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El valor añadido del estudiante a distancia

La educación virtual otorga al alumno disciplina, fuerza de voluntad y organización, cualidades solicitadas para el empleo

El valor añadido del estudiante a distancia
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Disciplina, constancia, fuerza de voluntad, compromiso, orden, autonomía, persistencia. Estudiar a distancia fomenta cualidades para el futuro profesional que quizá se trabajan más que de forma presencial. “Hay empleadores que prefieren contratarlos porque significa que tienes habilidades propias de la madurez. Es un perfil goloso para ellos. Saben así que eres una persona responsable, resolutiva, sistemática”, apunta María Ángeles González, vicerrectora de estudiantes de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), que desde 1972 forma desde la lejanía, primero con envíos postales y después con Internet hasta contar con 200.000 estudiantes, el 80% en cursos de grado.

Como aval, un reciente estudio sobre la inserción laboral de los graduados distingue a la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), de enseñanza a distancia, por tener un nivel superior que la presencial en la formación teórica, la aplicación de las tecnologías, la expresión escrita, el pensamiento crítico y la informática.Atrás quedaron los tiempos en los que el servicio de correos enviaba a los alumnos toneladas de papel para que superaran los cursos en sus casas, o donde pudieran concentrarse, con la flexibilidad y el ahorro de costes de alojamiento y transporte que supone este método. “Recuerdo cuando fotocopiábamos los exámenes uno a uno y los metíamos en valijas de metal con unas llaves específicas de seguridad”, rememora González, que lleva 32 años de profesora en la UNED.

La soledad

“Las sedes en las que se hacían las pruebas se convertían en foros culturales de esas localidades. Ahora, con Internet, los foros son virtuales, y también la gente participa y mantiene vínculos”, apunta la vicerrectora. Estos foros virtuales son una estrategia fundamental para evitar uno de los más importantes desafíos a los que se enfrenta un estudiante de estas características: la soledad. “En la Universidad a Distancia de Madrid (Udima) contamos con un tutor académico, un gestor y un psicopedagogo”, declara Álvaro Porta, gerente de este centro con 11.000 alumnos. Todos buscarán con voluntad varias horas a la semana para ponerse frente al ordenador, igual de cinco a seis de la mañana o por las noches, cuando todos duermen.

Imponerse un ritmo para no desfallecer en el intento, desmotivarse, frustrarse y abandonar es otra de las debilidades. “Se pasa por dos baches: uno al principio, porque crees que puedes abarcar mucho y, si no alcanzas, te rindes, y otro en el penúltimo año, ya cansado quizá”, comenta Pilar Martín, delegada de estudiantes de la UNED. Ella cursó de forma presencial Telecomunicaciones, de lo que trabaja ocho horas al día, y a distancia se ha licenciado en Historia y prosigue con Lengua y Literatura Española. “Al final te engancha”.

Otras entidades se apuntan a esta modalidad

Empresas, entidades públicas, asociaciones…, la modalidad de formación virtual se ha instaurado también en otras instituciones. “Los que mejor lo llevan son las grandes corporaciones, que tienen a los trabajadores deslocalizados y los forman con cursos online. Se ahorran los desplazamientos e invierten en contenidos. Tienen ya mucha experiencia”, apunta Lluís Pastor, presidente de la Asociación de Proveedores de e-Learning de España. “Después está el grupo de empresas más pequeñas, que hacen sus esfuerzos, pero tienen un material bastante básico y necesitarían más innovación. Y por último está el grupo de formación para el empleo de las instancias públicas, pero no terminan de creer en este sistema y se mueven en la desconfianza. Utilizan más reglas de control que de aprendizaje”, reclama Pastor, que apunta como éxito para estos cursos que estén diseñados de forma interactiva, que los contenidos se planteen en diversos formatos y sean accesibles desde varios dispositivos, y que el profesor se implique más como un compañero que con un mensaje unidireccional.

Para evitar ese primer bache, las universidades preparan con anterioridad jornadas y fichas explicativas “Esto es una universidad, y requiere los mismos requisitos y dedicación. Tienen que saber dónde se meten”, apunta González, que informa de que el 46% de los estudiantes de la UNED tiene entre 26 y 35 años, y que la mayoría de ellos cuenta con una primera titulación. “El alumno es cada vez más joven. En 2008, la media de edad del alumnado era de 37 años; este 2017 es de 29”, menciona Porta en el caso de la Udima como reflejo de una tendencia compartida.

Elena Sorribas tiene 22 años y estudia su primera carrera, el grado de Comunicación, en la UOC, que cuenta con 54.000 estudiantes. Al principio dice que se encontró con los comentarios de amigos que le cuestionaban el aprendizaje sin profesor presencial. “Pero después vi que están superatentos; algunas aclaraciones han sido textos impresionantes de largos. Además, los apuntes están muy claros”, comenta la joven, que estudia a distancia para compaginar su tiempo con necesidades personales y ya planea continuar en el extranjero .En cuanto a los apuntes, igual que se pasó de las toneladas de papel a textos en Internet, el próximo escalón serán más videotutoriales. “En algunos casos hay vídeos de profesores frente a un PowerPoint o presentaciones con voz en off . Esto es lo que más reclaman los compañeros”, señala Martín.

Sin horarios

La flexibilidad es la clave. La educación a distancia facilita la realización de estudios a personas con discapacidad, con enfermedades, a los presos, a los que quieren promocionar en su trabajo, por placer… La libre disposición de horarios, el diseño accesible de los materiales y el don de la ubicuidad resuelven infinidad de situaciones. “Hay muchos que quieren quitarse la espinita, que dedicaron su juventud a formar una familia y a adquirir una estabilidad laboral y de mayor hacen lo que no pudieron”, cuenta González, que menciona que las carreras humanísticas son más demandadas. “Historia del Arte es un boom”, apunta.

En Malabo, un grupo de monjas estudia Educación en la Udima. “Me cuesta mucho compaginar ser educadora y miembro de una institución religiosa, pero obtengo un nivel más alto de formación profesional y técnica que me permite desenvolverme con más seguridad y autonomía en mi labor”, escribe la hermana Georgina Panades en un e-mail desde la capital de Guinea Ecuatorial. “Destacaría que los profesores están siempre a nuestra disposición. Hay buena organización y mucha seriedad”, considera Panades, que incluso pregunta dudas por WhatsApp.

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