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Catalán, castellano: una o todas

El diario EL PAÍS plantea a once escritores el debate abierto tras el manifiesto del Grup Koiné a favor de que el catalán sea la lengua preeminente en Cataluña

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Alzamora, Baixaulí, El Hachmi, Martínez de Pisón, Nadal, Olid, Roncagliolo y Serra.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Alzamora, Baixaulí, El Hachmi, Martínez de Pisón, Nadal, Olid, Roncagliolo y Serra.

Algunos son catalanes, otros no pero están establecidos en Cataluña; unos escriben en catalán y otros en castellano. A todos se les ha planteado dos preguntas concretas:

1. ¿Qué opina del debate abierto tras el manifiesto sobre el catalán del grup Koiné?

2. ¿En su opinión, qué política lingüística debería aplicar Cataluña?

Sebastià Alzamora

1. El debate como tal siempre es positivo, no creo que haga daño hablar de la lengua. Pero interfieren cuestiones políticas y sociales. No es sólo la lengua, también es sociolingüística, del papel de la lengua en la sociedad. En mi opinión, en una hipotética Catalunya independiente, lo normal sería que castellano y catalán fueran cooficiales. Más del 50% de los ciudadanos son castellanohablantes, me parecería un absurdo aplicar al castellano las mismas restricciones que sufrió el catalán. No me puedo imaginar una Cataluña monolingüe.

2. Algún lingüista me dirá que en Cataluña se hablan 300 lenguas, pero hay dos que son predominantes. Lo normal es que en los servicios públicos se puedan utilizar las dos lenguas, sin prejuicio para la lengua del territorio, el catalán, y que cualquier ciudadano pueda tener el catalán como lengua prioritaria.

Manuel Baixaulí

1. Me produce perplejidad leer y escuchar tantos insultos y críticas sobre un texto que, salvo alguna frase desafortunada, sólo exige que el catalán no sea prescindible para vivir en Cataluña. Insultos y críticas proferidos por gente que calla ante la censura y la represión del catalán aplicada en Valencia, donde no tenemos ningún medio de comunicación en la lengua propia, donde es muy difícil encontrar escuela en catalán.

2. La que los expertos en lengua, más que los políticos, decidan que impulsará la recuperación del catalán como lengua necesaria y asegure el respeto a todas las otras lenguas.

Desde la izquierda, Simó, Tusquets i Vidal-Folch
Desde la izquierda, Simó, Tusquets i Vidal-Folch

Najat El Hachmi

1. Si tenemos en cuenta que el manifiesto es una proyección defuturo, es lícito que expresen las inquietudes en relación a la lengua, pero no lo es tanto hacerlo con los mismos tópicos de siempre. Lo más molesto es que se siga relacionando los problemas de la lengua catalana con la inmigración cuando, de hecho, si no fuera por la inmigración, el catalán tendría muchos menos hablantes de los que tiene ahora.

2. Quizás sería intersante abrir un debate serio sobre el modelo lingüístico que queremos, pero un debate que incluya todas las voces y mejor si es despolitizado. Se dice que la inmersión tiene un gran consenso y yo también lo percibo así, pero quizás ya hace bastantes años que funciona y se podrían analizar sus virtudes y defectos. Tampoco hay que olvidar que hay otros territorios de habla catalana con los que quizá valdría la pena unir esfuerzos si se quiere mejorar la salud de la lengua.

Ignacio Martínez de Pisón

1. Ésta es la famosa desconexión: los independentistas han desconectado de la realidad.

2. No veo ningún motivo para no seguir practicando una discriminación positiva a favor del catalán con el objetivo de que acabe habiendo precisamente un bilingüismo real.

Rafael Nadal

1. Comparto una profunda preocupación por el futuro de la lengua catalana. Seguramente los promotores aciertan en el pesimismo del diagnóstico, pero no comparto el análisis histórico sobre la que se sustenta el manifiesto.

2. Desde una perspectiva democrática, el pacto sobre la lengua que viene de la transición sólo puede ser sustituido por otro pacto que comprometa a todos los sectores de la sociedad catalana. Mientras tanto, esperaría del gobierno y de las fuerzas políticas más convicción a la hora de promover el catalán en aquellos sectores en los que está ausente.

