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La Olimpiada Popular recupera las medallas 81 años después

Voluntarios y deportistas del evento recuerdan su frustrada inauguración

Homenaje de la Generalitat a la frustrada Olimpiada Popular de Barcelona de 1936.
Homenaje de la Generalitat a la frustrada Olimpiada Popular de Barcelona de 1936. EL PAÍS

La Generalitat de Cataluña homenajeó ayer a la frustrada Olimpiada Popular de Barcelona de 1936, organizada como protesta a los Juegos Olímpicos de Berlín de la Alemania nazi y que se canceló tras el golpe de estado franquista. El consejero de Asuntos Exteriores, Raül Romeva, otorgó tres medallas a una voluntaria (Maria Salvo) y dos deportistas nonagenarios que participaron en los preparativos del evento deportivo. Romeva dijo que Cataluña tenía una deuda como “sociedad e institucionalmente” con ellos, y manifestó su compromiso para “saldarla”. El cuarto teniente alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, Jaume Asens, dijo que el peor enemigo de Cataluña es “el olvido”. Entre los asistentes, había un equipo ciclista británico que viajó desde Londres sobre dos ruedas para acudir al homenaje.

Antoni Cànoves tenía 16 años cuando Franco se sublevó contra la II República el 18 de julio de 1936. Meses antes del golpe de estado, Cànoves estaba entrenando para participar en la Olimpiada Popular de Barcelona. Era campeón de 60 metros braza de Cataluña y pertenecía al Club Natació Barceloneta. “Recuerdo los días previos con mucha ilusión. Había trabajado muchísimos días en el Estadio de Montjuïc también como voluntario. Pero entonces llegó el golpe… y la Olimpiada no se pudo celebrar”, explica. Ayer, exactamente 81 años después de la fecha prevista para la inauguración de la Olimpiada, Cànoves recibió una medalla conmemorativa en manos del conseller Raül Romeva. “Después de haber pasado una guerra, el exilio y con 97 años, mi mayor alegría es poder estar vivo hoy”, añade.

La Olimpiada Popular había estado financiada por el Gobierno de la República Española, Francia y la Generalitat de Cataluña. “Es necesario que se recuerde porque lo que realmente fue es una protesta contra los Juegos Olímpicos de Berlín, que Hitler aprovechó para hacer propaganda del régimen”, explica Cànoves. Alrededor de 5.000 deportistas de 23 países estaban inscritos. “Después, la mayoría se alistaron como brigadistas internacionales durante la Guerra Civil”, explica Alfons Cànoves, de 99 años y hermano de Antoni. "Yo era waterpolista y nos mataron la juventud, no solo a nosotros dos, sino a toda una generación”, dice. Los dos hermanos lucharon en la Guerra Civil “hasta el final”. En 1939, tras la entrada de las tropas franquistas en Barcelona, se exiliaron en Francia. “Hace algunos años volvimos a Cataluña”, explican.

De izquierda a derecha, Antoni Cànoves, Maria Salvo y Alfons Cànoves. ampliar foto
De izquierda a derecha, Antoni Cànoves, Maria Salvo y Alfons Cànoves. EL PAÍS

Miles de deportistas extranjeros se quedaron en España para luchar con el bando republicano. Entre ellos, siete miembros del Clarion Cycling Club 1895, un equipo ciclista que formó porta de la delegación británica y que llegó a Barcelona sobre dos ruedas desde Londres en 1936. Cuatro de ellos murieron durante el conflicto. Para recordar a sus antecesores y participar en el homenaje de ayer, diez miembros del equipo repitieron la marcha el pasado 1 de julio. La mayoría de ellos superaban la sesentena de años. Como Manuel Moreno, de 77 años e hijo de exiliados republicanos, quien recorrió los 1.600 kilómetros de distancia entre las dos ciudades con una prótesis en la pierna derecha. “Mis padres siempre confiaron en que algún día regresarían a España, pero después de la II Guerra Mundial perdieron toda esperanza. Pero finalmente fallecieron en Alicante. Fue muy emotivo que tras décadas de exilio pudieran morir en su país”, dice.