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Ocupación a golpe de paella

Vecinos del Eixample Esquerra reclaman participar en el diseño de un nuevo parque

Los vecinos preparan una paella en la parte vedada del solar Germanetes.
Los vecinos preparan una paella en la parte vedada del solar Germanetes.

No quieren que el Ayuntamiento de Barcelona les construya un parque. Quieren hacerlo ellos mismos. Los vecinos de l’Esquerra de l'Eixample invadieron ayer los 5.000 metros cuadrados del solar donde hasta 2001 se levantó el convento de las Germanetes dels Pobres para reivindicar el uso público de este espacio y exigir que se les deje participar en el diseño del parque que el Consistorio piensa levantar en esos terrenos.

“No queremos un parque bonito, sino uno creado entre todos”, asegura Guillermo Rojo, un vecino de 43 años y miembro de la plataforma Recreant Cruïlles. El barrio ya ganó el año pasado 500 metros cuadrados de este solar en el marco del programa municipal Pla Buits. Disfrazados y al ritmo de una banda, los vecinos celebraron ayer el primer aniversario de este espacio autogestionado con la ocupación del resto del descampado, donde cocinaron una gran paella vegetariana.

A cambio piden “la voluntad”, según explica Fina, de 73 años, mientras remueve el sofrito con un cucharón atado a un palo. “Nos hacen falta muchas cosas en este barrio: un instituto, una residencia, pisos de protección oficial... Cosas que ya están programadas para hacerse aquí, pero que en 12 años aún no se han realizado”, lamenta.

Los 500 metros ubicados en la esquina de las calles de Viladomat y Consell de Cent ya cuentan con un huerto, una caseta para reuniones y una cúpula con gradas. Hoy acogerán una clase de capoeira y otra de inglés. Mañana, una de telas acrobáticas. No pasa un día en el que no haya al menos una actividad programada, destaca Enric Mestres, uno de los tantos residentes del Eixample que lleva a su hija a jugar al Espai Germanetes.

Para el resto del solar —que hasta ayer permanecía cerrado al público— los vecinos ya tienen planes. Zona deportiva multiusos, reza un cartel entre la maleza, donde un par de niños juegan trepados a un árbol. Huerto, se lee en otro pegado sobre los restos de las antiguas columnas del convento derribado en 2003. El teatro es aún un grupo de palmeras y el cine al aire libre, un muro lleno de pintadas.

“Tras cuatro años sin hacer nada en este espacio y justo antes de las elecciones municipales, de repente el Ayuntamiento anuncia que va a construir aquí un parque. Pero no tiene en cuenta nuestro proyecto y más bien quiere gastar 500.000 euros en un despacho de arquitectos”, denuncia Rojo. “En el Consistorio no entienden qué es participación ciudadana, creen que se limita a votarles una vez cada cuatro años”, añade Fina.

Los vecinos votarán hoy en una asamblea si harán uso del resto del solar hasta el curso 2016-2017, cuando se prevé que empiece a funcionar el tan esperado instituto, en cuyo diseño también exigen participar. “Creemos que es compatible con el huerto. Vivimos en uno de los barrios con más contaminación atmosférica y no queremos que el único espacio público que tenemos se llene de hormigón”, asegura Rojo.