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El precio de la luz amenaza 600 empleos en dos históricas factorías

La aluminera Alcoa y la siderúrgica Megasa plantean despidos masivos al no lograr los megavatios subvencionados que querían en la puja que organiza el Gobierno

Manifestación de trabajadores de Alcoa el pasado viernes.
Manifestación de trabajadores de Alcoa el pasado viernes.

El precio de la luz deja al filo del abismo a las plantas de Alcoa y Megasa, dos grandes consumidores energéticos que amagan con cerrar sus fábricas en A Coruña y Narón respectivamente si el Gobierno central no se aviene a negociar nuevas rebajas en la factura eléctrica a partir del 1 de enero. Supondría la destrucción de 564 puestos de trabajo: los 395 de Alcoa en A Coruña y los 169 de Megasa, en Narón. Dos referentes históricos de la industria pesada gallega, de aluminio la primera y siderúrgica la otra, que tienen en común su elevado consumo de electricidad y que salieron escaldadas de la subasta de servicios de interrumpibilidad que Red Eléctrica Española realizó el 17 de noviembre. Se trata de un sistema de compensación a grandes industrias que consiste en que las máquinas rebajan o detienen su consumo cuando la demanda energética nacional lo requiere a cambio de una retribución que le abarata la factura a la empresa.

La guerra silente que parece enfrentar a Alcoa con el Ministerio de Industria a cuenta de la puja de los grandes bloques eléctricos (paquetes de 90 megavatios) que no colmó las expectativas del gigante norteamericano del aluminio —aspiraba a seis y obtuvo tres— compromete el futuro de la factoría. El jarro de agua helada cayó sobre su comité de empresa el lunes, cuando la dirección les comunicó su intención de abrir un periodo de consultas en los centros de A Coruña y Avilés para un despido colectivo. Una forma suave de anticipar el posible cierre de dos de las cinco fábricas que Alcoa tiene en España, donde aterrizó hace 17 años al comprarle a la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) la antigua Inespal. Conservarían la de San Cibrao, en Lugo, la más moderna y productiva (250.000 toneladas), con 1.200 trabajadores, refinería y puerto propio.

Producir una tonelada de aluminio en A Coruña le cuesta a Alcoa 1.770 euros de media, pero en 2015 serán 2.120 euros. A este argumento, que resume una portavoz de la compañía aluminera, se agarra la multinacional para abrir la puerta a los despidos masivos. “No hay una decisión tomada aún”, matiza, y fía el desenlace al resultado de una segunda subasta eléctrica más beneficiosa para sus intereses antes de que caiga de que acabe 2014.

La planta de A Coruña tiene capacidad para fabricar 87.000 toneladas de aluminio cada año pero hace tiempo que trabaja un 30% por debajo de su tope. Aunque la demanda del aluminio no ha dejado de crecer, desde la empresa aducen que las plantas coruñesa y asturiana, similares en tamaño y producción, suman unos 100 millones de euros en pérdidas. Casi el mismo importe que la compañía invirtió estos años en optimizarlas, destacan.

La luz supone un 35% del gasto de la fábrica coruñesa, dice Alcoa, que pide al Gobierno unas condiciones de suministro y coste eléctrico “en línea” con las que disfrutó en 2014. Para aparcar los despidos, la empresa demanda tres bloques de 90 megavatios: uno por planta y el tercero para San Cibrao, que ya tiene los tres logrados en la primera subasta. “En ese caso, el despido colectivo se suspendería inmediatamente”, apunta Alcoa Inespal, que dirige la mariñana Rosa García Piñeiro.

“Tengo claro que sin bloque no hay planta”, afirma Nazario Arias, de CC OO, y presidente del comité de Alcoa en A Coruña. Detrás del choque por los bloques, la plantilla ve la avaricia de los inversores y la negativa del Gobierno a dialogar. “Industria y Alcoa se están divorciando y lo pagamos nosotros”, resume Arias. El comité ya ha iniciado las movilizaciones y presiona para que una segunda puja les salve del cierre. El viernes acordaron cerrar el paso a los camiones con el material y aprovecharon un acto de inauguración para hablar unos minutos con el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, que les dijo que hace “lo que puede” para evitar el cierre. La plantilla prepara una movilización el día 12 y han recabado el respaldo de PSOE, BNG y AGE. El martes los representantes sindicales se sentarán en la mesa donde la dirección pondrá números y fechas a los despidos.

En la picota energética está también la plantilla de Megasa, la metalúrgica de Narón que ha visto encoger su plantilla desde 2008: pasó de 250 a 169 operarios y lleva dos años moviéndose entre ERES y movilizaciones para defender su puesto de trabajo que la compañía condiciona a los vaivenes del mercado eléctrico. La empresa, ligada a la familia Freire, ya amagó con el cierre en 2013 por la “competencia desleal”, dijeron, que suponía que su principal competidora —la catalana Celsa— obtuviera una bonificación por megavatio para producir a menor coste. La dirección de Megasa ha comunicado a los trabajadores el inicio de un despido colectivo del que nada sabe aún el comité y que tampoco se explica, ya que lograron mantener la producción y exportan acero a través del puerto exterior de Ferrol. La plantilla sospecha que la firma trata de precarizar las condiciones aprovechando la reforma laboral y subrayan que la fábrica es el sostén de medio millar de familias.