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Las cuevas de Navalcarnero sufrieron cinco derrumbes

Baltasar Santos (PP), alcalde los últimos 20 años, ordenó la construcción en 2004 de una red de galerías de más de dos kilómetros y tres niveles a la que otorgó 350 años de antigüedad

Las cuevas de Navalcarnero. (Foto: B. Pérez / Vïdeo: L. M. Rivas y J. Marcos)

El actual alcalde de Navalcarnero, José Luis Adell (PSOE), denuncia que se han producido al menos cinco derrumbes durante la excavación de las galerías con que su predecesor, Baltasar Santos (PP), pretendía conectar las cuevas de nueva creación bajo la plaza principal de la localidad de 25.000 habitantes. El nuevo equipo de Gobierno calcula que Santos, regidor los últimos 20 años, desvió unos 30 millones de euros para el proyecto, realizado sin los permisos ni estudios necesarios. La deuda de Navalcarnero sigue creciendo y ya es de 199 millones.

3,7 millones de ladrillos pagados a tres veces su precio de mercado

El equipo de gobierno que encabeza José Luis Adell ha contabilizado, “de momento”, el pago de tres millones de euros a una sola empresa proveedora de ladrillos entre 2006 y 2009. El suministro estaba reservado en exclusiva para las cuevas. El Ayuntamiento indica que no ha podido revisar más facturas, por lo que no descarta que haya más, ya que las cuevas se empezaron a construir en 2004.

“Cada ladrillo está pagado a 0,81 céntimos más IVA, cuando en el mercado estaba a entre 20 y 30 céntimos”, explican en el área de Hacienda, donde no descartan un sobrecoste. En teoría, con los tres millones se han comprado 3,7 millones de ladrillos, aunque a precio de mercado se hubiera podido adquirir diez millones de unidades.

La situación ecómica es tan caótica que Navalcarnero tiene los presupuestos prorrogados desde 2008. Aunque el interventor municipal reconoció una deuda de 114,5 millones en septiembre, la cifra ha aumentado, en menos de un año, en 85 millones.

Otra muestra del despilfarro en la gestión de Santos es el coste de la red eléctrica de las cuevas, formada por cables especiales antihumedad y valorado en 200.000 euros.

Acceder al interior de las cuevas del Concejo, cuya antigüedad el anterior alcalde remontaba al siglo XVIII cuando él mismo ordenó su excavación a partir de 2004, es sumergirse en una obra faraónica construida con nocturnidad y a pulmón. A pico y pala y con taladradoras, sin ningún tipo de requisito técnico, dirección de obra, proyecto ni estudio geológico. En la más completa ilegalidad. “Sin nada y donde antes no existía cueva alguna”, critica Adell.

EL PAÍS ha recorrido en exclusiva las galerías, con una extensión de unos 2,5 kilómetros y hasta tres niveles de profundidad. “El objetivo era interconectar el casco urbano a través de galerías de nueva construcción, pero hubo derrumbes en cinco puntos y tuvieron que suspender los intentos. Lo malo es que han afectado a edificios, espacios públicos… Hay viviendas donde el suelo está cediendo. Las grietas no engañan”, señala Adell.

La justicia ordenó la paralización de las obras en 2011 tras una denuncia presentada por el PSOE. Santos se la saltó y continuó con los trabajos hasta el final de su mandato. La consecuencia fueron los derrumbes en el perímetro de la plaza de Segovia. Como en la bodega que compró por 1,8 millones para excavar el subsuelo. Como si se tratara de una falla, un agujero de medio metro delimita uno de los ramales. La caída es de unos cinco metros, aunque lo que da más vértigo es recorrer el camino andado de la bodega, sujetado por puntales. “Los técnicos de Patrimonio de la Comunidad de Madrid han emitido informes en 2012 y 2014 y no garantizan la seguridad de la infraestructura. Esto no cuenta con seguridad”, advierte Juan Benito, concejal delegado de Hacienda.

Al igual que en la superficie, los adornos de granito abundan en el inframundo de Navalcarnero. Vírgenes, columnas de estilos clásicos y efigies de corte medieval sorprenden al forastero durante el paseo por una obra de nuevo cuño pese a la versión oficial de Santos. “Estas cuevas han sido rehabilitadas conservando la arquitectura singular y popular de la villa”, recibe una placa conmemorativa en la entrada, que Santos hizo colocar poco antes de ceder el bastón de mando en unos comicios a los que el PP no le dejó presentarse. Esperanza Aguirre le vetó después de que este diario incidiera en la triple imputación de Santos por prevaricación, malversación de caudales públicos y otros delitos. Uno de los tres procesos está relacionado con la financiación irregular de las cuevas, en el que también están imputadas, y con la solicitud de apertura de juicio oral, la anterior concejal de Urbanismo y la antigua interventora municipal.

Obra de un fontanero

El fontanero municipal, Cirilo Lucas Sánchez, es el “alma de este sueño que hace posible que esta arquitectura quede para siempre unida al Navalcarnero eterno de las generaciones venideras”, reza una losa de granito en la bajada a las cuevas. “Salvo el fontanero al que se rinde homenaje en la entrada a las cuevas, no hay ningún técnico del Ayuntamiento que haya participado en el proyecto”, recalca Adell. “Que se sepa, aquí no han participado ni ingenieros ni arquitectos”, subraya Juan Luis Juárez, primer teniente de alcalde.

La humedad caracteriza el itinerario por las cuevas. “Unida a las bajas temperaturas, en invierno los catarros eran mortales”, cuenta uno de los trabajadores a quien Santos contrató y que pide no desvelar su nombre.

Las grietas en las pinturas que se suceden por la bóveda de parte del recorrido constatan la presencia de agua en las paredes, en parte por la falta de ventilación. Los frescos, de Alberto Pirrongelli, maestro del trampantojo y el pintor de cámara de Santos, emulan escenas de época de Felipe IV, monarca vinculado a Navalcarnero, alternado con ángeles celestiales, motivos florales, etc. “Son un símbolo más de la locura y desmesura de un alcalde que por su megalomanía nos ha llevado a la ruina”, sentencia Juárez.

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