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Alicia Giménez Bartlett: “Un asesino en serie es un chollo”

La escritora publica 'Mi querido asesino en serie' (Destino), novela en la cual la inspectora Petra Delicado se ve a las órdenes de un 'mosso'

La escritora Alicia Giménez Bartlett, en 2015.
La escritora Alicia Giménez Bartlett, en 2015.

Ya van once: 10 novelas más un libro de relatos protagonizados por Petra Delicado. Pero esta inspectora de policía tiene cuerda para rato. “Hasta que vea que me repito, cuando eso pase, la jubilaremos con honores”, dice Alicia Giménez Bartlett (Almansa, Albacete, 1951), creadora del personaje que, en este último caso, Mi querido asesino en serie (Destino), busca a alguien que ha matado a cuchilladas a varias mujeres. “Seguir a un asesino en serie es un chollo”, dice la autora, con su característico sentido del humor. “Le dan al policía todos los medios, le permiten hacer lo que quieras, si resuelve el caso se convierte en el primero de la clase, la prensa lo encumbra…”. Es la primera vez que Petra y su inseparable subinspector Fermín Garzón se encuentran con un serial killer, un misterioso criminal que mata a sus víctimas con arma blanca, les desfigura la cara y deja una nota de desengaño amoroso sobre el cuerpo.

La otra novedad del caso es que Petra, de la Policía Nacional, se ve obligada a colaborar con un inspector de los Mossos d'Esquadra. No es cuestión de oportunismo: “Jamás pensé que se pudiera dar una confrontación entre estos cuerpos policiales como la que estamos viviendo actualmente”, aclara Alicia Giménez Bartlett, que empezó la novela hace ya dos años, mucho antes de que los acontecimientos se precipitaran en Cataluña. “En realidad, la rivalidad entre policías es un clásico en el género. No hace falta más que pensar en el típico sheriff de un pueblo polvoriento perdido de Estados Unidos que se queda con cara de tonto cuando aparecen unos tíos trajeados y les dicen aquello de: ‘FBI. El caso es nuestro”.

Roberto Fraile, el mosso de la novela, es el polo opuesto a Petra: otra generación, otro cuerpo policial, otro sexo… Un tipo exageradamente sano, exageradamente disciplinado, exageradamente ordenado, exageradamente informado no puede congeniar con una pareja de policías que no se fían de los abstemios. El imaginario mediatizado podría llevar al lector a dibujarse un retrato del protagonista parecido a… Josep Lluís Trapero, el mayor del cuerpo policial autonómico catalán. “¿En serio? ¡No…! No tiene nada que ver, de verdad”, dice Alicia, que al escribir la novela nunca había visto ninguna foto de Trapero. “El elemento humano jugará su papel en esta relación”, adelanta la autora.

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Giménez Bartlett ha contado desde el primer libro de la serie (Ritos de muerte, 1996) con la colaboración de una policía nacional de Barcelona, Margarita, que viene a ser el alter ego de Petra Delicado. “Ahora ya vuelo sola, pero siempre surge alguna duda y no quiero meter la pata, así que alguna llamada le suelo hacer”, dice la escritora. Por lo que respecta a la asignación de casos policiales, en Cataluña la cosa está clara: “Si aparece un muerto en Barcelona, se encargan los Mossos”, explica la escritora. “En mis anteriores novelas siempre utilizaba alguna coartada para que el caso cayera en manos de Petra. Ahora, quería ver su reacción colaborando con otro cuerpo policial y con un inspector joven al que, además, le adjudican el mando. Y a veces, Petra me sorprende”.

“Ella vive el lado negativo del chollo de seguir a un asesino en serie”, advierte Giménez Bartlett. “He querido destacar lo que supone para una inspectora discreta, que trabaja a su aire, que policías armados hasta los dientes la acompañen a todos lados en su investigación. Para ella es un coñazo”. En un momento dado, la protagonista se siente acosada por los dos agentes que no la dejan ni a sol ni a sombra. ‘¿Qué hacemos, inspectora?’, le preguntan al llegar al hospital de la Vall d’Hebron: ‘Escalad la fachada’, responde Petra. “Se indigna por tener a dos robocops siempre detrás, no va con ella ni con Fermín”, dice Alicia.

Giménez Bartlett no solo se dedica a la novela negra. Además del premio Pepe Carvalho, ha ganado presitigiosos galardones como el Planeta o el Nadal. Pero adora volver a su serie policiaca y redescubrir los escenarios, reencontrarse con sus personajes y ver a dónde la llevan. “Nunca planeo mis novelas negras”, asegura. “Imagínate dos años con una historia cerrada, ¡me aburriría como una ostra! Escribir estas novelas es una manera de vivirlas. Esto mío es como un juego literario en el que busco la complicidad del lector”. Un juego teñido de humor, elemento básico en la literatura negra de Giménez Bartlett. Quien busque a un asesino en serie sangriento, que haga sufrir al lector, que lo atrape con violencia… se va a llevar un chasco. “Ahora estoy leyendo a Jo Nesbo, que me encanta, y es terrible, te deja sin aliento… Lo mío es otra cosa”.

Luego está la prensa. “También vosotros sois un clásico de la novela negra”, asevera, divertida y sin contemplaciones. “Y a no ser que el protagonista de un libro sea un periodista, sois un elemento perturbador, tirando a tonto y algo borde en el género negro”. Se refiere, por ejemplo, al tertuliano que sabe de todo, que también aparece, aunque sea de refilón, en la novela: “Esas tertulias no son periodismo, son un sustitutivo del café de bar donde se comenta la actualidad, todo. Y si un asesino en serie anda suelto, no te cuento…”.

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