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Ciudadanos, PSC y PP hablarán de acuerdos después del 21-D

La posibilidad de una lista unitaria constitucionalista no está sobre la mesa

Una mujer vota en las elecciones catalanas de 2015.
Una mujer vota en las elecciones catalanas de 2015.

Los partidos catalanes no soberanistas —Ciudadanos, PSC y PP— afrontan por primera vez unas elecciones autonómicas con un discurso común que no esconden: la defensa de la unidad de España, de la Constitución y del Estatuto de Autonomía. La posibilidad de una lista unitaria constitucionalista —a semejanza de la que intentan algunos partidos independentistas— no está sobre la mesa; sí lo está el escenario de un pacto postelectoral, aunque se antoja muy complicado.

Las formaciones que lideran Inés Arrimadas, Miquel Iceta y Xavier García Albiol sumaban en el disuelto Parlament 52 de los 135 diputados, muy lejos de los 68 en los que está la mayoría absoluta de la Cámara. Para dar un giro de 180 grados a la política catalana y configurar una mayoría alternativa a la actual independentista debería producirse un vuelco notable en el electorado, y ninguna encuesta prevé ese escenario.

Lo que sí se percibe es una movilización muy importante de los potenciales votantes de Ciudadanos, PSC y PP: según la encuesta de Metroscopia para EL PAÍS publicada la semana pasada, entre el 75% y el 83% del electorado de esos tres partidos defiende la convocatoria de elecciones como “la mejor forma de resolver la actual situación”, una cifra que baja a entre el 18% y el 35% entre los votantes de los partidos independentistas.

Ciudadanos parte con ventaja en esa carrera porque ha ejercido como el principal partido de la oposición y de ahí la propuesta que trasladó hace unos días a socialistas y populares para que los tres partidos se comprometieran a que, caso de sumar más escaños que los independentistas, se facilite la presidencia de la Generalitat al más votado de esos tres.

PSC y PP han rechazado de plano la idea, igual que el pasado 7 de septiembre desdeñaron apoyar la moción de censura que anunció Inés Arrimadas tras la aprobación de la ley del referéndum en el Parlament, y que no tenía aritméticamente ninguna posibilidad de prosperar.

“Nosotros iremos solos a las elecciones y no haremos ningún pronunciamiento preelectoral ni postelectoral”, afirma Salvador Illa, secretario de organización del PSC, quien se muestra convencido de que su partido puede convertirse en la primera fuerza no independentista de la Cámara. En caso de materializarse ese escenario, ¿aceptaría el PSC los votos de Ciudadanos y PP para hacer presidente de la Generalitat a Miquel Iceta? Salvador Illa evita una respuesta clara.
“Lideraremos el bloque del acuerdo y hablaremos con todo el mundo para buscar el pacto, excepto con los que quieran seguir trabajando por la independencia”, dice el dirigente socialista.

Tacticismo

En términos parecidos se expresa el PP, que anuncia su apoyo a un Gobierno constitucionalista en Cataluña si lo permite el resultado y recuerda el precedente del País Vasco, cuando los votos del PP hicieron lehendakari a Patxi López. Pero una cosa es ese escenario, posible, y otro un acuerdo previo a la celebración de las elecciones.

El tacticismo para recoger votos en un terreno que les es común a los tres partidos parece primar por encima de cualquier otra cosa.

Hace apenas tres meses, Illa descalificaba a Ciudadanos y calificaba al partido de Albert Rivera como la “marca blanca” del PP, lo que le inhabilitaba, dijo, para construir una alternativa al independentismo. En esa misma entrevista a la agencia Efe, Illa decía que Mariano Rajoy presidía “un Gobierno de derechas muy ahogado por los temas de corrupción”. Ahora los socialistas catalanes evitan ya ese discurso porque la situación política es muy distinta. Ni siquiera responden a las críticas que desliza Arrimadas de manera constante, recordándoles sus dos experiencias de Gobierno tripartito con ERC y preguntándoles si están dispuestos a volver a pactar con los independentistas.

Iceta empezó a decir hace meses que quiere recoger votos que antes fueron al PP o a Ciudadanos, e incluso a Catalunya sí que es Pot, y la estrategia política del PSC lo confirma, al no adquirir ningún compromiso claro más allá de ese posicionamiento contrario a la independencia.

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