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Salvad Filosofía y Letras

El Consejo de Patrimonio promueve a Monumento la sede donde Ortega y Gasset, María Zambrano, José Gaos y Aranguren impartieron sus clases

El Consejo de Patrimonio de la Comunidad de Madrid ha decidido por unanimidad declarar Bien de Interés Cultural, en calidad de Monumento, el histórico edificio A de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense, el primero de cuantos fueran construidos en el campus madrileño a partir de 1933. La Dirección General de Patrimonio del Gobierno regional de Madrid reactivó en junio el expediente, casi cuatro décadas después de que fuera incoado.

José Luis López Aranguren es aplaudido al reincorporarse a la Facultad de Filosofía y Letras en octubre de 1976. Ampliar foto
José Luis López Aranguren es aplaudido al reincorporarse a la Facultad de Filosofía y Letras en octubre de 1976.

Esta decisión mitigará, siquiera de manera simbólica, los avatares que afectan ahora a los estudios de Filosofía, sometidos a una revisión que, según numerosos docentes, amenaza reducirlos a una expresión limitada. Por ello, la confirmación de la valía arquitectónica del centro universitario del que irradió lo mejor del pensamiento hispano, parece convertirse en un homenaje a José Ortega y Gasset, María Zambrano, José Gaos, Ramón Menéndez Pidal, Manuel García Morente, José Luis López Aranguren o Xabier Zubiri, que enseñaron en sus prestigiosas aulas, así como a miles de estudiantes que compartieron allí sus saberes.

Los estudiantes abarrotaban las aulas del viejo y céntrico caserón de la calle de San Bernardo y, con el impulso del rey Alfonso XIII, se decidió abrir un nuevo campus universitario en unos terrenos de la Corona junto a Moncloa. Fue el jienense Agustín Aguirre López (1892-1985) el arquitecto que ideara el edificio de la facultad ahora monumentalizada, que ha conservado a grandes rasgos volumetría, tipología y composición originales, incluso la cerrajería y las carpinterías con las que fuera concebido en 1932 y erigido, su primera fase, en seis meses por la compañía Huarte y Cía. Llegó a contar con el primer ascensor continuo de España, del tipo llamado “paternóster”.

Fachada de la Facultad de Filosofía y Letras. ampliar foto
Fachada de la Facultad de Filosofía y Letras.

Su planta en forma de H muestra un eje central con dos alas, porticado con vidrio, seguido de un espacioso vestíbulo con vidriera y rematado por un tambor guarecido por soportales donde se encuentra su paraninfo, un hemiciclo de ventanales jalonados por columnas, con lucernario cenital móvil.

Gracias al polígrafo Américo Castro, que desde comienzos del siglo XX batalló por sacar los estudios de Filosofía de la prieta malla de la Escolástica, el institucionista ilustrado Manuel García Morente, embajador de la República en Berlín, lograría ver prosperar un Plan de Estudios innovador que dio a la Filosofía española el vuelo que en el siglo XX merecía: su plan puso fin a la compartimentación, a los exámenes por asignaturas y a la expropiación de las cátedras por sus titulares que las detentaban al modo propiedades feudales. El enclave de la futura facultad dialogaba con la visible sierra de Guadarrama, tan cara a los próceres de la Institución Libre de Enseñanza.

La arquitectura racionalista de Agustín Aguirre daría expresión y asiento a aquella manera nueva de acceder e impartir el pensamiento filosófico. Lo consiguió mediante una propuesta constructiva glosada por el catedrático Javier Mosteriro, donde todo adorno quedaba excluido, para dar paso a una tectónica a base de una estructura de hormigón, una espacialidad diáfana y una composición de sencilla hechura con ladrillo, caliza y granito, de fachadas apaisadas, narrada con un relato con “leves evocaciones del expresionismo alemán y centroeuropeo, concretamente el checo, que el arquitecto -coautor de la casa de Suecia con Mariano Garrigues-, conocía a fondo”, según asegura el arquitecto Jaime Tarruell. El derechismo conservador de Agustín Aguirre López, tío abuelo de la expresidenta de la Comunidad de Madrid -explica Tarruell- “no fue óbice para que el presidente del Gobierno y catedrático de Fisiología, Juan Negrín, facilitara al arquitecto la salida de Madrid al declararse la guerra” a consecuencia del golpe militar cruento del 18 de julio.

Primera línea del frente de batalla

Precisamente, la Facultad de Filosofía y Letras quedaría en la primera línea del frente de batalla, hostigada por tropas coloniales y regulares traídas de África al mando del general Emilio Varela y defendida por milicianos de la anarquistas seguidores de Buenaventura Durruti, así como por la XIª Brigada Internacional al mando del comunista Emile Kléber. El fragor de los combates fue tan descomunal como para que los defensores de la posición republicana recurrieran a voluminosos libros, que la Facultad atesoraba, para así parapetar ventanas y vanos.

Los libros fueron posteriormente reunidos en lugares seguros por una unidad de recuperación artística integrada por las Juventudes Socialistas Unificadas. No obstante se perdieron algunos códices muy valiosos, como ha escrito Marta Torres Santo Domingo, directora de la Biblioteca de la Universidad Complutense, si bien la profesionalidad de los bibliotecarios y la organización republicana del sistema librero salvó la integridad de la que fuera considerada segunda biblioteca española tras la Nacional.

Tras la guerra civil, la facultad quedó muy dañada y fue reconstruida en 1943. El escolasticismo regresó a sus aulas. La prodigiosa vidriera de Maumejean que decoraba su vestíbulo, Art Decó, explica Jaime Tarruell, reventada durante los combates, tendría que esperar hasta el año 2008 para verse rehecha por la saga familiar segoviana de los Muñoz de Pablos, según explica Santiago López Ríos, vicedecano de la facultad de Filosofía. Hoy, las alegorías que estampan los vitrales hacen destellar el esplendor de las civilizaciones que desplegaron el amor al saber por el que la Filosofía pugna desde tiempo inmemorial.

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