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Fallece el sociólogo José Miguel Iribas

Sus trabajos como especialista en diagnóstico territorial, urbanístico y turístico le acreditan como uno de los expertos más solventes

El sociólogo José Miguel Iribas en la playa de la Malvarrosa de Valencia en 2001.
El sociólogo José Miguel Iribas en la playa de la Malvarrosa de Valencia en 2001.

El sociólogo José Miguel Iribas, especialista en diagnóstico territorial, urbanístico y turístico, falleció este lunes en Valencia como consecuencia de un cáncer. Aunque había nacido en Bergara (Guipúzcoa), en 1950, en el seno de una familia navarra, Iribas fue, sobre todo, un racionalista mediterráneo que aportó inteligencia, discurso y sensatez al turismo y el urbanismo, dos poderosos recursos en la Comunidad Valenciana, resituándolos frente a la superficialidad y el tópico.

Llegó a Benidorm a principios de los setenta con melena, donde fue requerido por su maestro Mario Gaviria para hacer socio-urbanismo rojo en un libro contra la autopista del Mediterráneo. Sin embargo, allí, sobre el escenario que había dispuesto el visionario alcalde Pedro Zaragoza, encontró sentido al sinsentido. Descubrió el turismo como industria y la clave de su éxito: que Benidorm, según su propia definición, era “una coca-cola de litro”. Su santón Henri Lefebvre había dicho que Benidorm era la ciudad del mundo más habitable construida después de la II Guerra Mundial, y con esta premisa y otras reflexiones surgió el libro Benidorm, ciudad nueva, considerado como la Biblia del análisis turístico. Iribas estudió el fenómeno del turismo sin prejuicios y con datos, y sus trabajos le han acreditado como uno de los expertos más solventes de este fenómeno de masas, crucial para el desarrollo de España.

José Miguel Iribas (izquierda) con el arquitecto Jean Nouvel. ampliar foto
José Miguel Iribas (izquierda) con el arquitecto Jean Nouvel.

Con su discurso, Iribas cambió la percepción negativa que muchos tenían de Benidorm. La imagen de voraz mandíbula asiática depredadora de territorio se derrumbó cuando explicó que la ciudad, que concentra alrededor del 45% de la renta turística valenciana, solo ocupaba el 1% del litoral. Por el contrario, para lograr el mismo resultado económico, por cada metro cuadrado utilizado en Benidorm eran necesarios 170 en zonas litorales repletas de chalés, cuyo efecto óptico, sin embargo, resultaba más positivo para la concurrencia.

Iribas fue un defensor obstinado del modelo intensivo de turismo para preservar así la mayor parte de territorio posible. Su visión no pudo frenar la aceleración urbanística totalizante desarrollada en los últimos años en la Comunidad Valenciana, pero sin duda atenuó su irracionalidad de forma notable con su discurso. Esa labor lo convirtió en un personaje incómodo para las Administraciones, que, con todo, admiraban en privado su talento y buscaban sus ideas. Su escaso entusiasmo por los eventos y los parques temáticos (consideraba que las ciudades eran los mejores parques temáticos) y su posición contraria a la ampliación del puerto de Valencia acabaron cerrándole puertas para algunos proyectos públicos.

En los últimos años colaboró en medio centenar de planes de ordenación urbana y en planes especiales de puertos, así como en las directrices de ordenación de varias comunidades y de diversos planes territoriales parciales.

El trabajo de Iribas no se ciñó a España. Formó parte del equipo ganador de dos concursos internacionales para la remodelación turística de tres puertos en Taiwán y ha asesorado de forma regular a arquitectos como Jean Nouvel, Jaime Lerner, Patxi Mangado, Ben van Berkel o Ábalos-Herreros, con los que desarrolló varios proyectos como responsable de estrategia y del programa de usos. Con su muerte, Benidorm ha perdido a su mejor propagandista.