Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Atracón del pueblo en pro del artista

300 personas comen 'clòtxines' para que Evarist Navarro haga una obra de con los restos

Las circunstancias personales del escultor introducen nuevas significaciones en el resultado

La directora general de Cultura, Marta Alonso, el escultor Evarist Navarro y la exdirectora del IVAM, Consuelo Císcar, durante la degustación del jueves. Ampliar foto
La directora general de Cultura, Marta Alonso, el escultor Evarist Navarro y la exdirectora del IVAM, Consuelo Císcar, durante la degustación del jueves.

Un acto dionisíaco, como es disfrutar gratis y en la calle de suculentos alimentos autóctonos —clòtxines—, y el entorno institucionalizado y académico del genio plástico, el museo. La gastronomía, y el arte. En un principio, el proyecto Al vapor proponía ser solamente la exploración de estas contraposiciones. Sin embargo, ha terminado tomando la forma de la exploración vital y metafísica de un escultor que lucha por su vida. Con los restos higienizados de los moluscos que este jueves devoraron unos 300 asistentes frente al IVAM, y con barro, material fetiche de su obra, Evarist Navarro completará una instalación en la que se indagan, jugando a los opuestos, algunas de las grandes cuestiones de su carrera, y algunas de las grandes cuestiones de la existencia. El alimento del cuerpo, y el del alma; lo profano con lo sagrado; el presente, que es y se desenvuelve, frente a lo eterno, lo emanente, el recuerdo.

En la obra se confrontan conceptos, objetos y acciones en torno al arte y la gastronomía

En Al vapor, en torno al arte y la gastronomía, que estará expuesto hasta el 9 de noviembre, se confrontan conceptos, objetos y acciones, todos pivotantes alrededor de las dos disciplinas. Si es que son dos, y no una —y aquí está uno de los quid de la cuestión—. En una sala de la primera planta del IVAM luce la mesa para una última cena de 13 comensales, preparada por la especialista Paloma Tárrega con utensilios y productos elaborados por artistas, críticos y conservadores de arte. Una "mesa burguesa", como la describía en la presentación a los medios Juan Lagardera, comisario de la obra y responsable de la idea de la mesa.

Más allá hay diseminadas por el suelo unas garrafas que contienen aceites con hierbas olorosas, que simbolizan cada una los sentimientos que Navarro está viviendo en estos duros días con sus seres que le rodean. Cariño, afecto, olvido, dulzura. Aromas que quedan impregnados en los aceites, volubles como los sentimientos que representan, y como el alma, de la que son alimento.

Las garrafas de aceite y el barro, antes de recibir las 'clòtxines'. ampliar foto
Las garrafas de aceite y el barro, antes de recibir las 'clòtxines'.

El alimento del cuerpo, la materialidad, viene plasmada en unas piedras, fósiles de lo que fue materia orgánica comestible. Marcas físicas capaces de perdurar miles de años, en contraste con la naturaleza de los aceites. Estos y las rocas fósiles conforman los Caminos en el equilibrio de lo posible.

En el centro de la sala se encuentra la Morada de Chipi, centro físico y conceptual de todo el montaje. Está realizado con dos toneladas de barro y las conchas de las clòtxines. El barro fresco, a pesar de su humedad y ductilidad, que dificultan la comercialización de las obras que con él se hacen —se deforma, se seca y pierde su cualidad inherente, le salen grietas—, se ha convertido, en un acto de valentía, en el material favorito de Evarist Navarro. En él, ha encontrado el contraste de su carácter humilde con el poder de ser telúrico —evocar la mismísima Tierra—. Es la naturaleza de la vida (de ello venimos y a ello vamos) y, además, conecta al artista valenciano con los juegos de infancia (de ahí que lo trabaje a menudo con puros pellizcos). Las clótxines, por su parte, eran una parte central de la obra de Chipi Garrido, amiga personal del artista fallecida hace 12 años. Se trata de un homenaje a su memoria, una flor, y también un tumulto funerario, una última morada.

La Morada de Chipi, centro físico y conceptual del montaje, está hecho con dos toneladas de barro y las conchas de 200 kilos de clòtxines

Así, el mecanismo de la obra, de la acción artística, es el de convertir la panzada de 200 kilos de moluscos que el personal se dio el jueves en la explanada frontal del IVAM —lúdica, festiva, impetuosa, con algún empujón para conseguir el plato de comida y la cerveza gratis— en lo que se percibe al entrar en la sala en que está Al vapor —un ambiente sacralizado por el arte, con cierta presencia de lo funerario, con la enorme masa de barro fresco que regala silencio, con una iluminación tenue, en fin, con un ambiente que invita a la lectura reflexiva, callada y recogida de la obra—.

De fondo, un reportaje de vídeo sobre todo el proceso, a cargo del cineasta Carles Pastor, y una exposición de fotografías de Carles Pastor completan la experiencia del visitante.

¿Es la gastronomía arte? El debate lleva servido desde hace décadas. El festín del jueves y la posterior transformación creativa y consagradora de los restos intentan arrojar un poco de luz en este sentido. "O de confusión", como dijo comisario Juan Lagardera.

La esencia última de la existencia, su encaje en el paso del tiempo y el papel que juegan la conciencia y la memoria en todo ello, es otro debate que lleva servido desde que el hombre es hombre. Y sobre él intenta arrojar algo de luz, o confusión, el arte.