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Decir ‘aloha’ y olvidar el asfalto

Los locales de estética hawaiana han dejado de ser una reliquia de los ochenta En Madrid resisten los clásicos y nuevos nombres se unen a la fiebre por los cócteles exóticos

Una de las salas del Mauna Loa.
Una de las salas del Mauna Loa.CARLOS ROSILLO

12.721 kilómetros. Esa es la distancia que separa el Hawai tropical y bañado de playas paradisiacas del Madrid seco y sin mar. Los cocoteros y los cócteles exóticos de la Polinesia parecen inalcanzables desde la ciudad. Sin embargo, con algo de voluntad, puede que solo estén a unas paradas de metro o, con suerte, a unos pocos pasos de casa.

No hay necesidad de cruzar el Pacífico para sentirse en el edén. Basta encontrar el tiki bar más cercano para poder disfrutar de las maravillas del trópico. Mai Tai, Montaña de Fuego, Molokai Mule, Trader Vic’s, Diablo Apasionado… No se trata de palabras sacadas de un ritual de magia negra, sino de nombres de alguno de los combinados más famosos de la coctelería Tiki, un estilo de mixología muy peculiar en torno a la cultura hawaiana que, tras más de 30 años en la sombra, vuelve a resurgir con fuerza en Madrid.

El Fabuloso Coconut Bar y parte de su clientela tomando cócteles 'tiki'.
El Fabuloso Coconut Bar y parte de su clientela tomando cócteles 'tiki'.CARLOS ROSILLO

Tiki, hawaianos, polinesios. Toda calificación es válida para los diferentes locales tropicales que perduran o que acaban de abrir sus puertas a los amantes de esta cultura. Cada club tiene su estilo: clásico o noventero, puro o fusionado con la cultura pop. No obstante, todos tienen una cosa en común: la fascinación por ese archipiélago situado en medio del cinturón de fuego. Pero que no os engañe la decoración. Este concepto lo inventó el americano Ernest Beaumont Gantt, quien, tras muchos viajes por la Polinesia, quiso llevar la atmósfera tropical a Los Ángeles y lo hizo a través de los bares.

Algunas direcciones

Llegaron a España en los años setenta, durante la época del destape, pero fueron perdiendo interés con el cambio de los tiempos y terminaron cayendo en el olvido. Hasta ahora. Los bares tropicales vuelven a estar de moda en la capital. Prueba de ello es el recién inaugurado Kona-Lei, un local cuya propuesta es volver a los orígenes y al concepto clásico. Eduardo Cobo, uno de los fundadores, asegura que han buscado la decoración exótica apropiada, la ambientación musical perfecta y, ante todo, unos cócteles de calidad.

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“Recuperamos clásicos como Mai Tai, Zombie o Blue Hawaii y aportamos nuestras propias mezclas como el Kona Grog o el Coco Lei”, explica este apasionado de la cultura Tiki. Combinados afrutados que bien podrían llevar piña, mango o papaya, entremezclado con ron y algún que otro ingrediente secreto, una tradición que se cumplía a rajatabla durante los inicios de esta tendencia y que ellos han querido recuperar.

Cobo relata que la moda tiki surgió de la fascinación americana por lo exótico, con la promesa del paraíso, de libertad sexual, el misterio y el escapismo que ofrecía la Polinesia. “En 1934, Ernest Beaumont Gantt, más conocido como Don Beach abrió su primer bar en California, que luego se convertiría en una gran cadena: Don the Beachcomber”, cuenta. “Luego vinieron muchos más que llevaron el Tiki a sus años dorados en los sesenta”, prosigue este experto en la materia.

Ambiente del Fabuloso Coconut Bar.
Ambiente del Fabuloso Coconut Bar.CARLOS ROSILLO

David Picher, propietario de Lunch Box and Tiki Room, no podría estar más de acuerdo con lo que dice Cobo. A él le tira más el tiki fusión de los años noventa que el clásico, pero cree que el Kona-Lei lo ha hecho tan bien que debería ser un punto de referencia para los amantes de esta cultura. No se olvida de su local, a uno pasos de la plaza de la luna. A simple vista parece más un dinner americano al estilo Grease que un paraíso hawaiano.

“Queríamos montarnos un chiringuito de playa mezclando el Rock&Roll con el rollo tropical”, se explica echando un ojo alrededor de su negocio. Su Tiki Room se encuentra nada más entrar, pintado de verde y decorado con múltiples fotografías de mujeres hawaianas, con las clásicas tazas de esculturas tipo tótem y con una figurita de Elvis y de Betty Boop sobre la estantería. Todo recargado. Todo muy kitsch.

“Somos un Tiki bar de corte garage-surf-rock. Es una fusión de ese mundo y el otro, el más exótico”, dice mientras abre la carta de los cócteles. “Molokai Mule, la máscara que lleves se reflejará en el espejo en el que te mires”, reza el primer combinado de su carta, que está compuesto de zumo de naranja, de lima, licor de almendra, brandy y ron. Y así, cada uno de sus cócteles tiene su propia leyenda hawaiana, que podría sugestionar al más escéptico.

Estampa del Lunch Box and Tiki Room.
Estampa del Lunch Box and Tiki Room.CARLOS ROSILLO

En el Tiki bar de Silvia Superstar no se encuentran estos combinados de película sino daikiris, cervezas, chupitos, como en un bar de siempre, pero con un toque polinesio. El nombre, el Fabuloso Coconut Bar, es lo que realmente evoca un edén hecho de palmeras y aguas cristalinas. “No es un bar hawaiano al uso, sino una mezcla de todo lo que me gusta: muebles de mimbre retrovintage al estilo Emmanuele, música rockabilly… Es un rinconcito con estética tropical ambientado en los cincuenta en medio del asfalto”, aclara.

Locales nuevos que se mueven entre el rock, el surf y el estilo más clásico. Son los que le han dado un nuevo empuje a este tipo de establecimientos. No obstante, todavía sobrevive alguno de la época dorada del trópico en España.

Muñecas en el Kona Lei.
Muñecas en el Kona Lei.C. R.

En una de las esquinas de la plaza de Santa Ana está ubicado el Mauna Loa, un veterano local hawaiano que logró sobrevivir a la decadencia de los años ochenta y que no ha cambiado un ápice en más de 40 años. Desde fuera parece un local apolillado y cerrado al público, pero quien se atreva a cruzar sus puertas encontrará un bar de los que ya no quedan. Los pájaros vuelan a su antojo sobre las cabezas de los clientes, que con un collar y una flor, toman un combinado cuyos ingredientes son un misterio. También el Bora Bora resiste. Llevan más de 20 años en la brecha y no tienen intención de cerrar.

Con los nuevos y los viejos, el Tiki se ha vuelto a abrir paso en Madrid. La razón quizás sea que ofrece una forma de evadirse divertida y muy necesaria en periodos complicados como el que se está viviendo en la actualidad. Así que lo mejor es desempolvar la camisa de flores, ponerse un collar y brindar al más puro estilo hawaiano: Okole Manula!

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