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La incomodidad del líder democristiano

Josep Antoni Duran Lleida es de los que siempre han creído que será difícil salir de la actual encrucijada soberanista

Duran i Lleida junto a Artur Mas
Duran i Lleida junto a Artur Mas

El democristiano Josep Antoni Duran Lleida es de los que siempre han creído que será difícil salir de la actual encrucijada soberanista sin una solución acordada: se llame reforma federal o tercera vía. El pasado viernes, lo explicitaba en su carta a la militancia. En ella se refería a la inminente reunión entre Mariano Rajoy y Artur Mas y advertía de que “mucha gente no quiere el acuerdo”. “Todos tenemos un problema y cada día se enquista más”.

La incomodidad con esta situación que no desea ha sido uno de los motivos del paso atrás del líder de Unió Democràtica. Es muy difícil mantener el equilibrio político dentro de la federación nacionalista. En CiU hay un partido —Convergència Democràtica— que ha decidido votar sí a la independencia y otro —Unió Democràtica— que no tomará la decisión hasta que Mas convoque la consulta. En el otro lado de la mesa, Mariano Rajoy de momento no mueve pieza en el tablero, a pesar de las peticiones y presiones que recibe. Y entre bambalinas una fuerza política, Esquerra Republicana, que rentabiliza las grandes movilizaciones soberanistas, se erige en guardiana parlamentaria de las esencias de la consulta y es beneficiaria del voto independentista, en detrimento de CiU, como se ha demostrado en los comicios europeos. Y todo ello sin el desgaste de estar en el Gobierno catalán.

Todo este cúmulo de circunstancias han pesado en la decisión que hoy oficializará el dirigente nacionalista y que constituirá su primer paso atrás. Duran seguirá de portavoz en el Congreso de los Diputados y como líder de su partido democristiano; pero sabe que no gobierna ni los tiempos ni la situación y que su formación, lentamente, corre el riesgo de ser engullida por el tsunami soberanista.