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Las autoridades fueron alertadas del arsénico en el agua de Ourense en 2008

Un estudio del Instituto Geológico descubrió el tóxico en varios municipios

La Confederación Hidrográfica instó a tomar medidas sanitarias y medioambientales

Vecinos encerrados en el Ayuntamiento
Vecinos encerrados en el Ayuntamiento

La plaga de arsénico destapada en manantiales de agua de Punxín fue detectada en 2007. No era el único municipio ourensano afectado. El Instituto Geológico Minero (IGME) descubrió pozos con arsénico en ayuntamientos del entorno del río Miño como Cenlle, Castrelo o Punxín. Aquellos análisis fueron remitidos a los responsables sanitarios, medioambientales y a ayuntamientos, pero la información no fue comunicada a la población, en alguno de los casos con niveles tóxicos.

El actual comisario de aguas de la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil reconoce en un escrito firmado en noviembre de 2013 que "la Consellería de Sanidade detectó la presencia de arsénico en áreas próximas al río Miño" hace siete años. Entonces, se ordenaron más análisis y se enviaron los resultados a las autoridades. De hecho, el 8 de mayo de 2008, el Ayuntamiento de Punxín recibió un oficio enviado por el comisario de aguas de la Confederación Hidrográfica del Norte en el que alertaba de la presencia de arsénico en, al menos, dos pozos. En aquel escrito, el comisario relataba "las actuaciones de seguimiento de la contaminación por arsénico en aguas subterráneas de Cenlle, Castrelo de Miño, Ribadavia y Punxín".

También informaba de que había trasladado "a Medio Ambiente, Sanidade y ayuntamientos afectados la información a los efectos procedentes en relación con sus competencias medioambientales, de prevención de riesgos para la salud y suministro". El estudio incluía análisis de pozos que en Punxín ya arrojaban una concentración de arsénico de 10 miligramos por litro. Informes posteriores pagados por los vecinos destaparon agua de la traída en la que se duplicaba la concentración máxima. En el estudio al que ha accedido este diario también figuran numerosos planos elaborados por los expertos del IGME que determinaron un área geográfica en torno al Miño plagada de manantiales contaminados. Aquel documento fue una "revisión preliminar" que debería haber sido complementado con "trabajos más exhaustivos" que "nunca llegaron a realizarse", según técnicos de la Confederación.

Pero Sanidade tardó cuatro años en reaccionar en Punxín. Nadie prohibió el consumo de agua hasta agosto de 2012. Los análisis pagados por los vecinos destaparon el veneno aquel verano y las autoridades reaccionaron tras ser difundidos los resultados en los medios de comunicación. En Cenlle, el alcalde prohibió el consumo en 2007 en tres pueblos colindantes con Punxín. Para atajar el veneno, la Xunta construyó un sistema de bombeo desde el Miño, la misma solución que reclaman ahora en Punxín y que ya tramita Augas de Galicia.

Fuentes de Sanidade consultadas reconocen que en 2007 se detectaron dos pozos "que tenían niveles muy elevados de arsénico". Y matizan que "se constató un único abastecimiento con problemas, con independencia de problemas puntuales que fueron comunicados a los ayuntamientos". La Confederación explica que, aunque no tiene entre sus competencias controlar la potabilidad de las aguas, no otorga permisos de pozos en esa zona de Ourense si se detecta arsénico con niveles tóxicos.

Mientras, los vecinos de Punxín mantienen el encierro en el Ayuntamiento a la espera de soluciones para el elevado recibo que pagan por agua contaminada. El origen del veneno está asociado a la litología del suelo y no a fuentes derivadas de actividades humanas. La falta de control de las aguas de abastecimiento es un problema generalizado. La ley no obliga a realizar análisis periódicos en los núcleos de menos de 50 habitantes. Y en Galicia hay unos 20.000 así de pequeños.

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