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El día que Puigdemont cambió el guion

Junts pel Sí y la CUP pactaron una declaración de independencia que finalmente no leyó el ‘president’

Puigdemont y la presidenta del parlament, Carme Forcadell se abrazan tras firmar el texto de declaracion de independencia.

Nunca antes un pleno del Parlament había congregado a más de mil periodistas de todo el mundo ni nunca antes, desde que se restableció la democracia, se había producido un inicio tan polémico. Tanto, que la sesión prevista para las 18.00 del martes empezó una hora más tarde a petición del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, otro hecho sin precedentes. ¿Qué ocurrió en ese tiempo? La respuesta es bien distinta en función de quien la responda, pero nadie parece discutir que el president hizo un quiebro de última hora que desconcertó a la CUP y que cambió el guion pactado para el día en el que se tenía que declarar la independencia tras el referéndum del 1 de octubre.

Anna Gabriel, presidenta del grupo parlamentario de la CUP, confesó sin ambages que la declaración que leyó Puigdemont no era la que esperaban y que ese texto lo habían conocido apenas unas horas antes de empezar el pleno, por lo que reclamaron un aplazamiento para poder debatirlo en el grupo. De ahí las idas y venidas de una sala a otra, las malas caras de los anticapitalistas y el desconcierto generalizado al que nadie sabía responder.

Donde sí se conocía esa fractura entre los anticapitalistas y Junts pel Sí era en algún centro de poder, que disponía incluso de la petición escrita y registrada de Puigdemont dirigida a la presidenta de la Cámara, Carme Forcadell, para que se demorase una hora el inicio del pleno. Los dirigentes de la CUP Eulàlia Reguant y Quim Arrufat no tuvieron problemas en desvelar ayer que lo que habían pactado con Junts pel Sí era que se leyera una declaración de independencia, de cuatro páginas, y que al acabar el pleno firmaran todos los diputados independentistas, que se califican como “los legítimos representantes del pueblo de Cataluña”. “¿Pero qué se han creído? ¿Y los demás qué somos?”, replicó ayer indignado el primer secretario del PSC, Miquel Iceta.

Anna Gabriel también confesó en su intervención en el Parlament que habían pensado leer una declaración en diez idiomas para hacer saber al mundo que Cataluña se había declarado independiente. Pero Puigdemont hizo un gesto de última hora para desconcierto de los anticapitalistas y de miles de independentistas que se concentraban en el paseo de Lluís Companys de Barcelona, que esperaban una cosa distinta a una intervención confusa en la que “se suspendía una cosa que no se había declarado”, la independencia, en expresión de Iceta.

El Govern explica lo ocurrido de otra manera y quita hierro al profundo malestar de la CUP. Jordi Turull, consejero de la Presidencia de la Generalitat, justificó el retraso en el inicio del pleno debido a las “llamadas e información de última hora” que recibió Puigdemont, en referencia a la posibilidad de abrir vías de negociación con mediadores internacionales. Se trata de un escenario que Mariano Rajoy rechaza de manera frontal pero que siempre ha reclamado el independentismo por considerar que la ayuda exterior puede contribuir a desencallar la situación actual. En aras de esa discreción que, según Turull, reclaman los mediadores, el consejero se negó a identificarlos y a desvelar la estrategia que pretendían seguir para no desbaratar los planes.

“Hay mucha gente, que ahora no puedo hacer público, que piden que por favor, por favor, hagan ese gesto”, explicó el consejero y portavoz de la Generalitat. Tacticismo o realidad, Turull también aseguró que algunos de esos mediadores internacionales “han hecho llegar mensajes” al Gobierno de Rajoy e insistió en no dar ningún detalle más. “Esto debe ser muy discreto para no estropearlo”, insistió el consejero, un relato que no se cree la CUP, como se evidenció en el Pleno.

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