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OPINIÓN

La utilidad de lo inútil

Sabían que la vía elegida para pedir la consulta no era la apropiada, pero han ido al Congreso a buscar una negativa

Hace unos meses la editorial Acantilado publicó el breve ensayo de Nuccio Ordine La utilidad de lo inútil, un título intrigante. El libro defiende la utilidad de aquellos saberes cuyo objetivo no es producir ganancias inmediatas o beneficios prácticos, de tipo profesional, sino aquellos otros que nos hacen moral y espiritualmente mejores y más felices, aunque no contribuyan a aumentar nuestras condiciones materiales de vida.

En definitiva es una defensa de la enseñanza y el cultivo de las humanidades, entendiendo por tales la música, la literatura, el arte o la filosofía, cada vez más abandonadas en los planes de estudio de todos los grados educativos, y más despreciadas en los medios de comunicación, debido a un concepto de lo útil como algo solo ligado al estudio de aquello que puede servir para desempeñar una profesión y ganar dinero como objetivo principal. Al hilo del comentario a un texto de Ionesco, Nuccio Ordine sostiene que “el hombre moderno, que ya no tiene tiempo para detenerse en las cosas inútiles, está condenado a convertirse en una máquina sin alma”. Lean el libro, por favor.

Pero no es este libro lo que voy a comentar a continuación sino lo que escuché por radio a lo largo de la mañana de ayer, horas antes de que empezara la sesión parlamentaria en el Congreso. El libro de Ordine solo me ha servido para justificar el título. Escribo este artículo antes de empezar dicha sesión parlamentaria y, por tanto, me es imposible comentar su contenido.

Empecé ayer la jornada antes de las ocho de la mañana y, mientras me estaba aseado en el cuarto de baño, un conocido periodista matinal de una radio privada catalana estaba soltando su perorata diaria: los tres diputados que representarán al Parlamento de Cataluña en la sesión de la tarde van a meterse en la boca del lobo, esta tarde contemplaremos un choque de legitimidades entre Cataluña y Españal, lo único que queremos es lo más democrático, votar. A continuación repetía, machacona y reiteradamente, las palabras urnas, papeletas, votar, consulta, democracia, una y otra vez, hasta el cansancio. Este era todo el comentario y daba por supuesto, desde el primer momento, que la propuesta iba a ser derrotada.

Siempre hablando en nombre de toda Cataluña, de una hipotética nación que no admite fisuras

En esto último, por supuesto, no le faltaba razón. Es evidente que la vía escogida para que le sea delegada o transferida a la Generalitat la competencia estatal de autorizar la convocatoria de un referéndum, no es la apropiada. Ello es perfectamente sabido, y lo saben también, si tienen unos mínimos conocimientos de derecho, los mismos diputados proponentes. Ahora bien, si tan convencidos estaban de la inutilidad del camino emprendido, ¿por qué habían escogido esta vía?

Porque era inútil para el fin que aparentemente perseguían pero muy útil para el que verdaderamente les interesaba: España nos cierra las puertas, no quieren dialogar, nosotros queremos resolver un problema pero no nos dejan. En definitiva: victimismo, victimismo, victimismo. No iban en busca de diálogo: querían una negativa, sabían que estaba garantizada de antemano. En un sentido muy distinto al de Ordine, les interesaba la utilidad de lo inútil, en este caso de lo aparentemente inútil. .

Pero siguió mi mañana. Hacia el mediodía, el conseller Homs, portavoz del Gobierno catalán, estaba dando una rueda de prensa sobre tan inútil/útil tema. Alucinante.

En primer lugar, reiteró hasta el agotamiento algo que como catalán me irrita profundamente: que sus opiniones expresaban la voluntad del pueblo de Cataluña. Esta confusión entre Gobierno y pueblo simpre es sospechosa. Ciertamente, la delegación parlamentaria catalana había sido escogida por una amplia mayoría del Parlament. Sin embargo, en el Congreso, previsiblemente 25 diputados elegidos en Cataluña votarán previsiblemente en contra del acuerdo parlamentario catalán y solo 22 a favor. Consecuencia: hay división de opiniones en el seno de los representantes de Cataluña lo cual indica que el pueblo catalán es plural. Pero no, siempre hablando en nombre de toda Cataluña, de una hipotética nación que no admite fisuras. Además, daba por comúnmente aceptado que votar es siempre lo más democrático, incluso sin ser legal.

Pero ya en el colmo de la chulería, Homs contrapuso una España a la que le gustan los duelos entre hidalgos y una democracia basada en el “ordeno y mando”, a una Cataluña que busca la colaboración con España y las vías pacíficas de diálogo. Llegó a decir que las ideas de España eran propias de la Edad Media y las catalanas del siglo XXI. Dijo todo esto y, en otra pregunta, lo repitió para que no quedaran dudas.

En estos momentos, en lugar de gobernar Cataluña, la Generalitat se limita solo a hacer propaganda y en una única dirección: llevar a cabo la consulta, legal o no, para acceder a la independencia. Consideran que es lo más útil y para ello hay que hacer muchas cosas inútiles. Me dispongo a presenciar una de ellas: la sesión de la tarde en el Congreso de los Diputados.

 Francesc de Carreras es profesor de Derecho Constitucional.