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“También sufrimos por nuestros hijos”

Multitud de organizaciones islámicas condenan los atentados y destacan la buena convivencia entre confesiones religiosas que prevalece en Cataluña

Un grupo de miembros de la comunidad Ahmadia muestran carteles en contra del terrorismo.
Un grupo de miembros de la comunidad Ahmadia muestran carteles en contra del terrorismo.

Bilal H. acompaña a su hijo a la escuela coránica de verano de la mezquita Faizane Madina de Barcelona. Son poco antes de las cinco de la tarde y Bilal cruza el Paral·lel en el momento en el que varias patrullas de los Mossos de Esquadra circulan en uno y otro sentido de la avenida. Bilal, nacido en Pakistán y nacionalizado español, ignora el trasiego policial y cuenta que en 20 años que lleva en Barcelona, nunca ha visto que los musulmanes se sientan violentados por su fe: “En casa estamos muy tristes. Aquí tenemos mucha libertad, los catalanes nos respetan”.

Bilal asegura estar afectado por el dolor de las víctimas pero también por miedo. “También sufrimos por nuestros hijos. Vivimos al lado de donde se produjo el ataque”, destaca como prueba de que ellos forman parte de la comunidad que ha sido agredida.

La Fundación Ibn Battuta, referente de la cultura magrebí en Barcelona, emitió un comunicado en el mismo sentido: “Es el día más triste de nuestra vida, para todos nosotros y nosotras, los musulmanes y musulmanas hemos trabajado mucho por la convivencia y el diálogo en Barcelona, Cataluña y España, pero hoy nos sentimos profundamente entristecidos y golpeados [...] Vamos a seguir defendiendo a Barcelona como nuestra gran ciudad, independientemente del origen que tengamos cada uno, vamos a seguir construyendo espacios de convivencia y oportunidades que hacen de Barcelona una de las ciudades más respetadas de Europa”.

Los comunicados de condena por parte de colectivos islámicos se han sucedido desde todos los puntos de España. Sus principales organizaciones han rechazado de forma contundente los ataques en Barcelona y en Cambrils. La Comisión Islámica de España insistió, como en otros atentados sucedidos en Europa, en su “pleno compromiso en la lucha contra todo tipo de terrorismo”. La Federación Española de Entidades Religiosas Islámica (FEERI) aseguró su “solidaridad con las familias de las víctimas, con los numerosos heridos y con todas las personas que vivieron ese momento terrible de este viernes. ¡Su dolor es nuestro!”. La FEERI, en nombre de colectivos religiosos de siete comunidades autónomas, negó que “cualquier justificación de dicha matanza, dentro de nuestras creencias. Y volver a afirmar el respeto a la vida de las personas, recogido en nuestro libro sagrado”.

También comunicaron textos de denuncia la Junta Islámica, el Círculo Intercultural Hispano Árabe de Madrid (CIHAR), el Centro Cultural Islámico de Valencia, comunidades locales de mezquitas en las Baleares, en Cataluña o en Andalucía. “Es un acto de bárbaros, inhumano, que no tiene explicación, motivo o sentido, y no pertenece a nada de ninguna comunidad, ni islámica, ni judía, ni nada”, dijo el imán de la mezquita de Málaga, Omar el Farouk, al diario La Opinión de Málaga.

El Raval, barrio colindante a Las Ramblas y con una alta densidad de población musulmana, estaba este viernes intensamente patrullado por los Mossos y la Guardia Urbana. En la calle San Ramón del Raval, Erfan, el propietario de la Peluquería Colón, espera sorbiendo un té con leche a su próximo cliente —una chica barcelonesa de aspecto moderno y con numerosos tatuajes. El televisor del establecimiento tenía sintonizado un canal pakistaní que emitía la tercera oración del día —un cuarto de hora antes de las seis de la tarde. Erfan hace doce años que reside en el barrio y admite que, más que en Londres o París, no podía imaginarse que Barcelona sufriera un atentado del islamismo radical: “Aquí vivimos muy tranquilos. Este viernes [jueves] comentábamos con los amigos que esto debe parar ya”.

“Acto cobarde”

A escasos cien metros de la Peluquería Colón, los teléfonos del Consejo Islámico Cultural de Cataluña echaban humo. Sus portavoces iban y venían entre su sede y Las Ramblas, donde medios de comunicación de todo el mundo establecieron unidades para seguir el duelo del día después. El Consejo Islámico Cultural de Cataluña transmitió una nota en la que definía los atentados como “un acto violento y cobarde, acciones criminales y terroristas, ataques a la democracia, a la libertad, la convivencia y a toda la humanidad”.

Marwan Jaber esperaba en la calle de San Rafael a que el imán de la mezquita Tariq Bin Ziyad subiera la persiana para el rezo de la tarde. Jaber, nacido en Jordania, lleva en Barcelona desde 1979. Trabajó como vigilante de seguridad y regentó una pequeña tienda de dulces y refrescos en el metro de Barcelona. Viste una camiseta de las fiestas Ravala't, un encuentro anual de la izquierda alternativa en este barrio de la capital catalana. La camiseta luce una niña pintando en una pared sobre una imagen de la policía franquista golpeando a manifestantes. Jaber repite varias veces no entender cómo los terroristas eran tan jóvenes —el presunto conductor de la furgoneta en Barcelona tenía 17 años: “Ser capaz de cometer estas atrocidades es de locos, es irracional. Que los lleven al psiquiatra”.

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