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Jóvenes en la onda

Un proyecto en La Ventilla trata de favorecer la integración de chicos en riesgo de exclusión social a través de la radio

Cristian, de espaldas, se dirige a sus compañeros durante el programa de radio.
Cristian, de espaldas, se dirige a sus compañeros durante el programa de radio.

Son hijos del nuevo milenio, han crecido con la televisión, Internet, los teléfonos móviles y el Whatsapp. Hubo un tiempo, sin embargo, en que no existía nada de eso. La radio era el medio de comunicación más popular y el eje vertebrador de una sociedad en blanco y negro. Lo que no aparecía en ella, no existía. Lo ha descubierto por sí mismo un grupo de jóvenes en riesgo de exclusión social de entre 14 y 18 años del barrio de La Ventilla, a escasos metros de las torres KIO. Cada martes por la tarde, durante una hora (de 17.30 a 18.30), se ponen delante de los micrófonos de Radio Almenara y emiten su propio programa en el 106.7 de la FM. También por la Red. Hablan de desarrollo personal, de educación en valores, de empoderamiento.

“El tiempo que pasamos aquí no nos metemos en problemas”, subraya Óscar Núñez, un chico de 18 años y origen dominicano. Es el presentador del programa Ondas jóvenes, en el que otros cinco adolescentes ponen voz. Cada uno de ellos tiene su propia sección. Es parte de un proyecto que coordinan dos entidades, la Asociación Lugares Comunes y Andecha, y que está financiado por la Obra Social de La Caixa. “Intentamos que se pongan en el lugar del otro, que tiene los mismos miedos, las mismas inseguridades”, explica Carolina Bajo, trabajadora social de Andecha. “La discriminación suele tener una base de desconocimiento. Aquí prevenimos situaciones de violencia”, añade Sara Jiménez, psicóloga de Lugares Comunes.

Comenzaron a emitir en octubre, cuando los jóvenes ya llevaban un mes conociendo el medio a través de Candela Rossi, voluntaria en Radio Almenara, una emisora comunitaria que nació a principio de los noventa. En una pequeña sala insonorizada, con aparatos rudimentarios para propagarse en las ondas pero con mucha voluntad, Candela es la sombra de Cristian, 16 años, que hace las veces de técnico de sonido. Sus compañeros se sientan alrededor a la espera de recibir instrucciones. Con una mano maneja la mesa de sonido y con la otra señala a Víctor, de 16 años, que abre el programa hablando de dibujos de manga. En su sección, Cristian diserta sobre videojuegos. Óscar, en Más allá del fútbol, descubre el frisbee ultimate, un deporte sin contacto físico y el argentino Fabrizio Moreno, de 17 años, relata fobias en El sótano.

Nuevos espacios

“Yo la zurro en los labios, no dice nada / me agarra de los huevos, escupe y traga”. El estribillo de Labios tatuados, una canción de Costa, retumba en las paredes. Mirian García, de 17 años y origen dominicano, denuncia la letra: “La gente se deja llevar por el ritmo, pero no le interesa la letra”. Ella misma, asegura, ha bailado muchas canciones como esta. Se alarmó al analizarlas. Así nació su sección, Si no lo veo, no lo creo. “El taller me da la posibilidad de hacer amigos, pero también me permite hablarle a gente de mi edad para ayudarles”, se sincera. No son locutores profesionales, pero lo parecen. “Los primeros días ninguno de nosotros quería hablar en directo. Luego te sueltas”, afirma Óscar, que espera continuar con el programa después de junio, cuando acaba la aventura.

Candela Rossi, de Radio Almenara, da explicaciones a los miembros del taller. ampliar foto
Candela Rossi, de Radio Almenara, da explicaciones a los miembros del taller.

Las risas traspasan la puerta del estudio, suben la escalera y llegan hasta el piso superior. La hora de emisión pasa rápida así. Casi no hay tiempo de entrevistar a Jara, Ander y Juanma, vecinos vinculados a proyectos sociales. “Es difícil traer cosas al barrio, como si aquí se levantara el muro de Trump”, explica Juanma, que invita a los jóvenes a demandar nuevos espacios. “Es complicado comenzar a hacerlo cuando, desde pequeño, te has acostumbrado a no tenerlos”, le responde Óscar en directo. No lo saben, pero su voz ya ha comenzado a derribar barreras porque, sin este taller, sostiene Sara Jiménez, “los chicos, de distintos perfiles, ni siquiera habrían comenzado a hablarse”.

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