Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crónica

El arsenal civil

A mediados del siglo XIX aparecieron en Barcelona grandes astilleros como Talleres Nuevo Vulcano, La Maquinista Terrestre Marítima o el oximorónico Arsenal Civil

El Port de Barcelona, donde estaba el Arsenal Civil.
El Port de Barcelona, donde estaba el Arsenal Civil.

Esta es una historia poco conocida, tal vez porque el mundo del trabajo no interesa ni a quienes deberían estar generándolo. Nos habla de una época, a mediados del siglo XIX, cuando Barcelona se quiso convertir en una capital de la construcción naval, y aparecieron grandes astilleros como Talleres Nuevo Vulcano o La Maquinista Terrestre Marítima. Entre estas empresas destacó el Arsenal Civil, un taller de nombre oximorónico creado por Alexandre Wohlgemuth.

Wohlgemuth era un ingeniero belga que había estudiado en l’École Centrale d’Arts et Métiers de París, y que vino a Barcelona para colaborar en la factoría de gas que Charles Lebon estaba edificando en el Arenal, más allá del fuerte de San Carlos, en el municipio de Sant Martí de Provençals. No se entendió con el director y abrió despacho propio en la Rambla, donde se dedicaba a la venta e instalación de calderas y máquinas de vapor. Con el proyecto de ampliar el negocio, hizo sociedad con el mecánico Teodoro Allard y el fundidor francés Alejandro Jannuaire, fundando la Jannuaire Allard y Cia. En 1880, junto a sus socios y a Francisco Pascual Puig creó la firma Talleres Alejandro Wohlgemuth Hermanos, dedicada a la reparación de buques y a la construcción de maquinaria para la propulsión, gracias a un generador a vapor de cuatro caballos instalado en el número 18 de la calle Vila i Vilà. Allí comenzó a competir con Nuevo Vulcano y La Maquinista, obteniendo un encargo para tres juegos de calderas tipo Pelicano, con sus chimeneas, piezas de respeto y demás accesorios.

El inquieto Wohlgemuth reparó en las posibilidades que ofrecía la construcción naval, y comenzó a soñar en una gran fábrica que llegaría a bautizar como el Arsenal Civil. Para tal fin, eligió unos terrenos situados en la falda de Montjuïc, en la playa denominada de Can Tunis. En julio de 1886, la prensa comunicaba que había iniciado las obras, muy cerca del hipódromo de la Compañía Francesa de Carreras de Caballos; y ese mismo diciembre se anunciaba que había terminado su construcción. El mismo año la Marina le encargó construir tres cañoneras para la vigilancia de costas, que recibieron los nombres de Cóndor, Cuervo y Águila. Su diseño conoció tal grado de perfección que el cambió en 1902 de la caldera de la Cóndor, en el puerto de El Ferrol, provocó su explosión, pereciendo dos maquinistas y cuatro marineros, y resultando herida casi toda la dotación. Los astilleros del Arsenal Civil fabricaron las máquinas y calderas del vapor Joaquín del Piélago, así como toda clase de construcciones metálicas como grúas, barcazas, gánguiles y pontones. Sus encargos más populares se produjeron en 1888, cuando fundieron la columna del monumento a Colon (su firma puede leerse a los pies de los leones), y el grupo escultórico La Aurora que corona la fuente monumental de la Ciudadela.

En 1890, junto a la fábrica apareció la desaparecida barriada del Arsenal, donde vivían muchos de sus trabajadores. Tres manzanas con 17 casas unifamiliares cada una, dotadas de planta, piso y huerto trasero. Aquí se vivió intensamente la huelga de astilleros de 1892, mientras construían el puente de hierro que cruzó el Ebro a su paso por Tortosa; un año más tarde hicieron del mismo material el campanario de la catedral de Manila. En esos tiempos la empresa había quedado en manos de la Compañía Transatlántica de Claudio López Bru, segundo marqués de Comillas, mientras Wohlgemuth se retiraba. A partir de ese momento, el Wohlgemuth más popular de la ciudad fue su hijo, que tuvo un sonado affaire con la cupletista del Eden Concert Merceditas Seros. La Compañía Trasatlántica inyectó capital y amplió las instalaciones de Can Tunis, gracias a lo cual pudo fabricar calderas para buques militares como el Argos, el Otalora o el Samar, o para vapores como el Ardanaz. Asimismo inició la fabricación de material ferroviario, y participó en la construcción de los careneros para el servicio del dique flotante y deponente del puerto barcelonés. En esa época tenía sus oficinas en el número 4 de la plaza Duque de Medinaceli, y promocionaba máquinas, generadores y locomotoras de vapor.

Fue empezar el siglo XX y las cosas empezaron a torcerse, siendo multados en 1900 por disponer de más generadores de los declarados. Para colmo de males, en marzo de 1905 los accionistas acordaron suspender las operaciones de la sociedad, uno de sus últimos trabajos fueron los remolcadores-bomba Besós y Llobregat encargados por la Junta de Obras del Puerto, que fueron botados en 1906. A partir de ese momento sólo tuvieron pedidos de firmas vinculadas a la familia Comillas, como la Compañía Transatlántica, Hullera Española o Tabacos de Filipinas, produciéndose la paradoja que morosos y acreedores eran los mismos. Así, la liquidación se produjo en 1928, cuando el Consorcio del Puerto Franco de Barcelona expropió los terrenos. En los terrenos donde estuvo el Arsenal Civil se instaló la Real Asociación de Cazadores de Barcelona, que durante un tiempo practicaron el tiro al pichón. Y poco a poco, todo aquel paisaje se transformó en la Zona Franca, esa fachada de depósitos y almacenes que resigue la línea del mar.