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Madrid dará la alerta por polución antes de que salten las alarmas

Un total de 24 estaciones y 18 técnicos controlan la contaminación del aire en la capital en tiempo real

Vista de la contaminación en Madrid Ampliar foto
Vista de la contaminación con las Cuatro Torres al fondo, desde la A-6.

Cuando los madrileños se topan con carteles informativos de velocidad reducida en la M-30, ya se ha desencadenado una compleja red de alertas y de reuniones previas. Un total de 24 estaciones son las que dan la voz de alarma por altas concentraciones de dióxido de nitrógeno (NO2). A partir de ahí, 18 responsables, integrantes del llamado grupo operativo, se encargan de coordinar todas las actuaciones, como aumentar el número de autobuses de la EMT o la frecuencia del metro. El Ayuntamiento reconoce que en el actual protocolo fallan los sistemas de comunicación de episodios de alta contaminación y que se prevé solucionar este defecto en el próximo protocolo, que prevé que se emitan mucho antes las alertas a los ciudadanos.

El NO2 lo producen en un 75% los vehículos y, en especial, los motores diésel, que son los más contaminantes. Los automóviles generan tanto dióxido de nitrógeno como monóxido de nitrógeno. Este último, al entrar en contacto con el ozono, se convierte en NO2, lo que dispara la polución. La capital cuenta con 24 estaciones de medición distribuidas por puntos tan distintos y distantes como el monte de El Pardo, el Ensanche de Vallecas o el pleno centro como Cuatro Caminos o El Retiro.

“El contaminante es muy heterogéneo y no responde a unos patrones fijos. Entran en juego muchas variables, como que haya grandes edificios y no circule bien la poca brisa que pueda haber en la capital”, reconoce la subdirectora de Sostenibilidad del Ayuntamiento de Madrid, Ángeles Cristóbal.

La capital triplica el número de estaciones a las que está obligada. Según la legislación europea, bastaría con que hubiera tan solo siete. Estos enormes contenedores verdes miden cada pocos segundos y luego sacan la media cada diez minutos. Los datos se publican en la web municipal de manera automática, sin que intervenga ningún organismo ni filtro. “Nosotros, los responsables de la Concejalía de Medio Ambiente, nos enteramos a la misma vez que el ciudadano”, afirma la directora general de Sostenibilidad y Control Ambiental, Paz Valiente.

El protocolo actual, aprobado por Ana Botella el pasado 5 de febrero, fija el nivel de preaviso cuando dos estaciones de una de las cinco zonas en las que está sectorizada la ciudad supera durante dos horas seguidas los 200 microgramos de NO2 por metro cúbico. El de aviso, en los 250 microgramos y el de alerta (el más grave) en tres estaciones con más de 400 microgramos durante tres horas consecutivas.

A partir de ahí se desencadenan medidas para intentar recuperar la calidad del aire. En el preaviso se recomienda reducir la velocidad y en el de aviso se reduce en la M-30 y en las autovías de acceso a la capital. En caso de ser más grave, se prohíbe el aparcamiento en la zona de estacionamiento regulado o la entrada de los vehículos a la almendra central en función de si el último dígito de su matrícula es par o impar.

El protocolo recoge que cuando se superan los niveles es necesario que se reúna el grupo operativo. Este lo forman los directores generales de Sostenibilidad y de Emergencias, el jefe de gabinete de Medio Ambiente, tres subdirectores generales, la Policía Municipal, Movilidad, la EMT, un responsable del Consorcio Regional de Transportes, de la Dirección General de Tráfico y de la Guardia Civil. También se ha sumado, pese a no estar incluido, un responsable de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). En total, 18 técnicos.

“Todos los integrantes del grupo reciben un aviso en el móvil con la incidencia de contaminación. Al día siguiente se reúne este grupo operativo”, explica Valiente. Allí se estudian si han funcionado las medidas y el despliegue de los policías y los agentes de movilidad o, si por el contrario, es necesario reforzar algún servicio o transporte público.

Uno de los problemas que tiene ahora el Ayuntamiento es la comunicación al ciudadano de las restricciones de velocidad y de aparcamiento. Como los mayores niveles de NO2 se producen muy tarde, los escenarios se adoptan a última hora de la noche. Mucha gente no se entera hasta que está subido en el coche o cuando se levanta, con los consiguientes problemas. Eso ha generado numerosas críticas de los conductores que se han visto obligados a improvisar en más de una ocasión.

El futuro protocolo prevé que cuando se llegue a 180 microgramos ya se empezará a avisar. De hecho, la concejal de Medio Ambiente, Inés Sabanés, podrá firmar un decreto en el que se informe de las medidas. Este se publicará en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM). “Se ganarán 24 horas de aviso respecto a lo que está sucediendo ahora, por lo que las restricciones de tráfico ya estarán avisadas”, afirma Valiente.

Las testigos de la polución

F. JAVIER BARROSO

Las Cuatro Torres, los enormes rascacielos de hasta 250 metros de altura que coronan el final del paseo de la Castellana, se han convertido en el laboratorio improvisado de miles de madrileños para comprobar el estado del aire en la capital. Estas enormes moles son visibles de decenas y decenas de kilómetros. Eso sí, si no hay contaminación que difumine sus contornos o que directamente las borre del horizonte madrileño.

La posición de las torres es estratégica. Se encuentran en la parte norte y en la zona más alta de la ciudad, por lo que desde la mayoría de los accesos se las puede contemplar sin ningún problema. Y desde municipios lejanos como Alcorcón, Las Rozas, Torrejón de Ardoz o Alcobendas, entre otros muchos.

“Todas las mañanas lo primero que hago es asomarme a la ventana y comprobar si se aprecian con nitidez estas cuatro torres”, reconoce una vecina de Moratalaz. En la última semana, no ha tenido oportunidad de hacerlo. “Si el aire está limpio, también se puede ver la sierra y las primeras nieves, como ha ocurrido otras semanas”, añade.

Los que mejor la ven son los conductores de la autovía de Burgos (A-1). Por la cercanía. Pero precisamente esta corta distancia muchas veces les impide ver la boina negra que ha sobrevolado Madrid en los últimos días. Cuando se asoman por la cuesta de los Dominicos, ya están dentro de la contaminación. Es mejor que exista un tramo lo suficiente largo para tener perspectiva y ver la polución. Ocurre cuando se accede desde la autovía de Extremadura (A-5) y, sobre todo, desde la A-6.

La bajada desde Las Rozas es muy significativa, en especial a primera hora de la mañana y al atardecer cuando los rayos del sol inciden directamente sobre la polución. “En los últimos días ha sido imposible verlas limpias, claramente, porque parecían que estaban muy difuminadas por la contaminación”, reconoce un vecino de Las Rozas.

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