 30 años es, ciertamente, de otra época en la que el retratista podía pasar hasta dos semanas con el personaje. Lo acompañaba, vivía con él. Era su sombra y eso le permitía congelar momentos irrepetibles.

David Bowie posa para su disco
David Bowie posa para su disco "Diamond Dogs" en 1974.

Su capacidad para ser "invisible", su paciencia y su discreción, además de dotes para las relaciones públicas, son los trucos que O'Neill, dice, utilizaba para acercarse a sus objetivos. Suya es la histórica imagen de los Beatles en el patio de los estudios de Abbey Road. La primera portada de un periódico ilustrada por un grupo de música pop se agotó en unas horas. A esa portada le siguieron muchas más en Time, Stern, Paris Match o Vanity Fair.

Con cara amable, Amy Winhouse mira relajada al objetivo. David Bowie fuma abrazado a Elisabeth Taylor. Keith Richards apoya su cabeza en una sobremesa. Son momentos íntimos, de descanso y también muchos instantes de los numerosos rodajes en los que estuvo el fotógrafo.  Rompió la monotonía de los ganadores de los Oscar de cine cuando retrató a una ensimismada Faye Dunaway sentada en la piscina de un hotel ante su estatuilla de la academia.

De Sinatra, O'Neill  recuerda que él mismo "era una historia". De Mandela, "un hombre realmente maravilloso" y de Elton John, que odiaba que le hicieran fotos. O'Neill ha plegado. Ahora, cuenta, "el showbusiness es muy aburrido". "Es una pena que los famosos no den acceso a los fotógrafos", se lamenta. Al veterano fotógrafo no le interesa seguir disparando su máquina. A su juicio, las grandes figuras se echan a perder, mal aconsejadas, en los programas "rosas" de la televisión. "No hay nadie a quien quiera fotografiar", concluye. Aunque tiene una excepción. No le importaría retratar a Messi

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