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El Hospital de Torrejón reduce un 60% la medicación por depresión gracias a la terapia con animales

El contacto con los perros lograr aumentar un 80% la asistencia a consultas de los pacientes esquizofrénicos

El Hospital de Torrejón reduce un 60% la medicación por depresión gracias a la terapia con animales
Torrejón de Ardoz

Hospital de Torrejón, 11.00 horas. Un grupo de ancianos con depresión está sentado en una sala. Forman un círculo con sus sillas. Llegan Tango y Ron, dos perros de terapia y la habitación se llena de risas, conversación y alegría. Esta magia se produce todos los martes y jueves en el hospital. Hoy, Begoña y Miguel, miembros de Yaracán, organización dedicada a la terapia asistida con animales, plantean varios ejercicios para que los mayores saquen a flote su positividad, fluyan las emociones y ejerciten su memoria.

Tango, de raza Golden retriever y con cara de sabio bonachón, se acerca a Pepita, casi ciega, que dice sentirse muy triste. Se coloca pegado a sus tobillos y espera a que le acaricie. “He dormido muy mal, pero luego me he acordado que hoy tocaba perros y me he puesto tan contenta de saber que venía a verles otra vez”, comenta sonriente, mientras acaricia a Tango. Mientras, Ron, un bichón maltés, vivaracho, activo y alegre mira a los componentes del grupo y se acerca a la persona que parece más cohibida. Es su primer día de terapia, Andrés se relaja y sonríe cuando Ron se acerca a saludarle. “Los perros tienen empatía e instinto para saber qué persona del grupo necesita más atención, cuando se encuentra peor”, explica Begoña Morenza, directora Yaracán, de perros de terapia.

Morenza reparte tarjetas entre los asistentes para un juego con el que se pretende mejorar la memoria. Los ancianos colocan por orden, entre risas y bromas, las pautas de la rutina diaria, mientras Tango apoya las patas en la mesa para captar la atención de los participantes y supervisar si lo hacen bien: desayuno, apago la luz y el gas al salir de casa, cojo las llaves… Estos ejercicios son claves para personas como Antonio. Tiene 63 años y su memoria le juega malas pasadas, debido a una depresión. “En una ocasión olvidé apagar el fuego y dejé una cazuela, cuando volví se había consumido todo el agua”, explica este jubilado, cuya enfermedad le impide vivir solo y salir de casa, excepto cuando viene a la terapia de grupo con los perros del hospital. “Antes no quería vivir, ni ver a nadie, pero desde que vengo con los perros, hace tres años, estoy mucho mejor”, reflexiona, emocionado.

Cuando en el año 2012, el director del Hospital de Torrejón, Ignacio Martínez Jover, reunió a su equipo de especialistas con Begoña Morenza para trasladarles la propuesta de trabajar con perros que les ayudaran a obtener mejores resultados con sus pacientes, “nos quedamos sorprendidos y sonreímos de manera escéptica”, explica Helena Díaz, jefa de Psiquiatría del hospital. “Pero ahora, estoy encantada de haber abierto las puertas a la iniciativa, porque los resultados son muy buenos y el secreto está en que el perro no juzga ni cuestiona al paciente, lo que le permite abrirse y relajarse para trabajar en la dinámica de la terapia, siempre dirigida por el médico, que es quien establece los objetivos de trabajo con los pacientes”.

La presencia de un perro en un hospital puede dar una imagen “pintoresca, excéntrica o circense de un entorno rodeado de seriedad, por lo que no todos los médicos aceptan el trabajo con ellos. Pero lejos de ser así, se trata de una terapia eficaz con la que se obtienen resultados reales, como: la disminución de la medicación en los pacientes, la reducción de la ansiedad, la tristeza o la sensación de soledad, así como la mejora de la memoria, la autoestima y la psicomotricidad”.

La integración laboral y social son otros de los objetivos que se logran con los pacientes del hospital. “A mí, me ha ayudado a no aislarme, a salir de casa y retomar estudios para ser auxiliar de terapia con animales”. Explica, ilusionada, Mónica, una paciente del grupo de psicóticos jóvenes que participa en el programa de terapia con animales.

Los niños con Trastorno por Déficit de Atención (TDH) son otro de los grupos de pacientes cuyo terapeuta trabaja con animales. “Se trata de los pacientes con los que mejores resultados se obtienen del trabajo con los perros. Son niños acostumbrados a que todo el mundo les riña por su mal comportamiento, pero el perro actúa como un catalizador de sus emociones, que no les cuestiona. Las regañinas desaparecen y el paciente se relaja”, describe la psiquiatra del hospital, Helena Díaz.

Con la terapia se obtiene reducción de la ansiedad, la tristeza o la sensación de soledad

La empatía entre niños y animales es habitual, por lo que la organización Yaracán también trabaja, en horario escolar, con dos colegios (Príncipe de Asturias, en Aranjuez y el colegio vallecano Los Álamos), a través de programas coordinados con el profesorado que ayudan a la integración, educación y aprendizaje de los más pequeños.

Tras analizar y medir los resultados en bienestar y salud de los pacientes participantes del programa de terapia con perros en el Hospital de Torrejón, otros centros médicos, como el Gregorio Marañón, “comienzan a interesarse por introducir de manera sistematizada esta herramienta, que reduce costes al sistema sanitario, porque disminuye el uso de medicación y los pacientes pueden prescindir antes de su tratamiento”, asegura la psiquiatra, Helena Díaz.

Los datos recopilados por la Unidad de Salud Mental del Hospital de Torrejón avalan la eficacia de la terapia asistida con animales. Se ha conseguido reducir a la mitad el uso de fármacos en el caso de los niños y aumentar en alrededor de un 80% la asistencia a la consulta de los pacientes esquizofrénicos (habitualmente son reticentes a hacerlo). En el caso de los pacientes con depresión, un 60% de ellos ha podido reducir su medicación, gracias a su participación en el programa de terapia asistida con perros.

“Para que estos programas sean un éxito, los equipos que lo desarrollan han de tener una preparación adecuada, ser profesionales y especialistas en este tipo de intervenciones, porque nos enfrentamos diariamente al trabajo con personas muy vulnerables, donde no tiene cabida la improvisación y todas las sesiones están minuciosamente preparadas”, explica Morenza.

En cuanto a los perros de trabajo, la pieza angular de este tipo de terapia, “deben tener rasgos de temperamento y carácter, como que les guste el contacto con la personas, así como que tengan una preparación específica para que sean pacientes, disciplinados, predecibles y gestionen de manera adecuada cualquier situación”.  

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