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El padre del robot de ‘Star Wars VII’ es la estrella

Barcelona acoge la segunda edición de la feria especializada en efectos visuales b'Ars, con el diseñador Christian Alzmann como uno de sus grandes invitados

El droide BB-8, en un fotograma de 'Star Wars: El despertar de la fuerza'.
El droide BB-8, en un fotograma de 'Star Wars: El despertar de la fuerza'.

Uno quisiera tener pentotal o ser experto norcoreano en interrogatorios para una ocasión como esta. A mi lado se sienta el diseñador de personajes y director de efectos especiales Christian Alzmann, del departamento de Arte de Industrial Light & Magic (ILM), donde trabaja ahora para Star Wars VII: El despertar de la fuerza, la nueva película de la serie, cuyo estreno (¡yupi!), anunciado para diciembre, ha creado una inmensa expectación. Desgraciadamente, Alzmann, que es nada menos que el artífice del nuevo robot BB-8 —ese droide bolita primo hermano del viejo R2-D2— tiene prohibido por contrato revelar nada muy jugoso de la nueva película. El muy Sith... Pero como sirven copas, algo caerá.

Alzmann es la estrella principal este año, junto a los célebres hermanos Carlos y Jordi Grangel, de Grangel Studio, y otras lumbreras del género como John Knoll (Oscar por Piratas del Caribe), David Short (Avatar, Harry Potter) y Víctor Navone (PIXAR), de la feria b'Ars especializada en efectos visuales (VFX) para el mundo del cine, la publicidad y los videojuegos, un sector que ha pasado de mover en España 380 millones de euros en 2011 a la previsión de que en 2017 moverá más de 900.

La feria se celebra en Barcelona (Convent dels Àngels) desde el jueves hasta mañana domingo con la idea de conectar a la industria nacional e internacional con el talento creativo. La convocatoria está enfocada principalmente a estudiantes y profesionales del sector a través de conferencias y master classes, pero incluye también una parte abierta al público en general, a fin de acercar los efectos visuales a la gente. Mañana domingo podrá visitarse gratuitamente de 10 a 14 horas la exposición sobre los 25 años de los estudios Grangel, con dibujos de sus personajes como los de La novia cadáver, de Tim Burton. A la misma hora y también en el Convent habrá unos talleres para niños en los que podrán experimentar con la técnica de stop-motion y la realidad virtual, y a las 13 h una conferencia de Alessandro Jacomini, de Disney, que hablará de sus trabajos como Big Hero 6 o Frozen.

Tim Burton, visto de cerca

Cuando Felix Balbas, director de b'Ars reclama a Alzmann, me quedo compartiendo unos huevos estrellados con los hermanos Rangel. ¿Qué tal es Tim Burton de cerca? “Introvertido, pero cuando se pone a trabajar resulta muy comunicativo” ¿Es gótico? “Sí, y un fan de Edward Gorey”. A los Rangel, que explican que estuvieron cerca de hacer Spamalot en animación para Monty Python, les gustaría hacer una historia sobre el Tíó navideño.

Le pregunto a Alzmann durante la comida de presentación del festival, por ir intimando —y pensando en el ominoso casco-máscara negro requemado que aparece en el tráiler del nuevo filme—, si es cierto que de niño ya le obsesionaba Darth Vader, lo que es toda una predestinación. “Sí, lo pintaba por todas partes, yo crecí con Star Wars, tenía cinco años cuando estrenaron la primera película. Darth Vader es un gran icono de maldad, un monstruo a la altura de Drácula o la criatura de Frankenstein”. ¿Cómo son los nuevos villanos de El despertar de la fuerza?, suelto como de pasada, Alzmann no pica. Pone cara apesadumbrada. “Llevo dos años en este proyecto y como muchos no puedo esperar ya a ver la película. Puedo decirte que la mezcla de personajes nuevos y viejos es fantástica, que la éstética y el tono tienen que ver mucho con la primera trilogía, lo cual es lógico porque cronológicamente estamos en el argumento 30 años después de El retorno del Jedi.

El especialista tiene no obstante un flaco por la segunda trilogía, que viajaba a los tiempos anteriores a la caída de la República estelar. Él también trabajó en Star Wars episodio 2, El ataque de los clones. “Esas precuelas presentaban el reto de, tantos años después, crear un mundo que era anterior. Creo que lo hicimos muy bien, estoy particularmente orgulloso de todo el look general de las cosas que tenían un aspecto mucho más elaborado, artesanal y deliciosamente vintage que en la primera trilogía y en la nueva película. Acordamos que los tiempos de la primera República eran más preciosistas. La brutalidad del Imperio y la guerra se avenía mejor con un estilo más simple, industrial, práctico, funcional. El despertar de la fuerza es ese mismo mundo, aunque con algunos cambios, no en balde han pasado 30 años y volvemos a estar en una República, claro”. La innovación parace haber llegado a las tropas de asalto imperiales, sin perder el estilo. “Hay más detalle. Hemos tratado de hacer más real ese mundo, la tecnología nos permite hacerlo”.

El BB es suyo. Alzmann sonrí con orgullo de padre. “Fui el primero en dibujarlo y fue muy bien aceptado, aunque la inspiración original se debe a J. J. Abrams” (el director de la película y coguionista con George Lucas y Lawrence Kasdan). “A diferencia de los primeros robots de la serie, que eran interpretados por actores, y de las criaturas digitales, BB-8 es real, una verdadera creación robótica. Su aspecto y su movimiento son muy simpáticos”.

El especialista trabajó también en The mummy, que ya es asunto diverso. “Fue un proyecto muy divertido, con mucho trabajo artesanal, maquetas, miniaturas y no solo efectos especiales”. Sorprende encontrarse en Alzmann a un entusiasta admirador de Boris Karloff: “Ha sido el más grande”. También suspira al recoradar filmes como Blade runner o Tron. “Eran grandes tiempos, había mucho aparte de la primera Star Wars”.

“El secreto en el oficio”, resume, “está en saber combinar los efectos y la historia, tiene que haber un equilibrio y has de evitar la tentación de de creer que lo digital lo puede todo, hay que saber usar las antiguas tecnologías también, y trabajar cuidadosamente y despacio”.