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ANÁLISIS

¿El fin del secreto bancario?

Suiza se queda sola en su lucha por evitar la imposición del acceso a la información fiscal

Novedades importantes en la lucha contra el secreto bancario: Luxemburgo y Austria han aceptado que dentro de la UE se imponga a corto plazo, quizás en el año 2015, un sistema de acceso automático a la información fiscal, que permita a las haciendas controlar a sus contribuyentes incluso cuando tengan sus activos en otros países de la UE.

Con este avance, Suiza se ha quedado sola en su lucha por evitar la imposición de este sistema en Europa y asume que tendrá que conceder a las haciendas europeas el mismo trato que ya reconoce a la hacienda americana: suprimir el secreto bancario de los europeos frente a sus fiscos nacionales.

No es una cosa baladí. Suiza acumula billones de euros de origen dudoso y es una pieza clave para que la élite de los ricos pueda eludir sistemáticamente el pago de impuestos.

Ya en septiembre del 2013 Suiza tuvo que firmar una ley por la que suprimía el secreto bancario para todos los súbditos americanos que trabajaran con bancos suizos, y además esos bancos tuvieron que hacer frente a unas elevadas multas por el fraude realizado hasta esa fecha, amparándose en el secreto bancario, a los Estados Unidos de América.

Ahora Suiza tendrá que hacer algo similar con la UE. Además, para cerrar el círculo, la OCDE está aprobando los reglamentos para que la transmisión automática de datos fiscales entre haciendas se aplique a toda la OCDE, incluyendo a Hong Kong y Singapur, que son grandes plazas de dinero negro.

A escala interna también se están tomado medidas. Las haciendas vascas, aunque tardíamente como siempre, han copiado la ley del gobierno que dirige Mariano Rajoy por la que se obliga a todos los contribuyentes vascos a declarar las cuentas y los bienes en el extranjero que tengan un valor superior a los 50.000 euros.

“No se puede seguir así mientras la élite económica elude impuestos”

Por primera vez en materia fiscal se elimina la figura de la prescripción para este tipo de bienes, por lo que si a alguien le descubren en el futuro, y ahora sin secreto bancario será más fácil descubrirlo, una cuenta en un paraíso fiscal del orden de los 300.000 euros, puede incurrir en delito fiscal e ir a la cárcel.

No hay datos, sin embargo, sobre el número de vascos que han declarado esos bienes ni sobre las cantidades así afloradas.

En el caso de la hacienda estatal, fueron 131.411 contribuyentes quienes declararon poseer algo más de 87.700 millones de euros en el extranjero, cifra significativa pero muy inferior a la real, lo que indica que todavía nuestra élite económica tiene dudas sobre la efectividad real de estas medidas que se están preparando. Esperemos que se equivoquen.

En mi opinión no hay mejor forma de obtener nuevos ingresos fiscales que hacer aflorar esas grandes cantidades de dinero que se mueven al margen del fisco.

Y es posible hacerlo, fórmulas, desde luego, existen. Algunos landers alemanes y la propia Hacienda francesa compran información sobre listas con depositantes de dinero negro. Con un solo disquete de información comprado por este sistema Alemania ha recaudado 3.500 millones de euros adicionales. ¿Por qué no se hace algo similar aquí, dando recompensas a quien aporte datos fiscales de este tipo?

Pero hay más ejemplos. En países como Finlandia se puede acceder a partir de la matrícula del automóvil no solo al nombre de su dueño sino a la cantidad declarada al fisco por esa persona. Obviamente, con un sistema de ese tipo, es difícil mantener ante las autoridades de Finlandia que no se gana nada, y sin embargo ser propietario de una gran mansión, de un gran coche o de un gran yate. Lo único que no se puede hacer es seguir con este drama social mientras la élite económica elude impuestos y se beneficia de las subvenciones públicas.