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Un millar de niños a la carrera

El Ayuntamiento recupera ocho años después una carrera de los colegios públicos de Centro por Casa de Campo

Niñas corriendo ayer el Cross Escolar de Navidad por la Casa de Campo.
Niñas corriendo ayer el Cross Escolar de Navidad por la Casa de Campo.

Casa de Campo, 10.30 de la mañana. En el paseo de María Teresa una hilera de autobuses maniobra para salir de la arena. Acaban de dejar a cerca de un millar de niños de todos los colegios públicos del distrito Centro. Son benjamines, alevines, juveniles y cadetes que, acompañados de sus profesores y algunos padres, recuperaron ayer una carrera popular Cross Navideño que llevaba desde 2009 sin celebrarse. “Teníamos un poquito de miedo de los empujones, de caernos, pero ha sido muy divertido”, explica Matilde, de nueve años y del colegio San Idelfonso. El circuito, entre árboles, contó con pruebas de niñas, niños y mixtas en el caso de los mayores.

“Llegó a convertirse en una tradición. Queremos que vuelva a ser la cita anual en la encontrarnos en un espacio verde, disfrutando del deporte y fomentando hábitos saludables entre los más jóvenes”, explica Jorge García Castaño, concejal de Centro y desde ayer de Economía y Hacienda. En la mesa, junto al narrador de la carrera, aguardaban medallas, trofeos, manzanas y agua.

Cloe, una niña con trenza rubia y enormes ojos azules de San Ildefonso, ha quedado cuarta en su categoría, se la ve feliz y va dando saltitos buscando a sus amigas. “Lo han hecho súper bien, todo el mundo ha corrido guay, qué divertido”, cuenta entusiasmada. Magdalena, madre de una niña de esa escuela, ha venido a animar. “Estoy feliz con la iniciativa, es muy saludable animar a todos a correr, no hacer una selección, sino que vienen todos los chicos, eso es importante”.

Saturnino aguarda entusiasmado a sus chicos. Es el profesor de Educación Física del Isabel La Católica. “Lo has hecho fantástico, muy bien, estoy muy orgulloso…”, les va diciendo con un gesto en el hombro. “Estoy feliz porque han trabajado su esfuerzo de forma muy buena, dosificando, controlando su energía y por la ilusión de participar, y luego, una fruta”. Explica que para evitar la competitividad entre iguales, desde sus clases trabajan los “puntos de respeto. No debe chulear el primero que llegue, intentamos que vayan en grupo, que vayan hablando y se vayan dado ánimos”.

Algunos han entrenado para preparar la carrera. Otros saben calentar, otros lo intentan. Y los hay, incluso, que del cansancio acaban aprovechando la pila de abrigos para echar un sueñecito. Los benjamines Redouan y Mohssin, de nueve y diez años, son del Emilia Pardo Bazán. Los dos, aficionados al fútbol, han entrenado para la carrera. Uno en el barrio de San Cristóbal y el otro en el Casino de la Reina, junto a Embajadores. “Nos lo hemos tomado en serio”, explican.

Aún queda polvo en suspensión cuando comienza la entrega de medallas. Los alevines Mateo y Dioni, del Isabel la Católica aguardan cerca de la meta. — “¿A quién esperáis?” —“Estamos viendo si falta alguien”, responde Dioni. Los chicos han quedado en los puestos 21 y 35 respectivamente. Están orgullosos. “¡Se nos ha hecho muy corto, yo habría puesto metro y medio más!”, explica Mateo, que se afana en defender la posición de su amigo: “Es que se ha quedado en el camino ayudando a los demás, hablándoles para que se animaran, tocándoles el hombro y dándoles ánimos”. Dioni sube los hombros con una sonrisa discreta: “Claro, ¿cómo no lo iba a hacer? Si son de mi cole”.

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