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La fiebre del azafrán vuelve a Les Garrigues

El precio del kilo de la especia es de 8.000 euros y se precisan 150.000 flores

Dos cosechadoras de la flor del azafrán en Les Garrigues.
Dos cosechadoras de la flor del azafrán en Les Garrigues.

El cultivo del azafrán (crocus sativus) ha irrumpido con fuerza en varios municipios de Les Garrigues. Muchos agricultores de la comarca, caracterizada por ser árida y poco poblada, están empezando a poner su mirada en la obtención de esta especia como una forma de obtener unos ingresos económicos complementarios a las producciones tradicionales de secano como son la almendra y el aceite.

El azafrán, también llamado oro rojo por su color y alto precio (se vende a 8.000 euros el kilo), sirve para condimentar muchos guisos y platos, entre los que se encuentran la paella y el estofado. La apuesta por este cultivo se presume exitosa no solo por su rentabilidad, sino porque no requiere unas condiciones especiales, ya que se adapta a cualquier clima y a terrenos de secano y de poca calidad. En Les Garrigues el terreno es ideal.

Los campos de azafrán formaban parte del paisaje de Les Garrigues en la Edad Media, cuando Cataluña era una de las principales productoras de Europa. “No es para forrarse, pero sí para ganarse bien la vida”, explica Manuel Ramírez, vecino de L’Albagés y pionero de la reintroducción de este cultivo en la comarca. Este productor asegura que con 2.000 metros cuadrados se puede obtener entre dos y cuatro kilos de azafrán al año y con esa cantidad “ya se puede vivir”.

Ramírez es el actual presidente de la Cooperativa Safrà de Les Garrigues, la entidad que agrupa a todos los productores de la zona y comercializa el azafrán en bolsas y frascos de distintos tamaños. A los 26 socios fundadores se sumarán otros 30 en la próxima asamblea general de la entidad. Otros muchos permanecerán en lista de espera, la mayoría de la comarca, aunque también los hay de otros puntos de Cataluña. El objetivo es conseguir la Denominación de Origen (DO) Safrà de Catalunya.

El objetivo de la iniciativa es conseguir la Denominación de Origen (DO) Safrà de Catalunya

Ramírez se volcó en el cultivo del azafrán hace siete años cuando su oficio de constructor fue a la baja. “Empecé como una afición y para autoconsumo. Vi que aquello funcionaba y me fui animando. Al principio los vecinos me miraban como si fuera un bicho raro y se mostraban muy escépticos. Ahora todos quieren imitarme. Esto es imparable porque han visto que es rentable”, señala.

Las plantaciones de azafrán no son de grandes dimensiones y no se miden por hectáreas, sino por bulbos sembrados, a razón de unos 40 por metro cuadrado. Más bien es de tipo familiar. En este momento hay unos 5.000 metros cuadrados sembrados, el doble que el año pasado. El rendimiento medio por hectárea es de 13,5 kilos.

La recolección se halla ahora en pleno auge. Cada bulbo da una media de entre 15 y 20 flores, que se recogen una a una cada mañana. Después deben desbriznarse, separando los estambres de forma manual, lo que sin duda encarece el producto, y finalmente tostarse poco a poco para que conserven el color y aroma característicos. Para conseguir un kilo de esta codiciada especia hacen falta los estambres de unas 150.000 flores.

La Cooperativa Safrà de les Garrigues, con sede en Cervià, impulsa juntamente con el Departamento de Agricultura y la Escuela Agraria de Les Borges Blanques el primer ensayo experimental del cultivo de este condimento en 35 parcelas de 10 metros cuadrados cada una. La iniciativa, que durará cuatro años, pretende dar a conocer las mejores técnicas para la siembra, selección de los bulbos y eliminación mecánica de las malas hierbas, así como las alternativas de abono y sistemas de riego. Todo ello para conseguir un producto de mejor calidad.