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La semilla de Doñana

La protección del paraje abrió el camino a la conservación de otros espacios andaluces

Unos flamencos sobrevuelan el Parque Nacional de Doñana. Ampliar foto
Unos flamencos sobrevuelan el Parque Nacional de Doñana.

Duda si anunciar el inicio de una colecta para comprar fincas de Doñana, el espacio natural está en peligro. El escenario parece el adecuado: el Congreso Internacional de Ornitología de Helsinki. La fecha, no tanto: junio de 1958.

—Hay que correr el riesgo de hacer el ridículo— anima el conservacionista Luc Hoffmann al biólogo vallisoletano José Antonio Valverde.

—Quizás no se entienda todavía la importancia de las marismas para las migraciones de aves europeas.

—Tono, ya se entenderá. De momento, anúncialo, y recalca en tus palabras que la cuestación ya dispone de 500.000 pesetas gracias a la donación de un suizo anónimo.

La conversación entre el que sería el primer director de la Estación Biológica de Doñana (EBD) y el ornitólogo suizo (extraída de la obra Doñana, todo era nuevo y salvaje, de Jorge Molina) encierra la semilla de la que brotó la protección de este espacio natural, un proceso de transformación que el año pasado cumplió medio siglo y del que Valverde es uno de sus grandes protagonistas. “La aventura fue estudiarla [Doñana], buscar dinero para comprar 10.000 hectáreas, gestionar la compra, proyectar y establecer la reserva con dos laboratorios; y promocionar un Parque Nacional protector de 35.000 hectáreas”, enumera en sus memorias José Antonio Valverde (La aventura de Doñana: cómo crear una reserva). “Después de 50 años, seguimos hablando de Doñana como uno de los puntos clave para la biodiversidad no solo de Andalucía o de España, sino también de Europa y África”, afirma el responsable de la oficina de WWF en Doñana, Juan José Carmona.

Un parque natural sitiado

El exdirector de la Estación Biológica de Doñana (EBD), Fernando Hiraldo, recuerda que cuando llegó en los años setenta al espacio natural “todo eran amenazas”, riesgos que con el paso de las décadas han ido variando, afirma. “Las amenazas vienen ahora de fuera, no por lo que pasa o se haga dentro del parque. Y el problema es que, desde el punto de vista legislativo, no se sabe cómo abordarlas”, explica el experto. Tanto Hiraldo como el actual director de la EBD, Juan José Negro, y el responsable de la oficina de WWF en Doñana, Juan José Carmona, mantienen que el principal problema de Doñana hoy en día es el agua. A este se sumarían actuaciones como el proyecto de ampliación del dragado del Guadalquivir y el de extracción y almacenaje de gas en el entorno del paraje. La Unesco ya ha planteado la posibilidad de que el paraje sea inscrito en la lista del Patrimonio Mundial en Peligro.

Agua. La descontrolada actividad agrícola en la zona y la consiguiente extracción ilegal de agua están afectando al “corazón” de Doñana: su acuífero principal. WWF calcula que junto al parque existen unos 1.000 pozos ilegales. “Si nos falta el agua colapsa el proceso ecológico y colapsa la agricultura. Estamos en una situación de riesgo y más ante el cambio climático: menos precipitación y mayor temperatura, es decir, más necesidad aún de ahorrar agua”, apunta el director de la EBD. Para frenar este descontrol, la Junta prevé aprobar en marzo el plan especial de ordenación de la zona norte de la corona forestal de Doñana. La norma contempla regularizar en un plazo de cinco años el uso del agua y el cierre de los pozos ilegales, entre otros puntos. “El plan llega con mucho retraso [comenzó a tramitarse en 2007] y no viene a solucionar el problema”, mantiene Carmona, quien lo explica con una metáfora: “Si en tu cuenta bancaria ingresas todos los meses 1.000 euros pero gastas 1.300, a la larga te quedas en la ruina”. “La solución tampoco está en traer agua de otro sitio [se prevé un trasvase de 3,99 hectómetros cubicos]. ¿Y cuándo se acabe allí? No va a llover más, el recurso es el que hay”, agrega. En cuanto al uso del suelo, el plan autoriza más de 9.000 hectáreas para regadío, casi 6.000 para el cultivo bajo plástico. Carmona critica que se permita que 2.000 hectáreas de montes públicos que han sido transformadas en regadió se salven. “Con una amnistía la gente no termina de aprender”, agrega.

Gas. La Junta paralizó en abril el proyecto de extracción y almacenamiento que Gas Natural tenía previsto acometer en el subsuelo de Doñana, donde se extrae gas desde hace 30 años. La propuesta, que tenía la aprobación del Ministerio de Medio Ambiente y que pretende consolidar esta actividad, está siendo estudiada por la Comisión Europea, que la semana pasada informó a la Junta de que necesita más información para determinar el impacto ambiental que tendría. “Ya no estaríamos hablando de un proyecto temporal, sino permanente”, apunta Carmona.

