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ANÁLISIS

Susana Díaz escucha y espera

Tras renunciar a competir por la secretaría general del PSOE, la socialista está seis meses después en una situación similar

Susana Díaz escucha, a menudo pregunta y, de momento, guarda silencio. Lo hace sobre uno de los debates que capitaliza la política española en la actualidad: ¿Se presentará a las primarias del PSOE para ser candidata a la presidencia del Gobierno?, ¿competirá con Pedro Sánchez? Nadie, absolutamente nadie, lo sabe. Ni siquiera la presidenta de la Junta de Andalucía, que está dando vueltas a las decenas de opiniones que ha oído en las últimas semanas sobre la conveniencia o no de dar el salto a la política nacional.

Después de renunciar a este tren el pasado junio, cuando optó por no competir por la secretaría general del PSOE tras la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba, Susana Díaz se encuentra seis meses después en una situación similar: voces de su partido, del mundo empresarial, de dentro y fuera de Andalucía, veteranas y no tanto que le susurran que debe aspirar, que el PSOE necesita un liderazgo fuerte que sea capaz de cohesionar internamente, que plante cara a Podemos, que tenga determinación para abordar el problema territorial en España... Y así, un argumento tras otro. También hay quienes con voz autorizada creen que el refrendo de su liderazgo pasa ineludiblemente por ganar las próximas elecciones autonómicas y que competir en las primarias puede ser un paso en falso en su carrera política.

El problema para Díaz y Sánchez, y por tanto para todo el PSOE, es que esta incertidumbre va a mantenerse con total seguridad hasta la celebración de las elecciones municipales y autonómicas del próximo mes de mayo. Será entonces, con los resultados electorales todavía calientes, cuando la presidenta andaluza tome una decisión definitiva sobre las primarias. Aunque unos y otros harán esfuerzos en las próximas semanas por rebajar una tensión ya indisimulada, lo cierto es que al PSOE le queda al menos medio año más de zozobra interna. A la tensión que ya supone para un partido político un proceso electoral (designación de candidatos, elaboración de las listas...), se le va a sumar en este tiempo la duda sobre quién será el cabeza de cartel en las elecciones generales de finales de 2015. Del equilibrio que alcancen los dos dirigentes en las próximas semanas dependerá que esta inquietud se dispare o, por contra, se mitigue.

El matrimonio de conveniencia que Sánchez y Díaz formaron en junio para frenar a Eduardo Madina hizo aguas muy pronto. En el PSOE andaluz no se achaca tanto el distanciamiento entre los dos dirigentes a algunos de los deslices cometidos por Sánchez (la propuesta de los funerales de Estado para las mujeres víctimas de violencia de género o la eliminación del Ministerio de Defensa) como a algunos de los pasos dados por el secretario general para apuntalar su candidatura en las elecciones generales (por ejemplo, la designación del equipo que prepara el programa electoral). También se sostiene que el acuerdo para encumbrar a Sánchez como secretario general del PSOE no incluía su designación como candidato, que ese era un capítulo pendiente de escribir.

Pedro Sánchez quiere escribirlo y Susana Díaz se lo piensa. Por delante, seis meses de espera.