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ANÁLISIS

El problema del PP en Cataluña

Los catalanes perciben al PP como un partido más conservador que el resto de españoles

El PP alcanzaba en las elecciones generales y autonómicas de 2011 su cenit electoral. A lo largo de ese año, los populares lograban una holgada mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados y controlar 11 de los 17 gobiernos autonómicos de España. Nunca antes habían obtenido un apoyo electoral tan amplio. Pero mientras el partido extendía su dominio por casi todas las comunidades, en Cataluña apenas conseguía en 2012 el 13% de los votos. Aun tratándose de uno de sus mejores resultados en unos comicios autonómicos, el PP debía conformarse con ser la cuarta fuerza política del Parlament.

El menor éxito del PP en Cataluña se debe a que el espacio ideológico donde se encuentran la mayoría de sus votantes —la derecha españolista— representa una porción reducida del electorado catalán. Su limitada cuota de mercado electoral no sólo se debe al minoritario antinacionalismo catalán, sino también al reducido número de ciudadanos que se declaran de derechas. En efecto, Cataluña es una de las Comunidades Autónomas que cuenta con un electorado más progresista. Según el CIS, solo entre el 20 y 25% de los catalanes se ubican a la derecha, un porcentaje que representa casi la mitad del que tienen Murcia, La Rioja o Castilla y León.

Cataluña no es sólo es particularmente progresista sino que también es donde se percibe al PP como un partido más conservador. Esto se debe, en parte, a que el PP no goza en Cataluña de una habilidad que tiene en el resto de España: la capacidad camaleónica de cambiar de color ideológico dependiendo de a quién quiere llegar. El PP puede presentarse como un partido de centro-derecha a ojos del electorado más moderado y, en cambio, transformarse en un partido marcadamente de derecha a ojos de los votantes más conservadores. Tal habilidad de cambiar de ideología a gusto del consumidor permite que una amplia porción de los españoles (los que van desde el centro hasta la extrema derecha) perciba el ideario del PP como razonablemente cercano a sus preferencias.

Los catalanes perciben al PP como un partido más conservador que el resto de españoles

Contrariamente a lo que ocurre en resto de España, en Cataluña el PP se presenta como un partido claramente escorado a la derecha tanto a ojos de los votantes más moderados como a ojos de los más conservadores. Todos ellos sitúan al PP en torno al 8,5 en la tradicional escala ideológica del 1 (extrema izquierda) al 10 (extrema derecha). Ni siquiera los intentos de Josep Piqué por suavizar el ideario del partido calaron entre el electorado. Incluso entonces, los ciudadanos seguían percibiendo el partido con un marcado perfil conservador.

¿El resultado? El PP goza de una preocupante mala imagen en Cataluña. Sus líderes han sido sistemáticamente los peor valorados del panorama catalán. A lo largo de estas tres décadas de elecciones catalanas, sus candidatos han cosechado estrepitosos suspensos con una nota media de 2,9 sobre 10 (datos del CIS). Se trata de unas valoraciones muy inferiores a las del resto de partidos: un 5,9 de media entre los líderes de CiU (donde destacan las de Jordi Pujol) o notas medias muy cercanas al 5 en el resto de principales partidos. El particular rechazo al PP en Cataluña también queda bien reflejado en su bajo atractivo electoral: si bien un 36% de los españoles declara que nunca votarían al PP, en Cataluña este porcentaje asciende hasta el 57%.

El PP se repliega en las comarcas del Camp de Tarragona y del Área Metropolitana, donde el nacionalismo catalán es menos fuerte

El PP cosecha sus peores resultados en las comarcas de Girona y, sobre todo, en las del interior de Barcelona. Relegado a una posición minoritaria en estos territorios, el PP se repliega en las comarcas del Camp de Tarragona y, muy particularmente, del Área Metropolitana de Barcelona. Es en estas zonas donde el nacionalismo catalán es menos fuerte y donde hay una mayor tendencia a votar a partidos de implantación estatal como PP y PSOE. Gracias a ello, el PP consigue ampliar sus apoyos, especialmente en las elecciones generales, cuando gana terreno a la abstención y atrae algunos votantes de CiU e incluso del PSC en sus momentos más bajos. Este fue el caso, por ejemplo, de las elecciones de 2011. Entonces, los trasvases desde las filas socialistas representaron alrededor del 15-20% de los votos del PP.

En definitiva, hay tres importantes factores que dificultan al PP catalán obtener unos resultados homologables a los del resto de España: la existencia de la cuestión nacionalista, el menor conservadurismo del electorado catalán y la percepción de un PP más escorado a la derecha. A pesar de ello, los populares podrían mejorar sus resultados en las elecciones autonómicas si lograran penetrar entre el electorado más moderado y reducir la abstención. En este sentido, las elecciones catalanas de 2012 se presentaban como una oportunidad única. La excepcional movilización generada por la efervescencia de la cuestión nacional ofrecía al PP las condiciones óptimas para aglutinar al electorado menos nacionalista catalán. Quién sabe, sin el fenómeno de Ciutadans, este podía haber sido su momento.

Lluís Orriols es doctor por la Universidad de Oxford y profesor de ciencia política en la Universidad de Girona.

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