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De copas con los dinosaurios

El Museo de Ciencias Naturales celebra su primera actividad solo para adultos

Réplica de esqueleto de diplodocus, estrella del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Ampliar foto
Réplica de esqueleto de diplodocus, estrella del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Allí, un esqueleto de ballena. En esa sala, la reproducción de un gigantesco diplodocus. Más allá, un homo sapiens que pasea con sus hijos durante el fin de semana, o un ejemplar de profesor de primaria que trata de controlar a una veintena de alumnos. Esa es la fauna habitual del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Hasta ahora. La institución, dependiente del CSIC, trata de llamar al público adulto con una serie de visitas temáticas que mostrarán la colección a pequeños grupos (prohibido menores de 18) a puerta cerrada en la noche de los jueves. Copa y pincho incluidos.

La iniciativa, habitual en centros de otros países, es pionera en España

Con esta iniciativa, el centro se suma a una corriente ya iniciada por otros museos hermanos europeos. “Hemos sido pioneros en España en llamar al público infantil. Pero es cierto que dejas de venir cuando sales de la escuela y no vuelves hasta que no eres padre. Queremos recuperar a esos adultos a los que hemos perdido”, explica Pilar López, directora de programas públicos del centro, que recibió a 230.000 visitantes en 2013. Para conseguirlo han recurrido a la gastronomía. La iniciativa Cómete el museo consiste, básicamente, en un aperitivo temático. Lo explica Óscar Menéndez, divulgador científico y guía en esta actividad: “¿Qué nos gusta hacer a los adultos cuando salimos? Tomar algo. Pues eso proponemos”.

Pero esta no es la única baza con la que juega el centro. “No sé si esto es políticamente correcto, pero no habrá niños corriendo”, bromea López. Las visitas (el primer jueves de cada mes, excepto enero, y para grupos de 30 personas) se harán a partir de las ocho de la tarde, tres horas después del cierre del museo, y se alargarán hasta las diez y media, copa de vino en mano. El menú (a 25 euros) es llamativo: anillos de kraken, pinchos prehistóricos o aperitivo científico-medieval. Pilar López compara la degustación con la copa que tradicionalmente se ofrece en las inauguraciones de las exposiciones artísticas: “En este caso, no es un plus, sino el pretexto”.

El pretexto, se entiende, para hablar de ciencia. De dinosaurios, para empezar, en la sesión que tiene lugar este jueves y que abre un ciclo que se alargará hasta junio. “¿A qué saben los dinosaurios?” es la pregunta que plantea esta vez el museo. Parece de difícil resolución, pero tiene truco, como explica Menéndez. “No todos los dinosaurios se extinguieron, algunos evolucionaron hasta convertirse en pájaros”. El menú ahora parece más sencillo: pollo (o primo de dinosaurio) en diferentes preparaciones.

La comida, la bebida o el sexo son ciencia pura, ¿cómo puede no interesarnos la ciencia?

Además de preguntarse cómo hacer que los adultos vuelvan a considerar interesante la ciencia (esperan que funcione el reclamo de humor y comida), el museo de Ciencias Naturales se pregunta también qué ha pasado para que, hasta ahora, visitarles pareciera posible solo como actividad familiar. El propio Menéndez había criticado en numerosas ocasiones que los museos de ciencia solo se interesaran en el público infantil. Incluido este, como recuerda López: “Óscar nos decía que podíamos atraer también a los adultos, y nosotros respondíamos que no eran receptivos. Así que le llamamos: ‘A ver si es tan fácil como dices”. Menéndez también hace autocrítica en la deserción del público adulto: “Reconozco que los comunicadores de ciencias lo hemos hecho mal. La comida, la bebida o el sexo son ciencia pura, ¿cómo puede no interesarnos la ciencia?”, pregunta Menéndez.

En España, esta iniciativa es pionera, como explica Pilar López: “En [el Arqueológico] de Mérida se hicieron cenas romanas, y ya está”. Pero otros museos de ciencias del mundo comenzaron a explorar esta vía de divulgación hace años. El de Londres celebra noches solo para adultos, e incluso sesiones de baile silenciosas (algo “demasiado radical”, en palabras de López) con cascos de música en lugar de grandes altavoces. El de Historia Natural de Nueva York ofrece charlas y bebidas en su SciCafe. Algo similar hace en el Exploratorium de San Francisco. Todos bajo las mismas premisas: se trata más de experimentar que de aprender. Y nada de niños.

A ellos no les interesaría, por ejemplo, que la pasteurización se inventó gracias a la necesidad de conservar vino, como explicará Menéndez el jueves: “Brindaremos por Pasteur”.

Cómete el museo. Museo Nacional de Ciencias Naturales (José Gutiérrez Abascal, 2). Primer jueves de cada mes, desde el 4 de diciembre (excepto enero), 20.00. 25 euros, venta de entradas en Internet y en taquilla. Solo para mayores de 18 años.

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