Dragado. “El proyecto supondría un problema ambiental grave para el estuario”. Según el responsable de WWF, este es el principal riesgo que acarrearía el proyecto que el puerto de Sevilla quiere realizar para que puedan llegar hasta la capital grandes buques. En junio, la Unesco ya instó al Gobierno a que no permitiera su realización.

Desde su primera visita al espacio natural en 1952, el biólogo vallisoletano quedó “enamorado” de Doñana, pero también preocupado. Su protección no podía demorarse más. “El primer objetivo de Valverde era parar la desecación de las marismas debido a la proliferación de los campos de arrozales”, apunta el actual director de la EBD, Juan José Negro. “Aún hoy no somos conscientes de la transformación que sufrieron las marismas. Solo se conserva un 30% de la original”, agrega Carmona. “A la amenaza agrícola hay que sumar la de las plantaciones masivas de eucaliptos. Parecía que los forestales se iban a apoderar de Doñana”, apunta el director. “Sin olvidar, eso sí, el auge del turismo y de la construcción de las grandes urbanizaciones en Matalascañas”, añade el responsable de WWF.

Era el momento de actuar y el biólogo lo sabía. Debía decidir qué parcelas proteger y, lo más complicado, con qué dinero comprarlas. “Valverde recorre la comarca cartografiando a mano alzada lugares que no tenían nombre, evaluando su potencial ecológico y haciendo números sobre su valor económico. Va informándose de quienes son los propietarios de las fincas y del coste medio que puede tener la hectárea en cada una”, recuerda Jorge Molina. En esta aventura, Valverde se va rodeando de científicos y conservacionistas como Luc Hoffmann, Max Nicholson o Francisco Bernis. Recibe el apoyo de importantes organizaciones internacionales como la Unión Internacional de Biólogos y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza; y de personajes tan ilustres como el príncipe Bernardo de Holanda. “En esa época el movimiento ecologista estaba empezando. Comenzó siendo elitista, parecía que daba prestigio preocuparse por el medio ambiente. Ya entre los años setenta y ochenta, el movimiento se haría más del pueblo, más de izquierda”, recuerda Juan José Negro.

El dinero comienza a llegar, pero no es suficiente. En 1961, Max Nicholson propone a Valverde crear una organización para recaudar donativos para el proyecto. Surge el segundo gran protagonista de la protección de Doñana, la organización World Wildlife Fund (WWF), presidida por el príncipe Bernardo de Holanda. Desde su nacimiento, la entidad ofrecerá conferencias para alertar de que el descansadero de las aves migratorias del continente necesita ayuda. El mensaje comienza a calar. “Es increíble como el dinero comienza a llegar de toda Europa”, apunta Juan José Carmona.

Tras romperse el acuerdo de venta con el propietario de la finca Las Nuevas —el primer objetivo de Valverde y que, finalmente, fue adquirida por el italiano Leo Biaggi al ofrecer 14 millones de pesetas—, en diciembre de 1963, WWF y el Estado compran una parcela de casi 6.700 hectáreas, terreno que se cedería al CSIC y en el que se ubicaría, un año después, la Estación Biológica de Doñana. “El próximo objetivo de Valverde era conseguir la declaración de Parque Nacional”, apunta el exdirector de la EBD, Fernando Hiraldo. Desde ese momento, el espacio protegido va sumando terreno y acumulando fechas que cercan su esencia, desde la compra de más de 3.300 hectáreas adquiridas por Adena (la sección española de WWF) hasta el compromiso de Biaggi del mantenimiento silvestre de Las Nuevas.

Tras presiones internas e internacionales, en 1969, el régimen franquista declara el espacio como Parque Nacional. “En esta decisión tuvo mucho que ver las necesidades de apertura internacional del régimen”, afirma Hiraldo. “Franco necesitaba vender al exterior algo bueno”, agrega Negro. “Era el primer parque que no era de montaña, el primero que no era un lugar idílico de postal, todo lo contrario. En la protección de Doñana todo fue muy raro para su época. Primero se apostó por la investigación al crear la estación y luego por la conservación con la declaración del parque”, apunta el director.

A la sucesiva ampliación de la superficie protegida se sumarían su catalogación por la Unesco como Reserva de la Biosfera (1980), su entrada en la lista del Convenio Ramsar y su declaración como Patrimonio de la Humanidad, que este año cumple su vigésimo aniversario. “Recuerdo una conversación con Valverde. Yo aún estudiaba Biología. Le pregunté si estaba contento con lo que había conseguido. Él me contestó: ‘No he conseguido nada, lo difícil viene ahora, lo difícil viene ahora”, afirma Hiraldo.