Las casas encantadas de José María de Orbe

El artista y cineasta prorroga su fascinante exposición fotográfica en la galería Valid

Una de las viviendas fotografiadas por Orbe.
Una de las viviendas fotografiadas por Orbe.valid foto

Pocas veces se pueden ver casas tan poderosamente simbólicas, casi arquetípicas, como las fotografiadas por José María de Orbe en el Estado de Nueva York y que el artista y cineasta vasco expone actualmente (prorrogada hasta el día 12) en la galería Valid Foto de Barcelona. Son casas en blanco y negro, fantasmagóricas, desiertas de la presencia humana, fuertemente inquietantes; primas de la casa Belasco, la de Haunted Hill, la de Amytville, o del hotel Overlook. De Orbe ganó en 2010 con su segundo largometraje, Aita, el premio a la mejor fotografía (precisamente) del festival de San Sebastián.

En la primera serie, The Neighbors Project, De Orbe, ese barbudo creador poliédrico, obsesivo, reconcentrado y vehemente –sin dejar de ser entrañable-, como buen portador de genes carlistas, presenta una serie de retratos de viviendas de la calle principal del pueblo de Springville, en el condado de Eire. Son fotos que te obligan a permanecer largo rato estudiándolas, tratando de averiguar el enigma que esconden. Hay una calidad surrealista en esas frías imágenes que incitan a adentrarse en ellas con la imaginación y recuerdan hasta qué punto la casa representa el alma interior del individuo, con el intelecto en el ático, el subconsciente en el sótano y lo callado, lo silenciado, aleteando tras las cortinas como párpados de las ventanas. La casa, por supuesto, es una fijación de De Orbe como lugar de identidad, desde el más humilde baserri (caserío) al palacio del marqués de Valde-Espina, con el que está tan vinculado (es el actual poseedor del título nobiliario).

El secreto de las casas de The Neighbors Project es que sufren una personalidad disociada: son en realidad la mixtura, perfectamente ensamblada, de dos casas diferentes. De Orbe - al que uno no puede dejar de imaginar como una sombra esquiva en sus propias fotos-, fotografió en 2012 las casas originales una tras una y luego, en 2014, las juntó: collages fotográficos de dos casas, mitad y mitad, con un retoque pictórico digital de increíble exactitud que crea esa sensación vertiginosa y perturbadora de trompe l’oeil. ¿Quién vive en esas casas?, ¿qué dos realidades distintas ha juntado el artista? ¿Los habitantes del número 320 –se lee en un dintel- se llevarán bien con los que el destino fotográfico les ha deparado del 269 –que figura en una columna del porche-? Unos pocos elementos parecen aludir a la vida cotidiana en las fotos –una estatua de un ángel, una imagen de Dumbo- aunque en realidad solo producen más desolación.

El desasosiego es aún mayor en la otra serie de casas, Cattaraugus County, agrupadas en los apartados Side B y White dreams. Aquí las casas, viejas casas rurales semi abandonadas reducidas a menudo a la calidad de simple cabaña, cobertizo o galpón, han perdido toda traza de racionalidad y se disuelven en paisajes de un salvajismo onírico, en ocasiones aterrador, en el que irremediablemente resuena el eco de Carcosa y de El Rey de Amarillo. El condado de Cattaraugus -muy castigado por la crisis-, vecino al de Eire, se encuentra en el rincón oeste del Estado de Nueva York, tocando a Pennsylvania; es una vieja tierra de los extintos indios wenrohronon luego ocupada por los séneca, la gran nación iroquesa, que conservan una reserva. De hecho la propia palabra “cattaraugus” es séneca y significa “bancos malolientes”, por las emanaciones naturales de gas. Es un lugar lleno de leyendas y folclore, de fuerte presencia de la naturaleza: su apelativo moderno es “las Montañas Encantadas” y cuenta con una amplia población amish. De Orbe, que no en balde hunde sus raíces en el valle del Anguiozar, recorrió Cattaraugus a principios de este año 2015 y fotografió buena parte de las casas bajo un manto de nieve que realza su misterio.

La exposición de De Orbe (San Sebastián, 1958), agrupada bajo el título genérico de Unua, se completa con las series Rizomas, que combina en imágenes hipnotizantes de gran expresividad pintura (aguadas de guache) y fotografías de la planta Lunaea Cervicornia de Menorca –el gatovell o eriçó-, y New York Bubbles, con tomas de la ciudad alteradas por la intromisión de pompas de jabón.

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