Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Parques para todos

El geógrafo ambiental José María Sendarrubia recoge en una guía

25 espacios verdes de la capital

Una imagen de los almendros florecidos en La Quinta de los Molinos.
Una imagen de los almendros florecidos en La Quinta de los Molinos.

En la jungla de asfalto, el verde florece. Madrid es hormigón, acero y cristal, pero también sus múltiples parques urbanos, más de 5.000 hectáreas de terreno en los que la naturaleza emerge en diferentes formatos y para todos los gustos: desde los grandes espacios de la Casa de Campo, el Monte del Pardo o Madrid Río, a jardines escondidos, románticos y recoletos como los del Príncipe de Anglona; de lugares céntricos y emblemáticos como El Retiro o el Real Jardín Botánico, a espacios más alejados como la Quinta de los Molinos o El Capricho. Algunos extraños, como el jardín tropical de la Estación de Atocha, o con planetario dentro, como el Tierno Galván. El geógrafo ambiental José María Sendarrubia acaba de recoger 25 de estos espacios verdes en la guía Descubre los parques de Madrid (Ediciones La Librería), en la que sugiere rutas para conocer a fondo la historia, las anécdotas y la flora y fauna capitalinas.

"Madrid es una de las ciudades mejor provistas de espacios verdes de Europa, sobre todo si tenemos en cuenta el enorme espacio del Monte del Pardo", dice el autor, "estos lugares sirven como lugares de relajación y recreo pero, no lo olvidemos, también tienen una función ecológica y son los pulmones de la ciudad".

Y cuentan su historia: espacios como la Casa de Campo nos permiten conocer cómo era el territorio (el bosque mediterráneo, los encinares de 10.000 años de antigüedad) antes incluso de que Madrid existiera. Muchos espacios lo eran de disfrute exclusivo de la monarquía, el clero o las clases más adineradas (como El Retiro, que era retiro real, El Capricho, capricho de una duquesa, o la Quinta de la Fuente del Berro, que empezó alojando a monjes), la conquista por parte de la ciudadanía de estos espacios es también una narración de los cambios sociales. "A finales del XIX los espacios verdes empiezan a ser públicos, cada vez más partes del Retiro son abiertas mientras que el Parque del Oeste es desde sus comienzos un espacio público pensado para contrarrestar la insalubridad de la ciudad", dice Sendarrubia.

Parques para todos

La lucha de las asociaciones vecinales también propició la aparición de parques en terrenos que iban a ser urbanizados, como en el caso del de la Emperatriz María de Austria, en Carabanchel. Algunos de los últimos parques florecer han sido el de Felipe VI, de 340 hectáreas en Valdebebas (lo que le convierte en el segundo pulmón tras la Casa de Campo), o la reabierta Quinta de Torre Arias, que incluirá huerto urbano y mercadillo.

"Los madrileños valoran y frecuentan sus parques, pero suelen acudir a los más conocidos, como son El Retiro o Madrid Río. En esto actúan como turistas. Luego hay otros parques maravillosos, como la Dehesa de la Villa, la Fuente del Berro o las profundidades de la Casa de Campo que son menos explorados", explica el autor, que incluso habla de modas: la de tomar fotos de boda o comunión en El Capricho (en estas fechas abunda esta práctica) o la de ir a ver florecer los almendros en la Quinta de los Molinos al comienzo de la primavera.

Los problemas, además de este conocimiento desigual de los parques por los ciudadanos, es, según el autor, el poco cuidado que se tiene por algunos de estos espacios ("no se mantienen todos impecables por falta de presupuesto", dice el autor) o las mermas que han sufrido algunos en tiempos pretéritos, como el Retiro durante la construcción del Barrio de Salamanca, o mediante la instalación de grandes complejos como el Parque de Atracciones o el zoo dentro de la Casa de Campo.