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OPINIÓN

Manifiestamente mejorables

Los dos manifiestos y su rápido olvido son la prueba de la poca capacidad de ofrecer respuestas al 80% de catalanes que pide votar

Quizás no se ofreció nadie más de voluntario, pero que doña Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos, de la casa de Toledo, XIII marquesa de Casa Fuerte, esposa del sobrino del vizconde de Güell y tertuliana conspiranoica del 11-M donde las hubo, fuese la lectora del manifiesto Libres e Iguales es de lo más bizarro que hemos visto en los últimos años. Pues sí, doña Cayetana, alma de FAES, de nacionalidad francesa para más señas, nos leyó el manifiesto mientras los abajo firmantes aguantaban estoicamente cara al sol delante del Congreso. Esto no es serio, señores, que está en juego la unidad de España.

El manifiesto, puro ciclostil, la invocación de la Constitución contra el desafío secesionista: un alegato contra el populismo y el racismo separatista, escribía ese mismo día uno de los intelectuales. Lo sorprendente en este caso es que sitúan a PP, PSOE, UPyD y Ciudadanos como partidos que se identifican con la libertad, la igualdad, la justicia y la solidaridad. Y que quien lee ese Todo por la patria corregido y aumentado es doña Cayetana Álvarez de Toledo. Ninguna infracción debe quedar impune, afirmó quien participó en la humillación pública de tantas víctimas de Atocha. Este es el nivel de la cosa, con Nobel o sin él.

Después de haber sido leído, el mensaje se autodestruyó en cinco minutos y dio paso a un segundo manifiesto de hace diez años, que mira que si algún terremoto avisó fue este. Uno aprecia y respeta la trayectoria de Ignacio Escolar, el trabajo de Cristina Almeida o el buen hacer del ex ministro Gabilondo. Reconozco su honestidad y quisiera confiar en que sus palabras y sus ideas tendrán continuidad en hechos, pero es que ha habido tan pocas obras que se ha perdido la fe.

Me los imagino trenzando una de esas jugadas brillantes de pase y finta para que luego Alfonso Guerra o su enésima reencarnación les deje los ligamentos hechos puré. O no mandan, o son pocos o tienen muy poca fuerza. No queda fe, no quedan caballos y pronto no quedará ni Damasco. Claro que me gustaría que fuesen la regla, pero es que a tenor de los resultados electorales e históricos, son la excepción que la confirma.

Resulta que los intelectuales ya no son lo que eran, que en este país, en vez de debatir sobre Julien Benda, te atizan con sus libros en la cabeza.

Si algo se pone de manifiesto es que no queda recorrido. Doña Cayetana asustó incluso a algunos votantes del PP y de Ciudadanos, que lo ha firmado Jiménez Losantos. Hasta en el nuevo PSC se afirma, contra el parecer del nuevo Pedro Sánchez, que hay que pasar por las urnas. Se ha achicado el espacio de tal manera que Miquel Iceta se ha quedado sin margen de maniobra y combina mérito y riesgo haciendo malabares en una baldosa. Y claro, después de criticar la pregunta de la consulta propone otra que suena a comité ortopédico federal.

Nada, pasan los años y ni una propuesta mínimamente sólida o viable. Una parte de la intelectualidad española se siente representada por la Marquesa de Casa Fuerte y directora de área de FAES. La otra, con intenciones más buenas que realizables, tiene miedo de quedarse sola con la anterior, que en este país el poli malo zurra hasta al poli bueno.

Qué tiempos aquellos en los que se podían escribir artículos sobre la llegada del verano y la avalancha turística. El articulista se acomodaba y empezaba a describir el paisaje del Montseny para luego, levemente, criticar la línea de tren de Puigcerdà. Otro nos ilustraba sobre el último libro de Claudio Magris para rasgarse las vestiduras con algún atropello cultural europeo. Qué bonito era discutir sobre cocina o sobre la fachada oculta del Palau. Nada, que resulta que los intelectuales ya no son lo que eran, que en este país, en vez de debatir sobre Julien Benda, te atizan con sus libros en la cabeza. Qué más quisiéramos que poder escribir sobre series de televisión o gastronomía, pero el país es otro.

Así las cosas, cada cual clama por lo suyo. Mientras a los de Libres e Iguales les duele el desistimiento español, o sea, que amplias capas de la población se desentiendan de la defensa de la Constitución, a los del manifiesto federalista les preocupa que la gran apuesta por la modernización de España se quede en nada. Les inquieta a ellos y nos intranquiliza a muchos, aunque los quebraderos de cabeza sean tan diferentes.

Mientras una parte importante de la opinión publicada, aceptada y homologada califique de manera reiterada como racista, xenófoba, mafiosa, insolidaria y excluyente a la gran mayoría de los catalanes, ¿cómo se puede hablar de federalismo?. Sucede que el partido que más dice acercarse al federalismo está en caída libre, tiene poquísima credibilidad en Cataluña y mientras tanto el PP gobierna con una mayoría que nadie dice que no pueda repetir.

Ambos manifiestos y su rápido olvido son la muestra de poca capacidad de ofrecer respuestas al 80% de catalanes que pide votar. Y es que lo del intelectual ha cambiado mucho. Podemos citar afectadamente a Pla o engolar la voz con Ridruejo, pero al final quien nos lee el manifiesto es doña Cayetana Álvarez de Toledo. Iguales y Libres, o sea.

Francesc Serés es escritor.