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El oso y el madroño cumplen 50 años

La estatua, obra del escultor Antonio Navarro, pesa más de 20 toneladas y ya es un icono de Madrid

La icónica estatua del Oso y el Madroño en la Puerta del Sol.
La icónica estatua del Oso y el Madroño en la Puerta del Sol.

Ya lleva cinco décadas inmóvil, en bronce, tratando de alcanzar insistentemente la copa del madroño, ejerciendo de símbolo de la ciudad y, en la práctica, de lugar de encuentro para las citas de cientos de ciudadanos en la Puerta del Sol. ¿Dónde quedamos? Donde el Oso y el Madroño. Lo que habrá visto este oso.

La estatua del Oso y el Madroño, que estos días cumple 50 años (se colocó el 20 de enero de 1967), es obra del escultor Antonio Navarro Santafé, nacido en Villena, Alicante. “Nació de familia humilde y se fue pronto a Madrid a ganarse la vida”, cuenta Pepe Hernández, presidente de la Casa Museo del artista, en aquella localidad. Experto en representar animales (aunque no solo) fue ascendiendo en la escalera del arte hasta recibir el encargo de esculpir un oso para el Parque de Berlín. Gustó mucho, y el entonces alcalde Carlos Arias Navarro le encargó unas figuras del oso y el madroño para regalar a autoridades visitantes, según relata Hernández. Luego llegó el encargo de la Puerta del Sol. “Me han dado el mejor lugar de Madrid y el mínimo tiempo para hacer el encargo”, dicen que dijo el artista. Solo tres meses. La estatua costó 200.000 pesetas de la época.

Aunque el oso pasó largos años, entre 1986 y 2009, en la desembocadura de la calle Carmen, recientemente ha vuelto a su posición original, donde confluye la calle Alcalá y posa sin inmutarse para millones de selfis. El conjunto de la estatua y el pedestal mide más de cuatro metros y pesa 20 toneladas. “Cuando se colocó hubo miedo de que se venciera el suelo, perforado por los túneles del metro”, comenta Hernández.

Hay polémica, y estos días se vio en Twitter. El oso… ¿es macho o hembra? Según cuenta Hernández el artista se inspiró en un oso pardo macho de la Casa de Fieras del Retiro capturado en los Picos de Europa, y lo llamó Felipe. Aunque el oso de la estatua no tiene atributos masculinos, se dice que están ocultos por el frondoso pelo.

Sin embargo, el origen no está tan claro. “No hay fuentes históricas sobre el nacimiento del símbolo, solo algunas especulaciones y leyendas”, afirma el historiador Juan Carlos González, presidente de la asociación Carpetania. “Podría ser que en principio fuera una osa, símbolo de la fertilidad, como la loba capitolina que se asocia con la ciudad de Roma”.

El símbolo nació en la época medieval. “Era común asociar ciudades a animales y puede que hubiera osos en la sierra. Además, también puede tener relación con la constelación de la Osa Mayor, que tiene siete estrellas, como los siete picos de la sierra de Guadarrama. El siete es un número cabalístico, mágico”, explica el historiador. Sea como fuere, con el tiempo el sexo de la osa fue cambiando al oso actual. Respecto al madroño, es un arbusto mediterráneo que puede que ocupase el lugar que hoy ocupan los pinos en la Casa de Campo. Se dice que en el siglo XIII hubo una disputa sobre territorios entre la Villa y el Cabildo de Curas y Beneficiarios. La Villa se quedó con los territorios arbolados e incluyó al madroño en el escudo. En cualquier caso, leyendas aparte, Felipe, el oso bien sólido, seguirá cumpliendo años en el centro de Madrid, citándose con la gente.

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