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¿Y ahora, qué? Dos meses para desencallar la investidura

Junts pel Sí y la CUP confían en un acuerdo que evite nuevas elecciones

Por primera vez, Cataluña no tiene presidente después de la segunda sesión del debate de investidura. La situación, similar a la que se dio en Andalucía por el bloqueo a la presidenta Susana Díaz, obliga a mirar el calendario: si en dos meses Junts pel Sí y la CUP no han alcanzado un acuerdo, habrá unas nuevas elecciones anticipadas en Cataluña.

El reglamento del Parlament fija ese período para desencallar la investidura, a contar desde la primera votación. Eso marca el 10 de enero como fecha límite, como ha recordado este jueves Artur Mas, que ha avisado a la CUP de que los comicios "son una opción" que está sobre la mesa. Sin embargo, tanto el presidente catalán como la formación anticapitalista han subrayado que confían en el acuerdo. El debate entre el portavoz de la CUP, Antonio Baños, y Mas, también indica que el pacto tiene posibilidades de fraguarse. 

La presidenta del Parlament, Carme Forcadell, deberá convocar de nuevo a los líderes de todos los partidos para proponer formalmente un nuevo candidato a la presidencia. El elegido puede volver a ser Mas si sigue siendo el diputado con más opciones de ganar el debate. A diferencia de lo que pasa en la primera sesión de investidura, que debe ser convocada antes que expire el plazo, solo habrá un nuevo pleno si hay acuerdo. La pelota está en el tejado de Junts pel Sí y la CUP, puesto que el proceso independentista limita cualquier posibilidad de pacto a estas dos formaciones. 

Si hay un nuevo debate, el formato es el mismo que en esta ocasión. En la primera sesión, el presidente debería salir escogido por mayoría absoluta, 68 diputados que obligarían a la CUP a votar sí. En la segunda, sería suficiente con mayoría suficiente, por lo que la CUP debería abstenerse y ceder dos votos a Junts pel Sí, para que una suma de 64 diputados superara a los 62 que votarían en contra del nuevo presidente. 

Si el 10 de enero no se ha producido la investidura, las elecciones quedarán fijadas automáticamente para marzo, con un panorama que los partidos independentistas no quieren imaginar: todos dan por sentado que la división entre soberanistas supondría el fracaso del proceso para proclamar la secesión. 

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