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El esplendor de Sorolla

La casa museo del pintor exhibirá una retrospectiva que ha sido un éxito en Múnich y Giverny

El estudio de Joaquín Sorolla, en su casa museo, con el último cuadro que pintó. Ampliar foto
El estudio de Joaquín Sorolla, en su casa museo, con el último cuadro que pintó.

Para Joaquín Sorolla (Valencia,1863-1923), diseñar y construir su casa en Madrid era uno de sus mayores sueños. Y lo logró. En 1909, tras el éxito en Norteamérica, invitado por el hispanista Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society, comenzó las obras de su residencia, donde vivió, rodeado de jardines, hasta su muerte en 1923. El Museo Sorolla, que conserva la obra más completa del maestro valenciano, se prepara estos días para recibir la primera exposición internacional que organiza la institución, precedida del triunfo obtenido en el Museo Kunsthalle de Múnich, donde la han visitado más de 175.000 personas, y en el Musée des impressionnismes de Giverny, localidad a 80 kilómetros de París, refugio de Claude Monet, y donde todavía se exhibe.

Sorolla en París recorre la fulgurante carrera del artista desde que visita por primera vez la ciudad con 23 años y presenta Triste herencia, cuadro galardonado en 1900 con el Grand Prix en la exposición universal. “Supuso el respaldo de crítica y del público, y su consagración internacional. Sorolla crece como artista mirándose en París”, señala a EL PAÍS la bisnieta del pintor, Blanca Pons-Sorolla, comisaria de la exposición junto a María López Fernández. Sorolla aprovecha su estancia en la ciudad de la luz para empaparse y analizar la pintura de los artistas del norte de Europa, que al igual que él, participan con sus obras.

Cinco años antes se había presentado en la capital francesa con La vuelta a la pesca, -que se puede contemplar en el Museo d’Orsay-, y había obtenido la segunda medalla del Salón de los Artistas Franceses. “El camino iniciado allí le conduciría hacia una de sus obras maestras, Sol de la tarde, pintada en 1903 en la playa de El Cabanyal [Valencia] ”, destaca María Luisa Menéndez en el libro Joaquín Sorolla, Técnica Artística, editado por el Ministerio de Cultura.

Sorolla confesó que con La vuelta a la pesca, encontró el ideal artístico que pretendía; con el lienzo Sol de la tarde, adquirido por la Hispanic Society, plasma, por primera vez, con plena madurez pictórica, coinciden los expertos. “Y precisamente, no el color, sino el aire es lo que ha pintado Sorolla y lo que sublima su pintura”, escribe Azorín. “Los premios le espolean”, afirma su bisnieta.

Sorolla y la fotografía

Sorolla tenía dos años cuando, a causa del cólera, pierde a sus padres. Él y su hermano fueron acogidos por su tía materna, Isabel Bastida, y su esposo, José Piqueres, dueño de una herrería en el camino viejo del Grao.

A los trece años lo matricularon en la Escuela de Artesanos de Valencia, continuando su formación en la Academia de Bellas Arte de San Carlos. Mientras estudia empieza a trabajar como ayudante del conocido fotógrafo, Antonio García Peris, que más tarde se convertiría en su mecenas y suegro. García le cede un espacio en su estudio para que pueda pintar y le asigna una pensión que disfruta hasta que se casa con su hija Clotilde.

Trata de blancas y Cosiendo la vela forman parte de esa etapa en el que el realismo social le interesa más que las obras de historia. Pinta sobre las preocupaciones cotidianas que comparte con su amigo, el escritor Vicente Blasco Ibáñez. En su juventud, Sorolla militó en el partido republicano de Blasco, al igual que otro amigo del pintor, el escultor valenciano, Mariano Benlliure. Aunque más tarde evolucionó hacia posiciones monárquicas.

El ascenso de Sorolla es ya imparable. Aumenta su presencia internacional con exposiciones individuales en Europa y América. Es una época de gran producción. Sorolla tiene más de 4.000 obras catalogadas. En 1906 expone 497 obras en la famosa galería de arte francesa George Petit. El artista conquista Paris. “Logra transmitir la pasión que le envuelve para su trabajo, su familia. Para todo. Le entusiasma la vida y eso lo vuelca en sus dibujos, sus apuntes y su pintura”, destaca su bisnieta.

Retrato del presidente de EE UU, William Taft.
Retrato del presidente de EE UU, William Taft.

Es el tiempo en el que pinta el mar de Valencia, de Jávea, San Sebastián y Biarritz. “El triunfo de la luz y el color. Un momento mágico y maravilloso que se podrá disfrutar en la exposición”, asegura Blanca Pons-Sorolla, “con cuadros de actividades marineras como Pescadores valencianos, adquirido por la National Galerie de Berlín, y Fin de jornada. “Aquello no es pintar, es robar a la naturaleza la luz y los colores”, exclama Blasco. Sorolla pasa muchas horas de pie, trabajando el lienzo al aire libre. Solo se protege del sol con un sombrero de ala estrecha para que no cambie la tonalidad de la luz.

En 1911 vuelve a exponer en Estados Unidos. Ya durante su anterior estancia había retratado, entre otros, al presidente de los Estados Unidos, William Howard Taft, que posó en la Casa Blanca para el pintor. Ese año acepta el encargo de Huntington de decorar al óleo la biblioteca de la Hispanic, de setenta metros de largo por tres y medio de alto, con motivos españoles y portugueses. Necesitó siete años en vez de los cinco acordados. Un año después, mientras pinta en el jardín de su casa el retrato de la mujer del escritor Ramón Pérez de Ayala, sufre un ataque de apoplejía que le impedirá pintar. Fallece tres años más tarde. Está enterrado en el cementerio de Valencia. El retrato inconcluso permanece en el mismo lugar donde tuvo que dejarlo el artista. En su casa museo.

Otra perspectiva del estudio de Sorolla. ampliar foto
Otra perspectiva del estudio de Sorolla.

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