Más de 700 ancianos sufrieron maltrato en el hogar en 2013

Los casos detectados por los Mossos crecen un 10% en dos años Los expertos alertan de que la cifra real es muy superior debido al aislamiento de las víctimas El Departamento de Interior admite la falta de medios para luchar contra el maltrato

Las víctimas lo silencian y los verdugos tampoco suelen dejar huellas a simple vista. Así es como se mueve el maltrato físico y psicológico a ancianos en una sociedad apenas consciente de una lacra que va en aumento en Cataluña. A falta de datos globales que contabilicen las personas víctimas o en riesgo —los estudios cifran que entre el 5% y el 20% de los ancianos pueden estar en riesgo—, el Departamento de Interior ha constatado que 722 ancianos fueron víctimas de malos tratos por parte de su entorno familiar en 2013, un 10% más que dos años antes.

Pero las cifras de Interior solo visilibilizan una parte del problema, ya que hacen referencia exclusivamente a denuncias de violencia doméstica constitutivas de delito. La agresión psicológica que se esconde tras simples desprecios cotidianos, los abusos institucionales como la falta de asistencia en la Ley de Dependencia, la violencia machista o los abusos económicos en forma de presiones para disponer de los bienes de un anciano, también son formas de maltrato a las personas mayores que quedan impunes por su dificultad de detección. “Solo conocemos la punta del iceberg. No sabemos exactamente qué es lo hay”, confiesa Maite Casado, responsable de la Dirección General de Administración y Seguridad (DGAS) de Interior. Solo en el primer trimestre de 2014, los Mossos ya atendieron a 195 ancianos víctimas de violencia doméstica.

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“Normalmente, los agresores son los hijos, la pareja, los cuidadores... Gente de su entorno. Y tienen miedo a perder esa relación y quedarse solos”, explica Dolors Gordi, secretaria de Familia del Departamento de Bienestar Social. La vergüenza a aceptar que un ser querido los está maltratando y el miedo a perder el vínculo afectivo si revelan su situación son los principales motivos que, según los expertos, impiden que las víctimas denuncien los malos tratos. “Las emociones y la dependencia juegan un papel muy importante. Si el agresor es un hijo, denunciarlo es casi un acto de valentía”, apunta Casado. Además, la pérdida de capacidades cognitivas propias de la edad conlleva que algunos ancianos no sean conscientes de que están viviendo una situación de maltrato.

Los profesionales coinciden en destacar que el maltrato psicológico es el más extendido y el más difícil de detectar. El físico, más apreciable a simple vista, no es tan usual. También la negligencia en los cuidados y atenciones diarias y el abandono están considerados como formas de maltrato. “La violencia psicológica, la negligencia y el abandono, como dejar a una persona en casa y que nadie la atienda, están arrasando entre la gente mayor. Y también el maltrato económico, aprovechando el trato de confianza y la facilidad para manipular a esa persona, está creciendo de una manera considerable desde hace un tiempo”, alega Jordi Muñoz, abogado y miembro del Equipo de Investigación del Maltrato del Anciano (EIMA).

El auge del maltrato económico ha alertado también al Departamento de Bienestar. Gordi ha confirmado que la Administración prepara un plan para actuar conjuntamente con los notarios catalanes con el fin de evitar abusos económicos en las donaciones o testamentos.

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“Cuando viene un anciano, hablamos a solas con él para saber si tiene capacidad para poder decidir. Lo examinamos a solas y largo tiempo para detectar cualquier anomalía. Si viene forzado, lo sabremos”, explica José Alberto Marín, vicedecano del Colegio de Notarios de Cataluña.

El Departamento de Bienestar crea un protocolo para detectar las agresiones a mayores

Los expertos coinciden en que, a diferencia de la lucha contra la violencia machista, mucho más desarrollada, el maltrato a ancianos es una problemática muy reciente en la agenda de las instituciones y faltan protocolos y estructuras de actuación para detectar la magnitud del problema y disponer los recursos para enfrentarse a él. “Las instituciones públicas estamos asumiendo la labor preventiva de forma reciente. Siempre se ha actuado como cuerpo policial, pero ahora trabajamos de manera transversal para prevenir. Aquí la cosa está muy verde y tenemos mucho camino que recorrer. No existen casas de acogida para los ancianos maltratados, no hay fiscalía ni órganos jurídicos específicos”, critica Casado. Interior ha distribuido cuestionarios de valoración de sospecha para que cualquier mosso pueda utilizarlos cuando vean indicios o sospecha de maltrato. Los tiempos y resultados del proceso judicial tampoco animan a las víctimas a denunciar. “Por la vía penal, el resultado es un archivo o una pena tan baja que no será ni un escarmiento y el anciano ya tendrá a esa parte de la familia en contra. Los procesos son largos y para la gente mayor el tiempo es más limitado”, concluye Muñoz.

Aunque Bienestar Social ha desarrollado un protocolo de actuación contra el maltrato a ancianos y ha formado a casi un millar de profesionales en detección e intervención de estas situaciones, los expertos abogan por sensibilizar a la población del problema para convertir a los ciudadanos en radares: “Hace falta un trabajo comunitario entre las instituciones, las entidades y la sociedad civil. Hacer un protocolo no es suficiente, hay que dotarlo de circuitos y recursos de detección”, concluye el abogado de EIMA.

Sobre la firma

Jessica Mouzo

Jessica Mouzo es redactora de sanidad en EL PAÍS. Es licenciada en Periodismo por la Universidade de Santiago de Compostela y Máster de Periodismo BCN-NY de la Universitat de Barcelona.

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