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La presión sobre los sanitarios catalanes se enquista

El plan de estabilidad laboral de Comín mejoró la precariedad pero no ha solucionado la falta estructural de personal

Una consulta de un CAP de Sant Adrià del Besòs
Una consulta de un CAP de Sant Adrià del Besòs

Los sanitarios catalanes despiden otra legislatura amputada —la tercera consecutiva— igual que la recibieron: saturados. Desde los durísimos recortes del primer gobierno de Artur Mas (redujo el presupuesto sanitario en más de 1.000 millones de euros), los trabajadores llevan años diciendo que están “al límite”, con agendas infinitas, encadenando contratos temporales y sin que nadie cubra las bajas. El último consejero del ramo, Toni Comín, creó un plan de estabilidad laboral para convertir eventuales en interinos y mejoró la precariedad, pero no abordó el problema estructural: la falta de nuevos sanitarios que entren al sistema.

Durante los dos gobiernos de Artur Mas —entre 2010 y 2015—, la red sanitaria pública perdió más de 2.400 puestos de trabajo. En 2015, cuando se registró la plantilla más baja con 73.899 trabajadores en toda la sanidad pública, más de la mitad de los trabajadores del Instituto Catalán de la Salud (ICS), la gran empresa pública que gestiona ocho grandes hospitales y el 80% de la atención primaria, eran interinos, eventuales o suplentes. “Hemos vivido una crisis durísima y nosotros estábamos en primera línea viendo cómo afectaba a los pacientes, así que pese a todo, asumimos que en ese momento había que arrimar el hombro. Pero esta situación ya se ha hecho insostenible. Los profesionales que creyeron al principio que esta situación era coyuntural se han enfadado, han perdido la ilusión”, resume Ana Vall-Llosera, portavoz del Foro Catalán de Atención Primaria (Focap). Según el Departamento de Salud, entre 2015 y 2017 se han recuperado 1.542 puestos de trabajo, la mitad estructurales. Sin embargo, las cifras de este año (75.441) están lejos todavía de las registradas antes de los primeros recortes: en 2011 había 1.000 sanitarios más que ahora.

Del último exconsejero, Toni Comín, los profesionales esperaban un cambio de talante con respecto al anterior ejecutivo. El sector coincide en que así ha sido pero tampoco él ha logrado resolver la situación laboral de los sanitarios. Su plan de choque para combatir la precariedad laboral —anunció la reconversión de plazas de eventuales en interinos y una oferta pública de ocupación de unas 10.000 plazas— ayudará a estabilizar plantillas pero no ataja el problema capital: la falta de personal. “Está bien pasar eventuales a interinos pero para reducir la presión esto no sirve porque no hay entradas nuevas. Estamos hablando de gente que ya está en el sistema. No va a cambiar nada. La sanidad necesita más profesionales”, insiste Josep Maria Puig, secretario general del sindicato Metges de Catalunya. “El plan de estabilidad mejora la calidad del trabajo pero a nivel de presencia física y de ratios no cambia nada”, agrega Mari Angels Rodríguez, de CCOO.

Los profesionales advierten, no obstante, de que, aunque haya mejorado la financiación y haya voluntad política de absorber más personal, los contratos son demasiado precarios y esas plazas no se cubren. “Estamos trabajando más por menos dinero. Volvemos a las condiciones laborales que había en los años 80”, critica David Carbajales, secretario de acción sindical del sindicato de enfermería Satse. Rodríguez enumera las condiciones laborales perdidas: “La gente se busca la vida en otros lugares porque está harta de que le llamen para seis días o un mes. Del incentivo por objetivos nos pagan solo la mitad de lo que consigamos; desde que cumples la carrera profesional hasta que te la pagan puede pasar un año que, antes, te lo abonaban con efectos retroactivos, pero ahora ya no; nos subieron la jornada laboral unilateralmente; todavía en abril de 2018 cobraremos parte de la paga extra de 2012 y aún nos falta la de 2013 y 2014”, lamenta.

La precariedad pasa factura a la salud de los profesionales

La precariedad laboral y las cargas de trabajo de los profesionales sanitarios ya pasan factura a su propia salud. Según una encuesta del sindicato Metges de Cataluña (MC), en 2013, en plena crisis económica, el 46% de los médicos catalanes sufría agotamiento emocional en el trabajo. “No sabes lo que cansa tener que atender a 30 o 40 pacientes diarios. La tecnología de la atención primaria es el tiempo y el personal. Si recortas en eso, empeoras el servicio”, apunta Ana Vall-Llosera, de Focap.

En el colectivo enfermero sucede más de lo mismo. Según un estudio del Colegio Oficial de Enfermería, el 35,6% del colectivo está en riesgo de sufrir trastornos depresivos, afectivos, de ansiedad o de angustia. “La gente se jubila precozmente, sufre enfermedades psico-físicas… Los profesionales salen de las guardias llorando, pero se tienen que resignar porque el hambre es muy mala”, lamenta Toni Barbarà, portavoz de la plataforma Dempeus per la Salut Pública y miembro de la Marea Blanca de Cataluña.

“La tensión y la frustración que causa el poco control sobre el propio trabajo, la escasa participación en las decisiones comunes y el poco apoyo del equipo y de los superiores, se convierten también en situaciones de riesgo”, agrega el estudio de los enfermeros. En el último mes, el 57% de los encuestados —unas 2.260 personas— experimentó síntomas de dolor; el 51% sufría fatiga y el 18%, ansiedad o depresión.

En la atención primaria, la mala situación de los trabajadores se agudiza. [TEX]Los ambulatorios del Instituto Catalán de la Salud han perdido en estos años casi 800 enfermeros y 1.000 médicos de familia. “La situación en atención primaria clama al cielo. Las bajas no se cubren. Si quieres hacer formación, son los compañeros los que te sustituyen asumiendo tu carga de trabajo. Ahora, para las vacaciones de Navidad tendremos que cubrirnos unos a otros porque no tenemos sustitutos y la expectativa es muy pesimista: los médicos nos vamos haciendo mayores y no hay previsión de aumentar los médicos de familia”, lamenta Tamara Sancho, portavoz de la plataforma Rebelión Primaria, un movimiento surgido hace unos meses para denunciar la precariedad en la atención primaria.

El Departamento de Salud puso en marcha esta legislatura un plan de reforma de la atención primaria (ENAPISC), que incluía una inyección de recursos y profesionales para reforzar la puerta de entrada al sistema sanitario. Sin embargo, los profesionales alertan de que el proyecto se ha dibujado sobre el papel pero no se ha traducido a la práctica clínica. “El ICS nos ha dicho que pondrán en marcha dos pruebas piloto en dos ambulatorios en 2018, pero no hay un presupuesto destinado para esto. La idea puede ser buena pero sin presupuesto no es viable”, critica Rodríguez. “Estos planes no están funcionando. La lista de espera para ir al médico de cabecera es de tres semanas. Lo de la atención primaria es insoportable”, agrega Barbarà.

El sector avisa de que ya “se han sobrepasado todos los límites” y el escenario futuro no es nada halagüeño: en una década se jubilarán un tercio de los médicos catalanes (entre 8.000 y 9.000) y no hay un plan B previsto para afrontar este vacío de profesionales. “La presión asistencial no ha bajado porque todos los planes pasan por aumentar el trabajo de los de plantilla, no aumentar las plazas”, agrega Puig.

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