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Pasando cuentas con Sijena

Las monjas recuperaron 92 de las 194 piezas depositadas en el MNAC, entre ellas las más valiosas

12 de las 43 cruces de Malta que las monjas de Sijena depositaron en 1972 el MNAC y recuperaron en 1974.
12 de las 43 cruces de Malta que las monjas de Sijena depositaron en 1972 el MNAC y recuperaron en 1974.

En el conflicto que enfrenta a Aragón y Cataluña por el patrimonio del monasterio oscense de Villanueva de Sijena conservado en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) y el Museu de Lleida las cifras no cuadran en cuanto al número de piezas que se depositaron y las que se han recuperado a lo largo de los años. Eso ha llevado a que desde Aragón se haya dudado que el MNAC haya devuelto todas las piezas depositadas y guarde “secuestradas” alguna más. Y es que no todo está claro en el caso Sijena, ya que pese a lo afirmado, el depósito realizado por las monjas sanjuanistas de Sijena tras su llegada a Barcelona en 1972 no fue el único, hubo dos más. Por el contrario, el pasado 26 de julio, en cumplimiento de la orden que dictó un juzgado de Huesca tras la sentencia que obliga a devolver los objetos comprados por la Generalitat y el MNAC no se devolvieron 53 piezas, como se ha explicado, sino 110, más del doble.

Pinturas murales con contrato desde 1992

El 17 de diciembre de 1992 se pactó la compra de 53 objetos entre la Generalitat y las monjas de Sijena que habían acabado incardinadas con las sanjuanistas de Barcelona, pagando casi 40 millones de pesetas. Ese día se firmó otro contrato entre el consejero Joan Guitart y la madre federal Pilar Sanjoaquin, por el que cedían en custodia, de modo indefinido, las pinturas murales de la sala capitular a la Generalitat para su exhibición, de modo que no podían reclamarlas si se exhibían. Las monjas se comprometían a obtener autorización para donarlas de forma definitiva al MNAC.

No cabe duda de que la Generalitat relacionó la compra de los objetos con el intento de conseguir las pinturas recuperadas tras el incendio del monasterio en 1936. El contrato fue presentado por el MNAC en el juicio en el que se reclaman estas pinturas, tal como recoge la sentencia de julio dictada por el Juzgado de Primera Instancia Número 2 de Huesca.

Sin embargo, la jueza pone en duda la validez del contrato y mantiene que la Generalitat las tiene “en precario”. Lo argumenta diciendo que dicho contrato no había aparecido hasta ahora, que nada se dice de él en la página web del MNAC, que las monjas actuales no tienen constancia del mismo y que éstas no han hecho nada para acabar cediéndolas, sin tener en cuenta que las actuales monjas nada tienen que ver con las que firmaron. Este punto es uno de los muchos que la Generalitat ha recurrido ante la Audiencia Provincial de Huesca.

Reconstruir el trajín de piezas es complejo porque desde que se produjo el primer depósito hasta hoy ha pasado casi medio siglo en el que toda ha cambiado: El monasterio ha dejado de pertenecer a la diócesis de Lleida —que concedió permiso a las monjas para trasladarse a Barcelona, depositar y vender las obras—; las monjas de Sijena han fallecido todas en el exilio catalán y las que habitan el monasterio desde 1985 son de la orden de Belén que nada tiene que ver con las anteriores. Para colmo, Virginia Calatayud, heredera de las monjas de Sijena (según le reconoce el Vaticano), ha declarado ante el juez que desconoce “todo, absolutamente todo, de Sijena”; que “nunca había visitado las pinturas en el MNAC” y que “muy pocas veces, poquísimas, había visitado el monasterio de Sijena”, ya que Calatayud ha profesado en Gandía, Barcelona y Álava, pero nunca en Sijena.

Los documentos permiten reconstruir el cambio de manos de las piezas de las monjas al museo y viceversa en diferentes momentos. El 10 de abril de 1972, el mismo día que la priora Angelita Opi y tres monjas obtienen permiso para trasladarse de Sijena a Barcelona, se formaliza un depósito de gran parte de las piezas que habían traído. En concreto 116 piezas según consta en el documento que firmó Opi y Joan Ainaud, director de los museos de arte de Barcelona. Entre las piezas depositadas, 43 cruces de malta en oro de diferentes calidades que recibían las monjas al entrar a profesar, un cuna de pesebre, seis relicarios, dos cálices y tres portapaces, uno de ellos, una joya del gótico internacional esmaltado con una imagen de Cristo en nácar. Entre los acuerdos se estipulaba que “en cualquier momento podrá retirarlos en todo o en parte mediante aviso verbal”. Y así lo hizo. Dos meses después, el 20 de junio de 1972, Opi reclamó uno de los cálices “de plata bañada en oro con cabezas de ángeles” para, alegó, celebrar San Juan el día 24, tal y como consta en los documentos conservados en la Junta de Museos.

