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Cuando Madrid empezó a ser moderno

Una exposición recorre aquella ciudad del primer tercio del siglo XX

Pruebas del submarino de Adrián Álvarez en la Casa de Campo en 1932. Ampliar foto
Pruebas del submarino de Adrián Álvarez en la Casa de Campo en 1932.

Si uno mira una panorámica de Cibeles tomada hace 80 años desde el Palacio de las Telecomunicaciones (el actual Ayuntamiento) comprueba que, sorprendentemente, todo sigue más o menos igual. Ahí se ve el Banco de España, la bifurcación de Alcalá y Gran Vía, el célebre edificio Metrópolis, la torre del Círculo de Bellas Artes y, en el medio de la plaza, la vieja diosa de la tierra fértil en su carro tirado por leones… Todo igual excepto por los tranvías y los oscuros coches y viandantes de la época. Luego mira uno fotos de extrarradio y comprueba que no se parece en nada al actual: era un lugar polvoriento y sin asfaltar, casi una zona rural de ambiente populachero, con lavanderas en el río y gente haciendo cola en las fuentes. Pero el “viejo Madrid” iba desapareciendo y en su corazón iba naciendo uno nuevo.

En el primer tercio del siglo XX, Madrid empezaba a convertirse en lo que es hoy. Sus contrastes y transformaciones se pueden ver en la exposición fotográfica Madrid 1910-1935: Fragmentos visuales, secuencias y contrastes de una ciudad en transformación, en el centro cultural Conde Duque hasta el 20 de abril. “Durante esos años Madrid es una ciudad en plena transformación que entraba en la modernidad, un proceso que ya habían iniciado otras ciudades europeas como París o Berlín”, explica Juan Ramón Sanz, de la Biblioteca Digital memoriademadrid, comisario, junto a Inmaculada Zaragoza, de la Hemeroteca Municipal, e Isabel Tuda, del Museo de Historia de Madrid. “Se mejoran los servicios, se asfaltan las calles y aumenta la preocupación por la higiene. Los cementerios y los mataderos son trasladados a las afueras. Se construyen grandes y modernas avenidas (la Gran Vía se inicia en 1910) y la ciudad crece hacia el norte alrededor de la Castellana”.

La fuente de San Isidro, en la ermita del mismo nombre, en 1929. ampliar foto
La fuente de San Isidro, en la ermita del mismo nombre, en 1929.

En efecto, durante aquellos años se pasó de los sucios y vocingleros mercados del siglo XIX a los modernos mercados de Mostenses o de La Cebada, construidos en hierro y metal, al estilo parisino del mercado de Les Halles. Los mataderos de El Rastro (se llama así por el rastro de sangre y pezuñas que dejaban los animales en las inmediaciones) y de Puerta de Toledo fueron alejados a la periferia, al matadero de Arganzuela, que funcionó hasta 1996 y cuyas instalaciones ocupa hoy el muy activo centro cultural. Se ve en estas fotos una Plaza Mayor ajardinada muy diferente a la aridez actual, una Puerta del Sol llena de anuncios (Pedro Domecq, caldo Maggi, atún Albo) de los que solo queda el de Tío Pepe, que se instaló en los años 50 y que está a la espera de regresar tras las obras del hotel París (aunque a otra ubicación). Se ve también la remodelación de la Plaza de Canalejas, parte de un pujante distrito financiero que ubicaba a importantes entidades como el Banco Hispano Americano o el Crédit Lyonnais. Ahora, la misma zona afronta el polémico proyecto Canalejas que demolerá por dentro los edificios históricos creando grandes espacios. Incluso se ven las curiosas pruebas a las que se sometió un submarino inventado por Adrián Álvarez en el lago de la Casa de Campo.

La Puerta del Sol.
La Puerta del Sol.

El Ayuntamiento, promotor de estos cambios, saca pecho y organiza desfiles por la Castellana —“la mejor calle de Europa”—, por la pasan bomberos, funcionarios, alumnos de escuelas municipales o matarifes (hoy en día solo desfilan ya el Ejército, los Reyes Magos y miles de manifestantes) y trata de documentar el proceso mediante el Servicio Fotográfico Municipal, a cargo de José Corral, del que proceden estas imágenes. “Algunas de estas fotos estaban en manos del Museo de Historia, otras aparecieron sin revelar en la Hemeroteca Municipal”, cuenta Sanz. “Este Servicio Fotográfico hacía algo así como la imagen corporativa del Ayuntamiento, documentando todas las mejoras. Si encuentras una foto del suelo no es un error: es que fotografiaban el nuevo pavimento”.

Ahí está el Madrid de principios del XX, con sus obras eternas, sus problemas de tráfico, su alegre bullicio y sus aguerridos ciudadanos. Sus grandezas y sus miserias. A veces parece que, en un ejercicio de gatopardismo, todo ha cambiado para que todo siga igual.

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