Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Clase valiente

El documental de Víctor Alonso Berbel es a la vez un experimento y una obra coral de reflexión sobre la manipulación del lenguaje en el discurso político

La primera ministra británica, Theresa May.
La primera ministra británica, Theresa May.Dan Kitwood (Getty Images)

Puede modelarse la realidad a través del discurso público? Evidentemente sí. De hecho, de eso va ahora la política más que de ninguna otra cosa: de tratar de inducir en los electores una determinada percepción de la realidad favorable a los intereses que se defienden. Y para ello se recurre con frecuencia a la distorsión o manipulación del lenguaje. Pero no es fácil conseguirlo y a veces la estrategia triunfa, pero otras el tiro sale por la culata, como acaba de ocurrirle a Theresa May.

En el festival DocsBarcelona se estrenó un muy interesante documental sobre esta cuestión que ya puede verse en el cine. Se titula Clase valiente. El poder de las palabras y es a la vez una obra coral y un experimento sobre los mecanismos de manipulación del lenguaje en la política. Está dirigido por el joven cineasta Víctor Alonso Berbel, cuya ópera prima Puño y metal ya recibió amplio reconocimiento, y ha sido producida, con ayuda de crowdfunding, por la Cooperativa Compacto que preside Aritz Cirbián.

El experimento consistió en introducir el concepto “clase valiente” en los actos de la campaña electoral de 2015. Las peripecias del intento van acompañadas de las reflexiones y explicaciones de figuras como el sociolingüista norteamericano George Lakoff, autor del archicitado No pienses en un elefante; el historiador y analista británico Owen Jones y el que podría parecer tanto física como políticamente su hermano gemelo español, el politólogo Íñigo Errejón; el escritor francés Christian Salmon, autor de Storytelling: la máquina de fabricar historias y formatear las mentes y una veintena más de expertos y políticos en ejercicio. La obra incide en un asunto de la máxima importancia: la construcción de relatos y marcos mentales destinados a inducir una determinada percepción de la realidad y cómo la ciudadanía puede defenderse descodificando el discurso.

Las elecciones británicas acaban de ofrecer un excelente ejemplo. Theresa May adelantó las elecciones para reforzarse en un momento de debilidad del laborismo y planteó la campaña como un plebiscito. Intentó construir el siguiente marco conceptual: ante el desafío del Brexit, la crisis migratoria o el terrorismo, ¿quién es preferible que mande, una persona fuerte como yo, o alguien débil y trasnochado como Corbin? Sus spins doctors creyeron poder explotar los signos de debilidad del líder laborista, un hombre mayor, de apariencia enjuta y cuestionado en su propio partido.

Pero resultó que el viejo, débil y enclenque Corbin llenaba los mítines de jóvenes y su campaña dominaba las redes sociales. ¿Qué había fallado? El cálculo. Mucha gente tenía motivos para desconfiar del advenimiento de una nueva dama de hierro. Y Corbin resultó ser más hábil en el manejo de las metáforas. Por ejemplo, cuando calificó de “tasa a la demencia” la propuesta de May de cobrar la asistencia domiciliaria a los enfermos que tuvieran un patrimonio superior a las 100.000 libras, incluida la vivienda, que tendrían que vender si no tenían otros recursos. Esas dos palabras definían muy bien el marco ideológico en el que quería situar Corbin a May: la derecha justifica sus medidas alegando que pretende la sostenibilidad del sistema pero en lo único que piensa es en exprimir a los pobres, y ahora también a los enfermos.

La lucha por imponer un relato es constante. Lo hemos visto en el intento del PP de presentar la amnistía fiscal de 2012, brutalmente descalificada por el Tribunal Constitucional, como una medida inevitable, de la que el ministro Méndez de Vigo dijo incluso el viernes que sirvió para evitar el rescate de España. Ya en su momento se justificó en la necesidad de obtener ingresos para hacer frente a la crisis. Pero, como ha establecido el Constitucional, con esta amnistía el Gobierno, en lugar de perseguir el fraude fiscal, lo que hacía era perdonar a los defraudadores y dejar de ingresar un dinero muy necesario.

Esta semana hemos visto un intento de manipulación todavía más grosero en la moción de censura presentada por Podemos en la Asamblea de Madrid. Para contrarrestar la imagen del PP como un partido corrupto, los escuderos de Cristina Cifuentes intentaron caracterizar a Podemos como un partido de “pederastas y narcotraficantes”. El problema de este tipo de estrategias es que la construcción del relato debe estar mínimamente basado en alguna realidad tangible. Y mientras los juzgados están llenos de casos de corrupción protagonizados por primeras espadas del PP, ¿donde están los pederastas y traficantes de drogas de Podemos? Como dice en el documental la catedrática de la Universidad de Barcelona Estrella Montolío, la manipulación del discurso no solo sirve para imponer un relato, sino para ocultar realidades negativas para los ciudadanos. Pero la grandeza del lenguaje es que, igual que sirve para enmascarar, puede servir para desenmascarar. De eso va Clase valiente.

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