Cáliz depositado en abril de 1972 por las monjas de Sijena en el MNAC y retirado dos meses después por la priora Opi.
Cáliz depositado en abril de 1972 por las monjas de Sijena en el MNAC y retirado dos meses después por la priora Opi.

El 20 de septiembre de ese mismo año se realizó otro depósito. En concreto de 65 objetos, entre ellos una caja fuerte de hierro, un relicario con restos de San Luis Gonzaga, libros y ropa litúrgica. Hasta el 9 de octubre de 1973 los objetos depositados eran pues 180. Ese día las monjas reclamaron unas vinagreras de plata para contener el vino y el agua utilizadas celebrar la eucaristía, por lo que el depósito era de 179 piezas.

Relicario en forma de retablo del siglo XVI, devuelto en 1993 a las monjas de Sijena.
Relicario en forma de retablo del siglo XVI, devuelto en 1993 a las monjas de Sijena.

En junio de 1974 la priora Opi fallece en la casa rectoral de Valldoreix, donde estaba alojada toda la comunidad, las de Sijena y las de Barcelona, esperando que abriera el nuevo convento. El 14 de octubre, ya bajo el mandato de la nueva priora Pilar Sanjoaquin, se produce un doble traspaso. Por un lado se entregan en depósito 13 nuevas piezas, entre ellas las dos puertas del palacio prioral del siglo XIII, y, por otro, las monjas se llevan las 43 cruces que habían entrado al museo dos años antes, por lo que quedaban 149 obras en el museo. El 7 de julio de 1975 se solicitan más obras; en este caso cinco piezas de gran valor como son una corona del Niño Jesús, una diadema de la Virgen, un cáliz y dos sagrarios, todo de plata.

En 1976 las monjas venden al museo una pieza, el portapaz de oro esmaltado y nácar que fue robado en 1991 y del que no se ha vuelto a saber nada. Y en 1982 una segunda: un frutero de plata del siglo XIV. Quedando 142 piezas. El último movimiento de obras se produce en 1993, cuando las monjas reclaman 42 piezas que habían sido depositadas 21 años antes, en 1972. Agrupadas en 23 lotes —como el que incluye 18 piezas de un pesebre del que también forma parte la famosa cuna con baldaquino que fue retirada por los Mossos d’Esquadra de una subasta en enero y que luego la policía judicial sustrajo de la vivienda de los actuales dueños y se la llevó a Zaragoza—, estas 42 piezas son las que la Generalitat catalogó antes de devolverlas, pasando a formar parte del Inventario del Patrimonio Catalán, algo que obliga a sus propietarias a informar de todo cambio. Desde 1993 no se ha tenido noticia de estas obras, por lo que las monjas sanjuanistas herederas de Sijena podrían ser multadas por la Generalitat con hasta 138.000 euros, según establece la ley.

La última salida de obras del MNAC fueron los 53 objetos que el museo se entregó el 26 de julio en cumplimiento de la ejecución de la sentencia dictada en 2015 por la juez de Huesca que obliga a devolver un total de 97 objetos a Aragón. Estas piezas se habían comprado el 17 de diciembre de 1992, cuando las monjas enajenaron a la Generalitat —y por eso Aragón y el Ayuntamiento de Sijena también denunciaron a las religiosas— 12 bienes que había en depósito y concedió un derecho de compra al MNAC sobre 41 bienes más que se ejecutó en 1994. Las obras se vendieron por un total de 39,8 millones de pesetas. Sin embargo el museo no devolvió 53, sino 110 piezas, según consta en el listado que se entregó al gobierno de Aragón.

En total se depositaron en las tres ocasiones 194 piezas y se devolvieron 202, produciéndose un desfase de ocho piezas (más las dos compradas). “Es normal, porque los inventarios no siempre coinciden y donde se registra una pieza luego son dos”, destacan desde el MNAC, que dejan claro que en sus almacenes no queda ninguna obras de Sijena objeto de litigio y que las compras se realizaron siempre de piezas que estaban depositadas en el museo, “nunca con piezas que tuvieran las monjas en su poder”.