Bel Olid

1. Firmé el manifiesto a título personal y también como presidenta de la L'Associació d'Escriptors en Llengua Catalana (AELC). En el debate agradecería menos bilis y más argumentos, pero cuando se tocan temas tan sensibles como la lengua es de esperar que haya quien se exalte o, incluso, aproveche la ocasión para tergiversar. Ahora bien, no podemos dar por buenas determinadas visiones, como que defender el catalán sea sectarista y, en cambio, atacarlo sea normal.

2. Aclararé en primer lugar, porque parece que los que defendemos la supervivencia del catalán nos tengamos que justificar, que mi lengua materna es el castellano y que, como traductora y escritora, soy una apasionada de las lenguas y aprendo tantas como puedo. El castellano es una lengua que tiene el apoyo de varios estados, tiene más de 500 millones de hablantes y no corre ningún peligro. El catalán, en cambio, no está en esta situación y necesita una protección especial. No sé cuál es la fórmula legal que se utilizará, pero debe recuperar el papel que le corresponde socialmente como lengua propia de Cataluña.

Santiago Roncagliolo

1. Nunca había visto tantas figuras de la lengua que defiendan hablar menos lenguas. Nunca había visto a gente del mundo de la cultura defender la ignorancia. Me parece una muestra de que los nacionalistas pretenden volver a la gente cerril y tonta, porque ellos mismos están orgullosos de serlo.

2. Como padre de familia, quiero que mis hijos hablen todos los idiomas que se pueda. Les será útil para encontrar trabajo y para disfrutar de más culturas, como bien saben los hijos de Artur Mas y todos los dirigentes nacionalistas que pueden pagarse la misma educación que nos quieren negar.

Màrius Serra

1. Es un espectáculo poco edificante entre pigmeos, que son los míos, que quieren olvidar la lengua de los watusi, un deseo que no comparto. Veo la pelea gremial entre socios de ciencia mal avenidos: lingüistas y sociolingüistas. Me fascina constatar la miseria intelectual de las reacciones que ha suscitado, las más furibundas entre los que firmarían a ciegas un manifiesto similar en defensa del castellano en California. Finalmente, un rebote de aquel “no toca” pujolista, de los que tachan el debate de inoportuno. Yo no lo suscribo pero creo que actúa de espejo deformado de prejuicios muy arraigados.

2. No declararía ninguna lengua oficial en el proceso constituyente de la república catalana para no judicializar un debate complejo que exige flexibilidad y criterio. Reforzaría el apoyo al catalán de manera más inequívoca, tanto en la administración como en la enseñanza.

Isabel-Clara Simó

1. El catalán se está muriendo, y el bilingüismo lo sentenciará. Queremos derechos lingüísticos para todos los hablantes, pero no queremos güetos: el catalán nos unirá a todos. Queremos que el catalán y el aranés sean las lenguas del territorio (y en el futuro, de los Países Catalanes). Ahora bien: en Cataluña no sobra nadie, todos cabemos. Somos una lengua minoritaria, pero tan digna y útil como todas las demás. Queremos recuperar la dignidad.

Milena Tusquets

1. Opino que es una bobada. ¿Qué otra cosa se puede opinar? Una de nuestras virtudes (de los catalanes) es el bilingüismo. ¿No?

2. Cataluña es bilingüe. A mí me gustaría que los jóvenes saliesen del colegio hablando bien inglés y francés, son lenguas que se enseñan, pero mal, habría que mejorar eso.

Ignacio Vidal-Folch

1. No me había dado cuenta de que se hubiera abierto un debate ni me he molestado en leer el manifiesto, aunque lo firman sujetos de nivel ciertamente considerable. Pero tal vez imponer el monolingüismo catalán sería contraproducente para ellos; pues si el castellano fuese reducido a la misma consideración oficial que el punjabí no sería ya visto como una amenaza, y entonces el Poder no tendría excusa para subvencionar los productos de los firmantes. A estos, pues, más les conviene que se mantenga siempre viva la idea victimista de que el catalán está amenazado.

2. Cualquier padre de familia responsable debería reclamar para sus hijos la misma política lingüística que nuestras patrióticas clases dirigentes —empezando por los sucesivos presidentes de la Generalitat— aplican a sus hijos: escolarización en un colegio alemán, francés o británico, y así ahorrarles el handicap de la immersión.

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