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La revolución musical de una máquina

Una de las aplicaciones del ordenador compositor, creado por el grupo de Biomimética de la UMA, sirve para calmar dolores

Francisco Vico, a la izquierda, junto a parte de su equipo y el ordenador que compone música clásica. Ampliar foto
Francisco Vico, a la izquierda, junto a parte de su equipo y el ordenador que compone música clásica.

Es un ordenador capaz de componer como el oído de un humano melodías electrónicas, étnicas, chill out, ritmos relajantes y músicas adaptadas a cada persona para calmar dolores. La cuasimágica computadora que puede generar partituras al gusto del consumidor se llama Melomics 109 y ha sido creada por un equipo de investigadores de Biomimética (una ingeniería que copia la naturaleza) de la Universidad de Málaga. Este equipo con 1.300 procesadores consigue realizar hasta 5.200 composiciones en una hora y actualmente se centra en acordes con salida comercial. En la sala de máquinas se trabaja ahora mismo en el repertorio de muestras musicales que ha pedido una discográfica norteamericana para su comercialización. Están rompiendo fronteras.

La nueva computadora Melomics 109 ha sustituido al ordenador Iamus, también creado por el equipo y conocido hace poco más de un año por haber creado 10 piezas de música clásica contemporánea que fueron editadas, y una de ellas interpretada por la Orquesta Sinfónica de Londres. El catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial Francisco Vico dirige el equipo de trabajo y afirma que la máquina tiene capacidad para hacer creaciones de todos los géneros. “El proyecto se dirigió en su origen hacia la música clásica para convencer a los expertos, aunque la etapa se da por cerrada y el trabajo se ha reorientado para llegar al gran público. No había un sentimiento antimáquina, sino antimodernismo”, alega Vico. Los avances también han sido notables en aplicaciones para móviles inteligentes en el campo de la salud, otra de sus vías de trabajo.

La banda sonora que se escucha ahora en Melomics, que es como se llama la empresa que han conformado para distribuir la tecnología del grupo de investigación, está compuesta de ritmos electrónicos. “Podría estar sonando en cualquier discoteca o sitio de copas, pero sin derechos de autor”, argumenta el catedrático. Los acordes que suenan no se podrían distinguir de los que pincha un dj cualquiera. El ordenador hace sus piezas mediante un algoritmo. No ve ejemplos de música humana, pero sabe cómo hacerla, y sus conocimientos llegan a matices como que un músico no puede interpretar 10 notas a la vez. Su aportación a este mundo puede ser decisiva para acelerar el proceso creativo y acercar la composición a personas sin conocimientos musicales.

“La entrada de los ordenadores va a suponer una revolución en el mundo de la música”, afirma convencido Vico. “Como la producción es masiva se podrán crear millones de obras al día y sin derechos de autor”, asegura.

La iniciativa nació en 2010 con una apuesta económica muy potente, subvenciones que han ido menguando por la crisis y los recortes. El planteamiento preliminar fue enseñar al ordenador a componer de manera completamente autónoma y orientar los resultados al sector de la salud. El equipo está integrado actualmente por 15 personas, fundamentalmente programadores informáticos y músicos, con los que colaboran psicólogos.

El proyecto de musicoterapia se ha materializado en distintas aplicaciones. La más reciente es un ensayo confeccionado junto a la Sociedad Americana de Dolor Crónico para pacientes con patologías como migrañas o lumbalgia. También de enfermedades más severas. No se trata de un estudio convencional porque no se controla a un grupo reducido de personas. La investigación se materializa con miles de enfermos desde sus propias casas. Simplemente tienen que descargarse la aplicación (ahora mismo está disponible en Android) e introducir una serie de claves sobre el tipo de dolor que padecen. En función de eso recibirán una música concreta que se modula, haciéndose más atractiva o relajante según las necesidades puntuales. La terapia, según Vico, ha despertado el interés de grupos de inversión norteamericanos muy potentes.

Las aplicaciones musicales también se han utilizado en el Hospital Materno-Infantil de Málaga con niños que se someten a las pruebas de alergia. El objetivo es distraerlos para reducir la percepción del dolor. En otros centros hospitalarios andaluces se prueba con enfermos de riñón que reciben diálisis y con bebés prematuros.

Rumbo a Silicon Valley

Francisco Vico, coordinador del Melomics, ya ha presentado en Silicon Valley al único ordenador del mundo capaz de componer música. Busca financiación para su tecnología y en pocos meses volverá a California para intentar seducir a las empresas más innovadoras del mundo. Los recortes han mermado las ayudas públicas destinadas al proyecto y eso frena el trabajo para perfeccionar la máquina. Pero Vico es optimista con los contactos que pueda hacer en Estados Unidos. Aplicaciones como la desarrollada junto a la Sociedad Americana de Dolor Crónico despiertan “mucho interés” allí, dice.

El método es efectivo para relajación y para combatir el insomnio. “Mis hijas son adictas a esta música”, afirma Vico para ilustrar sobre la efectividad de la aplicación en los niños. El dispositivo, además, es capaz de detectar el estado de una persona antes de dormir. Por ejemplo, si hay o no movimiento durante un tiempo, lo que condiciona la intensidad y características de la música. “Si estás más de 15 minutos sin moverte, desaparece”, explica el catedrático.

Las pretensiones son cambiar el mundo de la música y por eso se habla de “revolución”. “Es tan sencillo como que te vas a Google Play y descargas una aplicación con música que te ayuda a dormir”, argumenta. Melomics 109 se atreve ahora con casi todo. Ha evolucionado y perfeccionado su técnica instrumental, y en pocos años será aún mejor. El grupo quiere llegar al billón de partituras. Se apilan en un fichero desde el que no solo se puede hacer una descarga, sino copiar y transferir el tema. Es decir, disponer de toda la propiedad de la canción. Ese acceso libre y gratuito a la información, nota a nota, es el objetivo fundamental de los investigadores. El negocio con la discográfica norteamericana no es la línea de trabajo pretendida, pero sirve como herramienta de financiación del proyecto y “valida” el trabajo en este campo que se realiza desde la Universidad de Málaga. Los ritmos house, tecno, rock o country ya no son un misterio para el ordenador y en breve se editará un CD gratuito con temas de estilos comerciales. Igual que Iamus hizo con la música clásica contemporánea.

 

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