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Barcelona incorpora el ‘chemsex’ por primera vez como un problema de salud pública

El Plan de Drogas del Ayuntamiento abordará el fenómeno tras atender en 2016 unos 200 casos de consumo problemático de sustancias para practicar sexo

El psicólogo de BCN Checkpoint, Antoni Gata, atiende a un paciente en el centro comunitario
El psicólogo de BCN Checkpoint, Antoni Gata, atiende a un paciente en el centro comunitario

Las consecuencias del chemsex —un fenómeno casi exclusivo del colectivo gay y que se caracteriza por consumir varios tipos de drogas para mantener relaciones sexuales durante largos períodos de tiempo— ya son un problema de salud pública. El Ayuntamiento de Barcelona abordará los peligros de esta práctica dentro del Plan de Drogas municipal pues, pese a ser un fenómeno residual entre el colectivo, tiene riesgos importantes: puede extender las infecciones de transmisión sexual (ITS) y generar dependencia a sustancias tóxicas. Barcelona atendió el año pasado 193 casos de consumo problemático de sustancias para tener sexo.

Si bien es cierto que el uso de drogas recreativas en contextos sexuales no es nuevo y no se circunscribe al colectivo gay, el chemsex tiene unas características particulares: por ejemplo, el uso de determinadas sustancias (especialmente mefedrona, metanfetamina y GHB) para aguantar largas sesiones de sexo que pueden durar días.

La combinación de estas drogas permite aguantar las fiestas sexuales pero deja a los participantes en un estado de semiinconsciencia que reduce la percepción de riesgo. Esto significa que pueden aumentar las conductas sexuales de riesgo (sin preservativo) y, en consecuencia, la transmisión de ITS. De hecho, según el centro comunitario BCN Checkpoint, el chemsex puede triplicar el riesgo de infección por VIH en el colectivo gay.

El consumo de heroína, estable

Los responsables de Salud Pública han matizado que, pese a la alerta que han suscitado los pisos de compraventa de heroína en el barrio del Raval, el consumo de heroína en la ciudad no ha aumentado. Sigue estable. "Nos preocupa muchísimo lo que está pasando en el Raval por la gente que hay muy vulnerable y porque esta situación nos dificulta la lucha contra el estigma", ha reconocido la tercera teniente de alcalde, Laia Ortiz.

Con todo, la comisionada de Salud, Gemma Tarafa, sí ha reconocido que, en concreto, en el barrio del Raval, el número de jeringuillas recogidas en la calle aumentó en junio y julio, pero volvió a bajar a finales de agosto. "Hay que seguir el proceso y ver cómo evoluciona. No se pueden sacar conclusiones", ha apuntado. Pasarín ha concretado también que "más que un aumento, ha habido un movimiento" de consumidores de zonas metropolitanas, como La Mina, hacia el Raval, coincidiendo con los cambios en el mercado de venta de estas sustancias.

Pero el Ayuntamiento y la Agencia de Salud Pública de Barcelona (ASPB) han puesto el foco en la cara menos visible del fenómeno: el consumo problemático y/o la dependencia a algunas sustancias para tener sexo. Los centros comunitarios que atienden a este colectivo ya han empezado a reportar los primeros casos de consumo problemático de sustancias tóxicas vinculadas al sexo e incluso entidades como BCN Checkpoint han abierto consultas psicológicas para abordar estas situaciones. El Plan de Drogas del Ayuntamiento es tajante: “En los últimos años ha habido un aumento del porcentaje de hombres que inician tratamiento por trastornos de consumo de estas sustancias [metanfetaminas, mefedrona, GHB o ketamina] y en 2016 estos suponían el 7% del total de inicios de tratamientos por trastornos por uso de sustancias en hombres”. Desde 2013, este porcentaje se ha duplicado.

En el plan, la ASPB y el Ayuntamiento han puesto en marcha una estrategia para desplegar, a corto plazo, programas de prevención y tratamiento por el uso de sustancias asociadas a contextos sexuales entre el colectivo LGTBI. En este sentido, el Consistorio apuesta por una atención “personalizada” a las personas detectadas con esta problemática y que requieran una intervención breve o un proceso terapéutico de larga duración. “Se trata también de una estrategia de reducción de daños y poner el acento también en casos muy iniciales para evitar que lleguen a tener un consumo problemático”, concretó ayer Maribel Pasarín, directora del Observatorio de Salud Pública de la ASPB.

El Consistorio analizará la dimensión del problema y estudiará la necesidad de crear nuevos circuitos de atención especializada para estas problemáticas.

Detección precoz de la adicción al móvil

El Plan de Drogas municipal también incorporará otra línea de acción para abordar nuevos consumos problemáticos, como el del uso del móvil y las pantallas, especialmente en adolescentes. Las escuelas fueron las que dieron la voz de alarma y los responsables de salud pública decidieron poner en marcha estrategias para detectar de forma precoz los casos incipientes.

Las señales de alarma, aseguran, saltan, por ejemplo, cuando el joven deja de hacer algo para conectarse o está preocupado cuando no está conectado.