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Enmienda al modelo depredador

La consejera de Infraestructuras destaca el aumento de la seguridad jurídica

Cuando la consejera de Infraestructuras, Territorio y Medio Ambiente, Isabel Bonig, presentó el proyecto de Ley de Ordenación del Territorio, Urbanismo y Paisaje (LOTUP) destacó “el aumento de la seguridad jurídica” que aportaría la formulación de un único texto legislativo frente a la maraña normativa en la materia. Nace, por tanto, la ley con voluntad de clarificar el marco legal, aumentar la transparencia y promover las condiciones de igualdad, los derechos de los propietarios y sus relaciones con el urbanizador.

En conjunto, el nuevo texto debería suponer para los socialistas, como señala el diputado Francesc Signes, la sustitución del “depredador modelo de desarrollo” de los años de la locura urbanística, con sus consecuencias de parálisis inmobiliaria y casos de corrupción derivados de la especulación, por un “desarrollo socialmente integrado, territorialmente equilibrado y urbanísticamente sostenible”.

En su exposición de motivos, la propia LOTUP resume así los objetivos. “La ley prioriza las intervenciones en la ciudad existente y construida, apostando por la rehabilitación y la renovación, frente a la expansión urbana sobre suelos no transformados. Se contemplan también soluciones a los asentamientos y tejidos diseminados en el medio rural para mitigar sus impactos en el territorio. Se establece una regulación especial para los municipios pequeños que necesitan mecanismos sencillos a la hora de efectuar cambios de escasa dimensión en sus tejidos urbanos, y establece instrumentos especiales para aquellas iniciativas que, por su carácter singular, por la necesidad de su implantación inmediata y por su elevado impacto en la creación de empleo, requieren una mayor celeridad en su tramitación para no perder oportunidades en el territorio”.

En algo están todos los grupos de acuerdo cuando se refieren a esta nueva ley urbanística. Se trata de una norma que debería servir para varias legislaturas. Eso es lo que justifica que sea una de las pocas normas en las que la negociación puede dar frutos.